Por Alejandro Mosquera

Luego de la derrota del Frente de todos la derecha política y económica también se replantea sus objetivos. Envalentonados por la posibilidad de asegurar en las elecciones de noviembre un resultado que permita variar la correlación de fuerzas en el Congreso, reviven su sueño eterno de lograr que el gobierno frentista con eje en el PJ se desbarranque institucionalmente y eso produzca la posibilidad de romper el empate estratégico que vive el país y américa latina, ya analizado varias veces en esta columna. Una nueva versión del anti-peronismo de “muerto el perro se acabó la rabia”.

Aquí hay que anotar la decisión de María Eugenia Vidal de disputar la presidencia de la Cámara de diputados para ponerse en la línea sucesoria presidencial, especulando no solo con trabar al gobierno sino con la posibilidad de impulsar una crisis institucional. Y la propuesta de Macri y Bullrich: “si pierden (el FdT) se tienen que ir”, toma cuerpo en el PRO.

El poder real no solo juega una carta, aún con contradicciones, les ofrece a sectores del gobierno una gobernabilidad basada en asumir parte central del programa que ellos detentan. Si el gobierno tomara ese camino, la distancia con su base social y sobre todo con la militancia peronista, Kirchnerista y de izquierda popular se profundizaría y, por lo tanto, sería un gobierno más débil a las presiones y más susceptible al copamiento o a la desestabilización. Es una tentación autodestructiva que, según los analistas políticos de todos los campamentos, existió cuando algunos personajes cercanos al presidente en los momentos en que se publicó la carta de CFK y presentaron las renuncias de ministros, insuflaban la idea de romper con el kirchnerismo.

Los debates en el Frente sobre el rumbo se profundizan y es lógico, la cuestión es qué primará.

La idea de acercarse al presidente Biden para ganar poder interno es un error estratégico y también electoral. Los intereses de EE. UU.  son conflictivos y contradictorios con los de nuestro país y la patria grande. Allí solo se encontrará más sometimiento y miseria para nuestro pueblo, más exigencia de alinearnos con los intereses estratégicos de EEUU en sus tensiones con China y Rusia.

En el mismo camino de presionar al gobierno y utilizar el miedo como instrumento de la política, la derecha y la ultraderecha anuncian y añoran una disparada inflacionaria y una devaluación importante que una vez más tendría ganadores y perdedores. Ese miedo es utilizado también para empujar al gobierno a un acuerdo con el FMI que nuevamente profundice el papel de la deuda externa como pérdida de soberanía económica y por lo tanto política.

La ortodoxia económica del ministro Martín Guzmán cautiva a los que odian el gobierno, lo defienden ante las críticas del kirchnerismo duro y de sectores del peronismo, acusando a quienes reprueban el rumbo económico de irracionales, de portadores de ideas superadas que no dan cuenta del mundo real.

En ese marco, extraña que después de la crítica de Cristina sustentando que hubo una política de ajuste fiscal durante estos dos años, le conteste el ministro que no es así desautorizando a la vicepresidenta y no haya más respuestas a esa disonancia tan fuerte. ¿Quién conduce? ¿Quién respalda al ministro? ¿Se escuchó, como se dice que se hizo, el grito de nuestro pueblo?

La otra gobernabilidad

Se acerca el 17 de octubre, hay voces que quieren hacerse escuchar. Hay voces que no figuran en los sets televisivos y son millones que reclaman y proponen. Que escuchar significa volver al origen del FdT, creado para un nunca más al neoliberalismo. Escuchar significa salarios y jubilaciones dignas, significa detener la inflación con control de precios, también defendiendo y haciendo efectivas la seguridad y la soberanía alimenticia, escuchar significa un shock distributivo para ensanchar el mercado interno y la capacidad de generar trabajo, es hacer efectiva la soberanía sobre el Paraná.

El 17 puede ser una muestra de la otra gobernabilidad, la basada en el pueblo, en los que resisten. Es apoyar las distintas iniciativas para ganar la calle. Es acompañar a las Madres de Plaza de Mayo a las 16 horas. Si las pantallas y las portadas son de ellos las calles deben volver a ser nuestras.

Las elecciones se pueden ganar o perder, pero la derrota es perder los valores que nos dieron origen.

 

“Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte

Soy como el junco que se dobla

Pero siempre sigue en pie”