por Dimitrof Cassanova

Cuando hace 4 años, decidimos con Maria Laura y Patricio, comenzar a trabajar en la posibilidad de llevar a cabo un documental sobre la experiencia que tuvimos 120 jóvenes comunistas en la Nicaragua Sandinista de 1985, nos planteamos algunos objetivos que necesariamente debían equilibrarse con la calidad artística que planteaba la posibilidad de contar con la creatividad de la directora Vásquez. Los mismos (no hace falta que sean en ese orden) son los siguientes: Tenía que registrar una experiencia que nos parecía, no podía quedar en el olvido de la historia de la juventud militante argentina, recuperar ese acto de  solidaridad internacionalista era mostrar el aporte de la Federación Juvenil Comunista a la historia más general. Debía hacer visible una generación salteada en la recuperación de la militancia juvenil del nuevo siglo, mas allá de la búsqueda que todes debemos hacer para responder a esa situación. Debía recuperar la experiencia (era un gran desafío), sin caer en un documental sobre el Partido Comunista y la FEDE, no porque no es necesario o porque cada uno de nosotros no tenga opinión al respecto, sino porque para que esta experiencia y esta película, sea un aporte que 120 jóvenes legan a los militantes actuales, debía ser desde una perspectiva amplia, un material donde los espectadores pudieran empatizarse, emocionarse, aun sabiendo poco sobre lo sucedido. Por otra parte, tomando todos los objetivos, debía ser un disparador de un debate no realizado, sabiendo que, a un documental como el nuestro, no se le puede adjudicar que abarque las múltiples variables de análisis que requiere el necesario balance sobre esa etapa, dado que son muchos actores los que debieran realizarlo. Lo nuestro es menos pretencioso. Pero si estimula, provoca y promueve el debate, bienvenido sea. Lo único que me parece para esta acción (y para muchas más)  que no es necesario aportar al debate destruyendo la acción. El film es un aporte y será responsabilidad de todes construir un balance positivo que pueda ser apropiado por las nuevas generaciones, no para copiar o calcar, sino para comprender que la juventud, cuando entiende la responsabilidad que su etapa histórica demanda, busca las formas de llevar adelante las tareas necesarias para enfrentar al enemigo de los pueblos. Nosotros consolidando prácticas democráticas después de la dictadura genocida y a nivel latinoamericano, solidarizándonos con la naciente revolución sandinista, hoy enfrentando a neoliberalismo en casi toda nuestra América Latina. Aquellos que pudimos conversar con jóvenes (y no tan), que asistieron al cine a ver la película, nos dimos cuenta que salieron emocionados pero también con renovadas fuerzas, lo que  demuestra que el producto final fue el apropiado y que el rojito no se descafeinó. Quizás este material no es para escribir una tesis sobre la generación de los 80, pero humildemente es un aporte a resistir al neoliberalismo. Es un film político porque sigue de cerca uno de los procesos revolucionarios de Latinoamérica que dejaron huella en los militantes de la recuperación democrática. No es un film partidario porque la tarea es otra. Es necesario desempolvar rígidas doctrinas para trabajar realmente en la disputa de la dirección política del bloque histórico gramsciano, el desafío es con todas las experiencias populares, que están en esta vereda, la de la justicia social. Todo esto sin renegar de la experiencia de cada militante, no sería nada dialectico y nos inhibiría de aportar a lo dialectico que debe ser la transmisión generacional de las experiencias. Fuimos parte de una etapa rica en formación, fuimos actores del viraje del Partido Comunista y los 120 fueron parte de ese logro, eso será parte de un balance que la propia organización de la que ya no soy parte hizo o debería hacer, por ahora basta decir que Los 120 es una identidad construida colectivamente que nos contiene y nos proyecta. Me siento un militante del campo popular que pudo ser protagonista de la historia y no un simple lector y como tal pude comprobar, cuando estuvimos en la querida Nicaragua en el 2016, que los vínculos creados entre Nicas y Argentinos resisten los avatares del tiempo y las épocas, porque fuimos protagonistas de una etapa en la lucha de nuestro continente que marcó a fuego toda una generación de jóvenes militantes latinoamericanos, formándonos con convicciones e ideales que perduran en cada paso de nuestras vidas. En definitiva, de eso se trata el documental, que la experiencia que vivimos quede reflejada, no solo en nuestra memoria, sino que sea patrimonio de todas las generaciones de militantes que luchan por la felicidad del pueblo en nuestro continente. Por ultimo quisiera rescatar que también, colectivamente militamos la película logrando estar cuatro semanas en cartelera, sabiendo lo difícil que es para el cine argentino y más para documentales. Esto fue producto del trabajo de todes, los que fuimos parte de la película, dirección, técnicos, producción, prensa, protagonistas; como también los 120, los que están y lo que ya no, de nuestras familias, de muchos y muchas compañeras de militancia, de medios de prensa que difundieron las presentaciones, de espectadores que boca a boca invitaron a más.  Termina la etapa del cine y comienza otra, que es ir hacia los espectadores con la película, allí seguramente aparecerá (es lo que espero) el debate sano y con aporte al futuro. Obviamente, no saldaremos nada, porque la tarea de buscar nuevas respuestas a las preguntas de esa etapa será construcción de todes nosotres, militantes e intelectuales. Por ahora se abrió la oportunidad del debate.