Colaboración Oliverio Jitrik

El multicitado Luis Brandoni desempeña un papel acaso meramente simbólico en el voluntarioso aparato de propaganda macrista pero que, dado lo chato y limado de las expresiones de esta doctrina, resulta casi fulgurante. A él, servicial e inspirado, no parece importarle ser la comidilla de sus colegas de profesión ni tampoco no ser considerado demasiado notable en la camarilla de sus amores, y que el día de hoy tuvo al ya famoso Domador de Reposeras, su cabeza, descansando en los terrenos de Chapadmalal.

Pero otros Brandonis hay en diferentes expresiones del arte, de la UCR para qué decirlo, e inclusive del fútbol, cuyo máximo representante es el famoso Carlitos Tévez. Vienen, entonces, a ser los equivalentes especializados y funcionales de Brandoni y Casero -vaya parejita- en diversos rubros de la sociedad argentina. Pero tampoco olvidemos a la ciencia.

Si algún día se quisiera avanzar cabalmente en la comprensión de las patologías sociomentales de los argentinos, es necesario empezar a hurgar en la conducta de dos raros personajes que por allí deambulan en los pasillos de lo que apenas queda de la ciencia argentina. Efectivamente, se trata de Sandra Pitta y Marina Simian, y para los que no se han podido enterar, son las únicas científicas que apoyan a Macri o al macrismo con lo todo lo patético que resume dicho sentido de pertenencia. Son las Brandoni (y Casero, por supuesto) de la ciencia y, a causa de su alto nivel académico y su supuesta y posiblemente elevada cota intelectual, resultan casos mucho más jugosos e interesantes para el estudio de un “macrista” arquetípico aunque todavía difuso en la definición de sus fronteras taxonómicas. 

La Doctora Pitta, en particular, se hizo conocer poco antes de las PASO por su preocupación inicial de que lleguen de nuevo «los K» al poder; Alberto Fernández intentó  tranquilizarla en el Aula Magna de Exactas. Pero no se calmó. Y ahora expresó públicamente en Twitter amargas quejas ante la aparición de los carteles de publicidad del Frente de Todos que ostentan la fotografía sin cara de un supuesto científico, identificado como perteneciente al Conicet.

Eso la mató: no es posible, es fascismo, violación total de los principios republicanos y más borbotones de necedades por el estilo. Para empezar, se podría admitir que “el uso de símbolos o instituciones oficiales en propaganda política” es -formalmente- incorrecto. Aunque no hay mucho escrito sobre el particular y, esperando que alguien se ocupe de buscar la legislación respectiva, vamos a recordarle que el macrismo ya electo y en funciones no se ha cansado de mostrar iconos del patrimonio nacional. Las cataratas del Iguazú, las ballenas de Chubut o la 9 de julio son tan nacionales como el Conicet y eso, apuesto mil a uno que fueron usados hasta la náusea en esta “administración” macrista, denominación exagerada de la “gestión”, otra palabra que sólo por piedad puede serle atribuida. 

Pero, si a los exégetas mediáticos del macrismo se les escapó que existía el Estado y para publicitarlo se concentraron más bien en la sarasa infinita de globos amarillos, y los “todo está en vos” probablemente concebidos en febriles actos creativos por un Alejandro Rozitchner desde hace décadas, eso no es el problema del Frente para Todos. Para terminar, lo que parece increíble es que los macristas sean tan caraduras y se atrevan a manifestarse por nimiedades como ésas y otras similares después de que los conductores de sus desvelos han reventado el país, algo así como criticar a los rusos por pisotear los canteros del Tiergarten en abril del 45.

Pero las mentadas doctoras del Conicet evidentemente no piensan; pensar, atributo por el cual la sociedad las remunera. Sienten, y mucho. Sus sentimientos son parcialmente republicanos, les importan las formas, pero, como sucede con muchos de los macristas, afectan un extraño desequilibrio consistente en que les escandalizan los carteles, el dedito de Fernández y la CONADEP del periodismo -sólo por mencionar la temática de las últimas semanas alrededor de las elecciones- pero son absolutamente impermeables al saqueo a la Nación, al hambre y a la enajenación de la soberanía.

El mencionado actor, el confuso futbolista y aún el diputado ulcerante Amadeo tendrían, siendo indulgentes, cierta licencia para pensar mal. Sobre todo si una política depredatoria como la que está hasta el 10 de diciembre en curso los ha beneficiado y en sus últimos suspiros lo sigue haciendo. En cualquier caso, pareciera que no están capacitados para advertir que no hay futuro ni siquiera para ellos si se sigue reventando al país. Para comprender esto tan elemental se requiere acreditar alguna asignatura cognitiva básica, sea lógica o matemática a nivel bachillerato, no digamos algo más complejo.

Los científicos, en cambio, se supone que lo comprenden sin mayor esfuerzo, saben, y más los biólogos, que un sistema cerrado con recursos limitados y con una especie dominante se autodestruye en un tiempo finito. Pese a esta manera privilegiada de mirar el mundo, a estas colegas les gusta el macrismo. ¿Qué puede hacerse ante algo así? Sospecho que ellas, a pesar de haber sido favorecidas por los gobiernos de Néstor y Cristina, deben o pueden haber sufrido algún desdén de parte de algo o alguien identificado con dicho gobierno y no lo olvidan, deben ser tremendas heridas. Nunca lo sabremos.

Por otro lado, poco se dice de la distribución del voto en las elecciones del 27 de octubre entre los argentinos con residencia en el exterior. Sin conocer los resultados oficiales, afirmaría que en México, donde yo voté, “Juntos por el Cambio” ganó por un 70%. Espero equivocarme pero -nuevamente- podría apostarlo. Me baso únicamente en una tipología intuitiva, no muy rigurosa, de determinado tipo de argentinos, individuos de considerable estatura, blancos, gran mayoría de Buenos Aires, Rosario o Córdoba, pater familias cuarentones/cincuentones que pueden haber coqueteado con el rugby, algunas mujeres sin problemas de autoestima y muchos compatriotas identificados como parte de la “Cole”, y me la juego otra vez que son Cambiemitas. Por añadidura, el embajador argentino en México es, según La Nación, orgulloso organizador de las marchas del zizepuede que, aunque todavía no lo podamos creer, quizás le hizo ganar al Domador 2 millones de votos en relación a lo que obtuvo en las PASO.

Evidentemente, a toda esta población de argentinos no le interesa una renovada relación bilateral con México, cuyos primeros pasos Alberto inauguró hoy mismo, 4 de noviembre, en el Palacio Nacional, platicando y almorzando con Andrés Manuel López Obrador. De todo esto puede salir algo bueno que, seguramente, tampoco ha de gustarle a las y los brandonis. Fieles a sí mismos, seguirán su aburrido pataleo hasta que…