por Ruben Lamas

Argentina consolida una vez más su modelo económico agro exportador, y no hay duda alguna al respecto, el nombramiento del mismísimo presidente de la sociedad rural Argentina, al frente del ministerio de agroindustria es la evidencia suprema para convencer a los más escépticos.  Y dicho sea de paso en medio de un escándalo por un cobro de dinero inapropiado para un funcionario público, y esto es solo el comienzo.

El modelo agro exportador no hace más que ratificar el rol internacional asignado a la Argentina en cuanto a su papel de productor primario de comodities. Esta impronta de nuestra historia, no hizo más que traer violencia y desigualdad, hambreando a todo un pueblo en beneficio de una pequeña elite privilegiada, basta con repasar un poco la historia para darse cuenta.

En la práctica cotidiana esto se traduce en los beneficios que obtienen los grandes capitales agropecuarios, y el sector terrateniente, constituido por una “minoría intensa”  es decir pocos participantes con intereses fuertemente concentrados.

Durante la dictadura cívico militar de 1976, con Martínez de Hoz como ministro de economía, se produjo una articulación, entre el sector agropecuario y el sector financiero, y  se consolidaron  los grupos económicos y los grupos agropecuarios, caracterizados por estar  constituidos por un entramado de personas físicas y jurídicas, donde se repiten una y otra vez los nombres de sus participantes, tratando de disimularlos bajo diversas formas societarias, pero no siendo más que una minoría poderosa que afianzó sus intereses de clase, situación que se repite en estos días, pero por primera vez en la historia bajo el respaldo político de un gobierno que llegó al poder mediante elecciones.

Tal la caracterización de la clase dominante que ejerce el poder actualmente, con la repetición de ciertos esquemas económicos que ya vimos en épocas pasadas. Otra vez el mundo bancario y financiero como protagonista central imponiendo las reglas del juego para toda la sociedad, mediante un puja distributiva que se debate entre la intención de bajar salarios, disciplinar la protesta social mediante persecución y encarcelamiento de opositores políticos,  y mediante despidos, que haciendo aumentar los niveles de desocupación llevan a la clase trabajadora a aceptar obligadamente peores condiciones de contratación, sean contratos basura, pasantías, tercerización de tareas y otras formas todas de flexibilización laboral, que juegan en detrimento de la calidad y condiciones de vida de los trabajadores.

Por si fuera poco, la cámara de diputados aprobó una retrógrada reforma del sistema de jubilaciones, sumado a los recortes de las prestaciones del PAMI fundamentalmente  en los medicamentos, recortes de la AUH, cambios perjudiciales en el cálculo de las jubilaciones, y en la edad jubilatoria, recortes de las asignaciones de los ex combatientes de Malvinas.

Todos estos factores llevaron recientemente a una fuerte movilización social, tratando de poner un límite a los atropellos contra los sectores más sensibles y desprotegidos de la población, y dato no menor pusieron de manifiesto la vocación militarista y represiva del modelo, por medio del empleo masivo de la gendarmería, blindando el congreso en pleno centro de la Capital Federal.

En el medio,  se juega  el destino de sectores medios, como pequeños propietarios, chacareros y medianos productores agropecuarios,  trabajadores independientes, profesionales, comerciantes, pequeñas y medianas empresas,  y muchas economías regionales que encuentran una disyuntiva fuerte. Pues por razones ideológicas o culturales,  muchos de ellos comparten las promesas,  las aspiraciones de clase y el marketing del modelo, pero en la práctica hay muchas cosas que no cierran, como la ya conocida puja entre el precio del dólar y la tasa de interés, que condicionan las actividades productivas, encarecen el crédito y hacen indomable a la inflación, a pesar de las promesas de controlarla rápidamente.

Los créditos UVA que son una versión  siglo XXI de la tristemente célebre “circular 1050”, la virtual dolarización de amplios sectores de la economía, como el  sector inmobiliario, combustibles, agroquímicos, industria farmacéutica, insumos importados etc. El déficit de la balanza comercial mas importante de la historia nacional, van conformando un panorama complejo en el que a muchos sectores “no le cierran los números”.

Parecen además diluirse ciertas esperanzas importantes, por ejemplo la reunión de la OMC, no dejó ningún acuerdo concreto, cuando había generado fuertes expectativas. Las exportaciones de biodiesel a Estados Unidos, se vieron dificultadas por aquel país que pregona el libre mercado y aplica medidas proteccionistas sin más trámite.

La Unión Europea pretende firmar un acuerdo donde aclaran que no nos  comprarán alimentos, pero que quieren vendernos sus productos industriales.

China redujo sustancialmente la compra de aceite de soja, en represalia por no mantener la palabra, respecto de compromisos asumidos en la construcción de las represas de la provincia de Santa Cruz.

Como podemos apreciar el panorama es muy complejo, desde los sectores del pensamiento popular criticamos esta visión de las cosas. En primer lugar  porque no aceptamos el rol neocolonial que se le quiere imponer a la Argentina, sostenemos que hay que hacer otra política agropecuaria que rompa el modelo agro exportador,  para lo cual hay que definitivamente discutir el rol social de la propiedad de la tierra, debemos promover el desarrollo de un nuevo modelo agrario, moderno, constituido por producciones de pequeña y mediana escala con arraigo territorial, y producción mixta diversificada. No encontramos contradicciones entre producción agropecuaria e industrial, ambas son perfectamente compatibles,  complementarias  y mutuamente necesarias una  de la  otra.

Se impone un debate de ideas que muestre el contraste entre dos modelos de país, el de la oligarquía constituido por el actual modelo agro exportador,   y un modelo  constituido por producción diversificada mediante el desarrollo de la chacra mixta,  con fuerte arraigo territorial,  e industrialización en origen, que  constituyen una unidad conceptual de la política agropecuaria de corte inclusivo y popular.