Por Horacio Rovelli

El FMI es la quinta columna del capital financiero internacional que tiene su base en los EEUU y que no quiere que nosotros produzcamos bienes industriales, y pretende que solo seamos proveedores al mundo de forrajes, alimentos, minerales, y energía reduciéndonos a una colonia[1] en su patio trasero. 

La Argentina se adhirió al FMI en 1956, tras el derrocamiento del gobierno de Perón, y el FMI fue el mentor de un fuerte plan de ajuste que dio origen al llamado “Plan Prebisch”,  que significó un fuerte descenso de los salarios vía liberar  el precio de los alimentos  y devaluar nuestra moneda, que Don Arturo Jaureche denominó “retorno al coloniaje”.

Permanentemente condicionó a los gobiernos posteriores con dos excepciones, la del gobierno del Dr. Arturo Illia en que la Argentina creció y no solo no le pidió un dólar al FMI, sino que incluso renegoció y pagó los vencimientos heredados de las administraciones anteriores. Y el del Dr. Néstor Kirchner que incluso le pagó el total de lo adeudado en enero del año 2006, liberándonos de su yugo después de 50 años.

Obviamente y como se esperaba, el gobierno de Macri nos volvió a subordinar al FMI, endeudándonos en DEG (Derechos Especiales de Giro), que es una canasta de monedas equivalente a unos 45.000 millones de dólares, suma que se fugó, esto es, sirvió para que los que podían comprar dólares (en esa época sin límite alguno) lo sacaran del país generándole activos externos a ellos y a la nación Argentina su deuda.

El Ministro Martín Guzmán muy claramente se lo dice a “Clarín” cuyos dueños son los principales fugadores de capital de nuestro país: “Tomamos 45 mil millones de dólares de deuda. Se podría haber reconstruido toda la infraestructura del país. Sin embargo, no quedó nada. Ahora hay que resolver este problema con responsabilidad y siempre teniendo el criterio que primero de todo está la gente”.

Las permisivas leyes de la reforma financiera de 1977 y la Ley 24.144 de Menem-Cavallo de Carta Orgánica del BCRA, hacen que la deuda que  toma el Tesoro de la Nación, que paga mayoritariamente sus gastos en pesos (bienes y servicios, contratos, licitaciones, salarios, jubilaciones y pensiones) y solamente la deuda se paga en divisas, termina cambiándole al BCRA esos dólares por pesos y el BCRA en lugar de tener prohibido vender la deuda del Estado, se la transfiere a los bancos. Los compradores de dólares están registrados en los bancos, que son los únicos que le pueden comprar dólares al BCRA.  Lo que se debe  hacer es investigar quiénes son los que compraron los dólares, de dónde sacaron los recursos para comprarlos, cómo pagan sus impuestos, qué declaraciones tributarias hacen etc., etc. y no aceptar a paquete cerrado el endeudamiento y fuga que se hizo durante el macrismo porque, si el gobierno de Alberto Fernández no investiga y procede en consecuencia, es cómplice de esa deuda y de su fuga.

Inglaterra utilizó el mismo mecanismo, por un lado colaboró con armas, municiones, y recursos para comprar voluntades e imponer los gobiernos de Mitre y de Roca y, con ello, apuntaló el modelo agropecuario exportador, donde la unidad económica eran las grandes estancias.  Inglaterra trataba directamente con los grandes estancieros quienes tomaron deudas para armar la infraestructura (caminos, rutas, ferrocarriles, puertos) y configurar un modelo exportador de carne y trigo, deuda que se suma a las obligaciones contraída para matar gauchos de Peñaloza o de Varela y financiar la Guerra al Paraguay.

Semejante endeudamiento colapsó en 1890 pero fue solventado en su mayor parte por los mismos estancieros: Pellegrini representante de los sectores más poderosos de la gran burguesía (creó la Unión Industrial Argentina) debía refinanciar la deuda impaga y entonces, en plena crisis de 1890, el 6 de agosto, tras la renuncia de Juárez Celman, se reúne con lo más granado de los estancieros y banqueros nacionales, tomó la palabra y dijo:

La  Constitución acaba de hacerme Presidente, pero la ruina que amenaza al país me prohibiría aceptar el puesto, si no fuera capaz de evitarla, en cuyo caso el patriotismo me aconsejaría dejar el lugar a otros. Necesitamos de ocho a diez millones de pesos para pagar en Londres, el 15 del corriente mes, es decir de aquí a 9 días, el servicio de la deuda externa y la garantía de los ferrocarriles: En el Banco Nacional no tenemos nada: si no pagamos, seremos inscriptos en el libro negro de las naciones insolventes. Solo la ayuda de todos los que están en condiciones puede salvarnos: reclamo de ustedes esa ayuda en nombre de la patria. Se trata de una contribución inmediata y reservada. Aquí en este pliego, he proyectado las bases de un empréstito interno”.

Los circunstantes fueron leyendo por pequeños grupos y anotando lo que aportaban.  Un rato después volvió a la sala Carlos Pellegrini y haciendo la suma se irguió exclamando “Dieciséis millones de pesos (el doble de lo pedido), ahora sí soy Presidente”[2]

Han pasado 140 años y el modelo que tratan de imponer es el mismo, dueños de la pampa húmeda y de otros campos fertilizados a riego, con la concesión de 14 de los 18 puertos que están sobre las riberas del Paraná, pretenden que la Argentina produzca y exporte básicamente granos y carnes, a sabiendas que generan poco trabajo, que su valor agregado es mínimo  y además todo concentrado en ocho grandes exportadores de granos, harinas y aceites, las trasnacionales ADM; Bunge Ceval; Cargill; Louis Dreyfus; y Glencore, a los que se suma la empresa china COFCO y las teóricamente nacionales Aceitera General Deheza y la ACA (Asociación de Cooperativas Argentinas). Y en carnes el Consorcio ABC que lidera Frigorífico Rioplatense de los Constantini,  que realiza el 80% de las exportaciones del sector.

En realidad es peor, porque esas empresas sub facturan exportaciones y/o contrabandean para no abonar los derechos de exportación que corresponden, ni pagan los impuestos que deberían pagar, mucho menos se le puede pedir un “Bono Patriótico” como hizo Carlos Pellegrini.

Detrás de esa configuración de país, endeudado y exportador de productos agropecuarios  están los EEUU y el FMI,  así como Inglaterra estaba detrás de la generación de 1880.

Plantear que como se tiene una deuda con el FMI, sin tener en cuenta que esa deuda fue para apuntalar al gobierno de Macri y favorecer la dolarización de la fuga de capitales, se debe acordar sí o sí, es la misma  cobardía y estupidez que hizo Raúl Alfonsín cuando le pidió el 19 de febrero de 1985 la renuncia a su Ministro de Economía, Dr. Bernardo Grinspun, cuando éste, el día anterior, lo había echado a los gritos de su oficina a Joaquín Ferrán, representante del FMI en el país, ante la exigencia de que se acepte toda la deuda heredada de la dictadura militar, compromisos firmados por nadie, porque Martínez de Hoz, Adolfo Diz, Juan y Roberto Aleman, Domingo Cavallo, Dagnino Pastore, Jorge Wehbe y González del Solar fueron puestos en funciones por tres dictadores.

Es más, al reconocerse toda la deuda lo que se hacía era permitir que las obligaciones y empréstitos tomados por Macri, Fortabat, Pérez Companc, Pagani, Rocca, Bulgheroni, Bagó, Roemmers, etc., sean traspasado al pueblo argentino, hecho que efectivamente sucedió, presionados por el Banco Citi que presidía el steering committee (comité de bancos acreedores), comité que tenía influencia directa sobre la Embassy y sobre el FMI. 

Michael Mussa, que fue el jefe de los economistas del FMI en los años noventa, que firmó seis acuerdos de financiación con Argentina entre julio de 1991 y enero de 2001, por un importe total de más de 29.000 millones de dólares, sostuvo que el Directorio del FMI no quiso ver la degradación política y económica del país presionado por los EEUU que es el principal contribuyente y responsable por los recursos del FMI –cerca de una quinta parte de la financiación a disposición del FMI viene de Estados Unidos-, porque los EEUU querían sostener a Menem y después a De la Rúa, pese a que era evidente que no había forma de que la economía se recuperara con las exigencias del “Fondo”.

Así como en 1815 se decretó la Ley de Vagancia para perseguir a los gauchos para que sean peones de estancia o soldados en los fortines contra los indios.  Presionan por el ajuste fiscal sabiendo que más del 40% del gasto de la Administración Nacional es pago de jubilaciones y pensiones; esto significa que si no se investiga la deuda y su fuga, más temprano que tarde lo van a pagar los jubilados y pensionados con remuneraciones paupérrimas, con retraso de la edad para jubilarse, incluso  le van a sacar el beneficio de la devolución del IVA etc., etc. Las consecuencias: situaciones de desamparo que llevan que, en Grecia por ejemplo, el jubilado Dimitri Christoulas se quitara la vida frente al parlamento heleno como forma de protesta y dejó una carta en que denunciaba: “El Gobierno ha aniquilado toda posibilidad de supervivencia para mí, que se basaba en una pensión que yo había pagado por mi cuenta sin ninguna ayuda del Estado durante 35 años. Y dado que mi avanzada edad no me permite reaccionar de otra forma, no veo otra solución que poner fin a mi vida para no tener que terminar hurgando en la basura para poder subsistir” (Dimitris Christoulas, 4 de abril de 2012).

En una situación totalmente desigual donde el acreedor impone las condiciones y el deudor debe cumplirlas, sabiendo que eso implica que aumente la desocupación, el cierre de establecimientos, la pauperización de jubilados y pensionados y del resto de la población vulnerable (cuando tenemos oficialmente 2.220.000 personas desocupadas a lo que se le suman todos los años unas 300.000 más, por crecimiento vegetativo de la población) y, en cambio, favorece la extranjerización y concentración económica, beneficiando a quienes fugaron los capitales adeudados.

Néstor Kirchner tuvo en claro desde antes que asumiera la presidencia de la República el 25 de mayo de 2003, que debía liberarse del FMI.  Gracias al default declarado por el Presidente Adolfo Rodríguez Saa en diciembre de 2001, pudo con esos recursos aumentar los salarios, jubilaciones y pensiones por Decreto, a lo que le sumó desdolarizar las tarifas de los servicios que, combinado con las retenciones, le permitió el 3 de enero de 2006 cancelar en un solo pago los compromisos con el FMI, a la par que estimulaba el consumo popular y con ello el mercado interno argentino.

Por razones de justicia y de equidad no podemos aceptar el chantaje del FMI y, en caso de pretender cumplir con esas obligaciones, primero que se comunique oficialmente (el BCRA hizo el trabajo pero no dijo quienes eran[3]) quienes se beneficiaron de la compra de esos dólares y cómo hicieron para generar la suma para comprarlos. Y luego, de igual forma  que esos dólares se fugaron, que retornen al país y que bajo esas condiciones y plazos se le pague al FMI.

 

[1] Se denomina colonia a un territorio sujeto a la administración y gobierno de otro país, por lo general una potencia remota llamada a tales efectos ‘metrópoli’. Los territorios coloniales carecen de autonomía y autodeterminación, y por lo general tanto su sistema legal como la religión les vienen impuestas desde la metrópoli.

[2] Escrito por el Diputado Juan Balestra, citado por Norberto Galasso en su libro “De la banca Baring al FMI: historia de la deuda externa argentina” Ediciones Colihue SRL, páginas 78 a 80.

[3] Según el informe elaborado y publicado por el BCRA el 13 de mayo de 2020, se compraron divisas por residentes argentinos en los cuatro años de gestión del gobierno de Cambiemos (Presidencia de Mauricio Macri) por la suma de 86.200 millones de dólares y, los primeros 100 compradores lo hicieron por 24.679 millones de dólares.   Pero nunca dieron los nombres de al menos esos cien primeros compradores.