por Rosana Herrera

Lo que son las cosas… con lo que me gusta escribir, hoy no me sale ni una palabra. Porque yo no soy una escritora de ficciones, soy una cuentadora (mucho más cerca de Landriscina que de Hemingway). Y si la realidad se me ofrece descarnada y prepotente, casi obligándome a sentarme a aporrear el teclado, tengo letra. De lo contrario no, porque no la sé inventar. Y cundo la realidad me aplasta segundo a segundo, como nos está aplastando muy espacialmente estos últimos días, tampoco lo hago en esta columna porque siento que somos muchos ya, los que en simultáneo, estamos haciendo una suerte de “catarsis literaria y/o periodística” y tengo miedo de no encontrar ningún lector que resista tanta pálida, ya sea con las inclusivas equis, como en casi todos mis textos, o dejándolas por un rato, como ahora.

Entonces, como le prometí a mi jefe Alejandro (un hinchapelotas obsesivo con la revista como todo petiso, militante todo terreno y tipazo como él) me digo y bueh…para cumplir con la crónica en tiempo y en forma, una vez más tendré que acudir al más grande capital que adquirís cuando vas envejeciendo, ese fenómeno que te empieza a definir y con pequeñas excepciones, de la que empezás a abusar (preguntale a tus nietos si miento): la memoria remota. Esa que te permite acordarte el nombre de la esposa del portero de tu escuela primaria con mucha más facilidad que saber adónde guardaste los anteojos (¿ a que en el frezeer ni se te ocurriría buscar?) o no recordar si a la reunión llegaste en tu auto (cuando ya cerró la guardería) o en taxi. En fin, algunas ventajas debía tener llegar a esta etapa de la vida en la que algo ya nos empieza a doler a todos, aunque sea los títulos de policiales que in eternum te categorizan como “anciano sexagenario” (eso sí que duele muuuucho). Ahora…eso de creernos de que cuando llegamos a la vejez (yo estoy a dos estaciones de subte) somos un manantial de sabiduría, es una soberana boludez. Porque la contracara de eso son algunos de los dichos de mi abuela Ina, como eso de que: el que fue buen vino, es buen vinagre para definir perfectamente que el paso del tiempo muestra la versión (sólo más exagerada y notoria) que pudimos construir para nosotros mismos. Pero yo que soy contrera, me quedo con otra máxima de ella: ni tan calvo ni tan peludo. Porque solamente es cuestión de mirarnos en nuestros gerontes (¡huy!, suena peor, ¿quenó?) más célebres para darnos cuenta que no siempre es una ecuación perfecta. Porque sino no tendrías a una Estela de Carlotto y a una Graciela Fernández Meijide; a un Ernesto Cardenal y a un Mario Vargas Llosa; a un León Gieco y a un Puma Rodríguez; a un Juan Pablo Feinman y a un Santiago Kovadloff y así podría seguir hasta detenerme finalmente en un anciano que realmente me despierta sensaciones encontradas. Ese sí que creo que rompe con todos los paradigmas, porque se supone que un actor con su sensibilidad y su trayectoria, que permanece desde hace mucho tiempo en la cima de su carrera, no puede pasar de deslumbrarnos tanto con personajes tan queribles a sorprendernos tanto con expresiones tan odiosas. Y es triste que sea amable cuando actúa y odioso cuando no lo hace. Entonces una piensa que tal vez tenga problemitas con esto de que le llega poca agua al tanque pero inmediatamente pensás: pero… si es problema de presión de agua, no se aprendería tan bien los guiones, y es ahí cuando el susodicho te desconcierta. Porque parece que nadie le explicó a este odiador que uno invita a marchar en defensa de un gobierno, cuando algo o alguien lo ataca no cuando no existe peligro alguno. Y hoy marcharon unos miles de porteños y de cordobeses y unos cientos de bonaerenses y unas decenas de provincianos, invitados por Don Luis y su cómplice (del que no me ocupo aquí porque ese talentosísimo cineasta peladito no entra en este grupo etáreo, o sea que él es imputable todavía) en defensa de la república y de la democracia. Y que nadie le dijo a este par de pájaros que justamente lo que pasó en nuestro país el 11 de agosto, es justamente lo que fortalece, no lo que vulnera las Instituciones y la vida en democracia. Pasaron las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, las PASO para los amigos. Que están entre las cosas que dice su presidente que no le gusta que pasen y por eso las quiso eliminar para que no pasaran, Don Lucho. Pero no pudo y pasaron y los dejaron a ustedes, de paso cañazose lo digo: prácticamente en el pasado. Porque un inesperadamente enorme porcentaje de argentinos advirtió, a pura heladera vacía y culpa llena, que el odio no es buen negocio para nadie. Ni siquiera para los que hicieron negocio siempre con él. Como su presidente, que llegó al poder (con el vano intento de DESempoderarnos) estafando con un sinfín de mentiras, entre ellas la más cruel y ambiciosa: unir a los argentinos: ¡¡¡¡Justamente él!!!! que no habría sido ni siquiera candidato sino se hubiese dedicado a buscar en otros continentes, a quienes le ayudaran muy profesionalmente (y perversamente) a diseñar la campaña del odio.

¡Vamos, mi viejo! Usted sí que sabe de ficciones, usted no se queda sin palabras nunca, ni suyas ni prestadas, como me pasa a menudo a mí, no me diga que yo sentada en una compu, donde el diablo perdió el poncho, sé cosas que usted desconoce. No intente hacerme creer que no sabe que está apoyando a los hijos de los verdaderos dueños de la Argentina, a los descendientes de las más ricas y poderosas familias vernáculas, las mismas saqueadoras de siempre, las que representan apenas un puñadito de afortunados timadores y ventajitas que están matando de hambre, a patadas en el pecho, a golpe de puño, por la espalda, ahogados o simplemente de tristeza, a un país entero. Y que se están llevando puesta esa democracia y esa república que usted y su pandilla mandó a defender.Los años no viene solos, traen muchas cosas consigo para algunos, como la paciencia para aguantar los atropellos y a otros les lleva muchas cosas, como la dignidad. Desde que usted empezó a bastardear el recuerdo del gran Raúl Alfonsín con sus acciones y sus decires, empezó a bastardearse usted. Qué lástima….

Hoy creo que ya llegó a su límite, más bajo no puede caer. Hoy me hizo acordar al formidable personaje que hizo en Esperando la Carroza y recién hoy me pregunto si ahí estaba actuando o si en realidad era usted nomás.

Al final, de ser así que la abuela habría tenido razón con esto del vino y del vinagre, ché. Sabiduría de vieja que tira por tierra mis veleidades de revisionista del folklore, queselevase.

Al que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen…