Un nuevo libro de Sara Rosemberg se está publicando: La voz de las Luciérnagas. La huella roja. El editorial Akal que lo publica en España en los próximos meses lo distribuirá en nuestro país.

Sara (Tucumán, 1954) estudió artes y filosofía, y se especializó en literatura dramática y dramaturgia. Exiliada por motivos políticos, ha vivido en diversos países antes de establecerse en Madrid, donde da clases de literatura y dramaturgia. Autora de algunos documentales, ha publicado numerosos libros, entre los que cabe señalar las novelas Un hilo rojo (1998), Cuaderno de Invierno (2000), La edad del barro (2003), Contraluz (2008), además de cuento juvenil (La isla Celeste, 2010) y obras de teatro (Esto no es una caja de Pandora, 2013). En 2004, en Nápoles, recibió el premio de dramaturgia «La escritura de la diferencia» por la obra El tripalio.

En un reportaje del Periódico Krasnaia Becna Sara explicaba la razones del libro

¿Cómo surge este libro?

En cierta forma el libro es el resultado de muchos cruzamientos: mi interés por la literatura, el teatro y el cine rusos, la historia de la revolución rusa, mis abuelos rusos emigrados a Argentina,  mis amigos rusos, el estudio de la lengua …. No sabría separar cada aspecto.

Es muy poco lo que se sabe de la Rusia actual y que el libro es un resultado de la curiosidad, de la necesidad de comprender y entender que sucedió después de la llamada “implosión” o destrucción de la URSS.  Hay un viejo dicho popular que me gusta para explicarlo “donde fuego hubo chispas quedan”.  Y Chispa – Iskra- se llamaba el periódico leninista.   

Los medios occidentales y toda la propaganda actual están dedicadas a demonizar “lo ruso”, a presentar descaradamente al pueblo ruso como un peligro o un fracaso y quería indagar y conocer lo que está sucediendo para responder con sentido –o con una mirada un poco más fundamentada- la  publicidad malintencionada y constante sobre la vida en Rusia. 

No se si recuerdas esa hermosa película de Tarkovsky, “Stalker”.  Supongamos que sin más instrumento que mi capacidad de escuchar y escribir, sin lanzar piedras envueltas en vendas, decidí viajar e interrogar para poder saber y para que puedan surgir nuevas preguntas.  

Concibo la escritura misma como un diálogo, un intercambio de conocimiento.  Y ese es también el sentido del viaje.

Sinopsis                                                                                

Vivimos en un mundo que, bajo una capa de aparentes certezas, busca  unanimidad en el pensamiento y en el que las voces discrepantes tienden a ser enviadas a los márgenes. Sin embargo, es muy sano escucharlas, prestarles atención, porque nos permiten descubrir lo que habitualmente nadie cuenta y, de este modo, sacar nuestra propias conclusiones. Si  no, ¿cómo íbamos a saber que en Rusia son muchos, y no precisamente viejos nostálgicos, los que reivindican la etapa soviética? ¿O que la Perestroika supuso una traición que entregó el país a la lógica neoliberal, que convirtió a Rusia en un Estado dominado por corruptos y «delincuentes»? ¿O que detrás de la tan querida Revolución naranja se esconde un proceso de ucranización forzosa? ¿O que los hechos de Maidán no fueron protagonizados por sufridos demócratas sino por violentos fascistas (en el más estricto sentido de la palabra), que se han ocupado de perseguir y hostigar a la demonizada población prorrusa?

Esta otra realidad es la que nos permite descubrir este libro, de carácter documental, que narra el viaje de la autora a Rusia, donde vivió en una comuna creada por el movimiento Esencia de Tiempo (Sut Vremeni), inspirado por Sergei Kurginyan, y asistió a su Escuela de Verano en la que participaron seiscientas personas venidas de todas las regiones de Rusia, Alemania, Canadá, Francia o Australia.

Pero en absoluto estamos ante la simple visión de unos utópicos. En sus testimonios no sólo se ponen de manifiesto opciones vitales que se oponen al rampante modelo neoliberal que nos tratan de imponer como paradigma único a escala global, asino que, además, se obtiene una sorprendente –por desconocida– radiografía de la Rusia post-Perestroika, en la que aflora un sentimiento de pérdida con respecto al mundo soviético que nada tiene que ver con la nostalgia. Gracias a ellos podemos tener acceso a una realidad ocultada sistemáticamente por los medios occidentales: las injerencias exteriores para desmantelar el Estado soviético y dar paso un Estado criminal que sólo con Putin (quien, curiosamente, no recela de la URSS) empieza a superarse; la forzada creación de la identidad nacional ucraniana; la reivindicación de la etapa soviética (reconociendo errores, como no) por rusos de todas las edades y clases sociales, que han visto cómo se les han robado aquellos logros sociales para dar paso a la nada.

No es mucho lo que sabemos de la Rusia actual, por lo que este libro ayudará al lector a comprender el pensamiento y la voz singular de la nueva generación de izquierda nacida después de la implosión de la URSS.

En el reportaje citado Sara concluye: “También es importante decir que tuve que hacer algunas preguntas claves que me permitieron mantener un hilo conductor para que las diversas miradas y voces se articularan. Una de las preguntas –solo a modo de prólogo o detonante de la conversación- que repetí y que abrió un gran abanico de respuestas fue ¿qué pasó en los 90?, sin olvidar que en todo el mundo fueron los años de la instauración del más bestial neoliberalismo y que sería posible reconocernos en la narración sobre esta década en Moscú, Siberia, Madrid o Buenos Aires.”