Por Juan Carlos Di Lullo

Quizá fue Jorge Lanata quien lo explicó con mayor claridad en los años en que todavía no formaba parte de la nómina de empleados del multimedio más grande de la Argentina. Hablaba sobre “el discurso dominante”: “si vos te pasás 200 años escuchando una cosa y un mes escuchando otra, lo más probable es que la que escuches ese mes te haga un poco de ruido”, dijo en diálogo con Víctor Hugo Morales.

Hacía referencia a la potencia de un discurso único que se repite en proporción descomunal, magnificado por la cantidad de bocas de emisión con pertenencia directa o indirecta al mismo grupo empresario.

El mismo Lanata había mostrado en televisión (año 2010, programa “Después de Todo”, por Canal 26) un minucioso gráfico que mostraba los lazos que anudan a una cantidad impresionante de generadores de contenidos y de proveedores de servicios con una sola central: el grupo Clarín.

Ese gráfico sigue circulando por las redes, algo desactualizado por el paso del tiempo… y porque el grupo empresario no ha hecho otra cosa que multiplicar constantemente su poder de fuego. “Estos tipos son los que manejan gran parte de tus horas libres, de tus deseos, de tus ganas de consumir, de tus simpatías políticas… y, lo que es peor de todo, de tu libertad”, cerraba dramáticamente después de advertir que el mapa de medios que había mostrado era “como ver un teatro de títeres desde atrás, pero donde el títere sos vos”. Nunca más acertado Jorge Lanata. La historia lo llevaría después por otros rumbos, pero esa es otra cuestión.

El “discurso dominante” agobia. Y, en los últimos años, con una característica notable: el desprecio por la verdad. Ni siquiera hay cierto pudor por relatar algo que tenga el menor vínculo con hechos concretos; todo vale a la hora de provocar ira, decepción, tristeza y desconcierto en la audiencia.

Hace poco, Cristina Pérez sostenía con mucha convicción que Argentina es el único país del mundo en el que se han impuesto restricciones al ingreso de viajeros con el objeto de demorar la llegada de la temida “variante delta” del coronavirus. Poco le importó el hecho de que ya es de dominio público que hay más de 100 gobiernos que han tomado esa misma decisión. En LN+, la directora nacional de Migraciones, Florencia Carignano, tuvo que apelar a la paciencia para responder a la estrafalaria afirmación de Paulino Rodrigues acerca de una posible discriminación por parte del Gobierno hacia los argentinos que ven demorado su reingreso al país; según el periodista, esa discriminación tendría origen en el “desprecio del frente gobernante hacia un sector que no lo vota”.

Infobae, por su parte tituló “El curioso caso de Canadá, el país que permanece cerrado a los viajeros”; lo llama “curioso caso”, mientras que la decisión del gobierno argentino merece calificativos tales como autoritaria, lesiva para las libertades individuales o propia de una dictadura

En los últimos días, el discurso dominante estuvo orientado también a objetar la decisión de la jueza Marta Cirulli, quien dispuso la quiebra del Correo Argentino, una de las empresas del grupo Macri. Además de difundir profusamente una carta publicada en las redes sociales donde el ex presidente pretende victimizarse haciendo pasar un proceso de quiebra que lleva casi 20 años por una persecución y venganza política sobre su persona, fue Clarín el que, en una de sus habituales tapas tramposas, hizo un generoso aporte a la confusión de los lectores: “Polémica decisión de la Justicia: mandan a la quiebra al correo de Macri”, escribió el diario en su título central. ¿Polémica? Entonces: ¿por qué no fue “polémico” el intento de nombrar dos jueces de la Corte Suprema por decreto? ¿O el aumento del 4.000% en las tarifas de energía? ¿O la toma de la deuda más voluminosa de la historia argentina sin debate en el Congreso? ¿O la degradación de los ministerios de Salud y de Ciencia al rango de secretarías? La lista es larga y dolorosa, y las consecuencias de estas (y muchas otras) decisiones se proyectan dramáticamente sobre el futuro del país. Ninguna fue calificada de “polémica”.

Y ahora, el discurso dominante apunta a resentir la legitimidad del resultado de las próximas elecciones, esas que ya fueron ridículamente cuantificadas como “la distancia de siete diputados para caer en Venezuela” … ya estamos viendo al nutrido elenco de repetidores periodísticos en la tarea de abordar desde todos los ángulos posibles esa ecuación creativa que podríamos bautizar como el “postulado de Waldo Wolff”, aunque su anclaje con la realidad sea prácticamente nulo.

“Es sabido que es peligroso decir siempre la verdad”, cantaba rítmica y enérgicamente la recientemente fallecida Raffaella Carrá. Nadie les pide a los “periodistas independientes” que asuman el riesgo de decirla siempre… pero podrían probar de vez en cuando, como para experimentar una sensación diferente.