Por Alejandro Mosquera

La reconstrucción del país y la posibilidad de su desarrollo económico, social, cultural y político exige no solo discutir las tácticas, los momentos electorales con toda la importancia que tienen, sino construir un rumbo. Es decir, renovar el paradigma de país sobre la base de la identidad nacional, el protagonismo popular, sustentados en  la practica acumulada, en la experiencia histórica, y en la época que nos toca vivir.

Es repensar el país para proponer y promover nuevos umbrales para todas y todos los habitantes. Eso no implica solamente romper con el dogma económica neoliberal, sino con su proyecto político y cultural. Derrotar la fenomenal agresión a los valores solidarios y de comunidad, el embate a la subjetividad popular por medio de la agresión del terrorismo de estado diezmando una generación o con la manipulación utilizando la híper-concentración de la propiedad y dirección ideológica de los medios y redes. Es una gigantesca batalla política y cultural.

¿Es posible pensar un nuevo paradigma por fuera de los limites y censuras a que nos somete la colonización del pensamiento, por fuera ide los significantes y conceptos impuestos por el neoliberalismo?

¿Se puede pensar ese nuevo paradigma exclusivamente desde las oficinas y formularios Excel distantes de las realidades que vive, sufre y sueña nuestro pueblo?

¿Puede desarrollar un proyecto de país sin recoger la experiencia obrera de los programas de la Falda y Huerta Grande?

¿Se puede sin basarse en “el Modelo Argentino para el proyecto Nacional” que presentó el presidente Perón en 1974 como la idea de abrir un debate a todos los compatriotas, donde cada uno pueda aportar sus ideas y propuestas hacia un proyecto de país sobre la base consensos básicos?

El desafió de repensar el país para conocerlo es también la convocatoria al protagonismo para transformarlo.

En ese camino, como un aporte al crecimiento de un nuevo momento popular, es que un grupo de organizaciones, de centros de estudios, institutos, fundaciones, movimientos, agrupaciones confluimos en la idea de los Cabildos por la Igualdad. Confluencia abierta a todas las incorporaciones, a escucharnos, a compartir diagnósticos y saberes, a hacer geminar el Proyecto Nacional renovado acorde a los desafíos que nos presentan la época.

Todos los regímenes desigualitarios construyeron un relato para que naturalicemos la desigualdad. Para justificar el régimen de concentración de la riqueza, el conocimiento, la cultura y el poder.

En los años 80 y 90 en el mundo se produjo un proceso de concentración de tal envergadura que la desigualdad se manifestó con su cara mas horrible y desvergonzada.   El 1% posee más riqueza que 6.900 millones de personas.

Mientras ese uno por ciento no sabe como gastar, ni utilizar su patrimonio, antes del covid 19, cada día morían 10.000 personas por no poder costearse la atención medica. También cada año, más de 3 millones de niños menores de 5 años mueren de desnutrición o por causas relacionadas con la misma.

En nuestro país la concentración de la riqueza y la desigualdad es una constante de los tres ciclos de programas neoliberales que hemos vivido. Por el contrario los períodos de disminución de la desigualdad coinciden con las etapas de impulso del ensanchamiento del mercado interno,  del consumo y de la sustitución de importaciones y desarrollo de la producción y el valor agregado a la producción local.

Los niveles actuales -después de la catástrofe provocada por el Macrismo y los efectos dolorosos y traumáticos de la pandemia-   de pobreza, desocupación, deserción escolar exigen construir un país mas igualitario, con todas y todos adentro de los beneficios de nuestra sociedad.

Repensar el país en términos de Igualdad no es solo pensar tal o cual reforma, sino construir un ideario que de continente y rumbo a cada reforma parcial, a cada política publica.

Discutir el estado y la sociedad en clave igualitaria, la democratización de la tierra, o la necesidad de una nueva constitución basado en el nuevo paradigma y como expresión del proyecto de país asustara a los timoratos, y recibirá ataques de los neoliberales de buenos modos o de verborragia violenta. Pero esos debates son necesarios para ofrecer un proyecto que nos contenga a todos, todas y todes, para dar la batalla cultural frente a los intentos de disciplinamiento de los guardianes del neoliberalismo tanto internos como externos.

La igualdad como proyecto alternativo al proyecto desigualitario presupone el protagonismo del pueblo y la radicalización de la democracia. Donde libertad, modernización, creatividad son parte de nuestro campo y no conceptos de las viejas y nuevas derechas que las utilizan para embaucar a tantos ciudadanos.

Los Cabildos por la Igualdad son un aporte en ese camino. Por supuesto no el único. Nuestro pueblo es diverso, plural, las diferencias son parte de nuestra riqueza. Es la política la que debe conducir el disenso y los conflictos que se dan en la conformación del bloque histórico necesario para desarrollar el país.

La igualdad, la justicia social, la soberanía, la identidad nacional, la patria grande, el universalismo son coordenadas para nuestro proyecto, nacen de la práctica y la experiencia de nuestra sociedad. Solo la política entendida como poder popular y democrático podrá realizarlo.