Por Juan Carlos Di Lullo

La cosa es así: se propone un “debate” y se monta una escenografía de pluralidad mediante el recurso de invitar a cuatro panelistas “independientes” (o sea, opositores a la administración de Alberto y Cristina) y a uno (o una) que muestre al menos una lejana simpatía por los gobiernos nacionales y populares, y luzca una mínima desconfianza hacia las teorías y las prácticas neoliberales; éste (o ésta) será el blanco de las descalificaciones y de los ataques de los demás (a estas alturas, el (o la) conductor(a) ya se habrá sumado a la mayoría del panel) y sepultarán hasta con gritos y/o afirmaciones incomprobables las argumentaciones que pretenda esgrimir quien fue colocado (o colocada) en estudiada minoría por la producción del programa. Con este sencillo trámite, queda salvada la apariencia democrática y la garantía de pluralidad que tanto le gusta simular y declamar a una agobiadora mayoría de programas “de opinión” en casi todas las señales televisivas.

Con orígenes en el siglo pasado, “Almorzando con Mirtha Legrand” es uno de los envíos que sigue cuidadosamente esta estructura. Con la conductora titular en cuarteles de invierno, su nieta actriz asume el papel de anfitriona estelar y su nieto productor maneja los hilos (y las finanzas) del programa detrás de las cámaras, de manera que todo queda en familia. Para ser estrictamente fieles a la realidad hay que admitir que el esquema de fingida pluralidad, a veces queda de lado: se producen entonces las “mesazas” que se transforman en torneos de agresividad hacia todo lo que huela a peronismo (o kishnerismo, como suele pronunciar un ex presidente de triste memoria) y en las que los invitados rivalizan en imprecisiones, prejuicios, exageraciones, lugares comunes y hasta en escenas impactantes de gorilismo explícito. Esta situación suele darse especialmente cuando los invitados son todos periodistas que habitualmente se cruzan en los pasillos de los medios hegemónicos o en los salones de cierta embajada para la celebración (ahora suspendida por pandemia) del 4 de Julio.

Entonces, a “los almuerzos” (como se le llama genéricamente al programa, ahora desdoblado en “La noche de Mirtha”, los sábados por la noche, y “Almorzando con Mirtha Legrand”, los domingos a mediodía) invitan, de tanto en tanto, a un personaje ajeno al grupo con el que la familia anfitriona se siente identificada social o políticamente. Esa persona deberá exhibir cualidades nada comunes para superar el trance. A veces, el milagro ocurre y, a fuerza de talento, carácter y formación política, el invitado “adversario” copa la parada y anota tantos a su favor. Pasó no hace mucho tiempo con la presencia de Leandro Santoro (Leandro, no el otro, Leandro) en la mesa presidida por la siempre elegante Juanita.

Hace pocos días le tocó al ex arquero de la Selección nacional Sergio Goycochea, aquel que, atajando penales en las canchas italianas nos encendió la esperanza de revalidar el título mundial en 1990, con un equipo remendado pero iluminado todavía por la presencia del astro más brillante que salió de los potreros argentinos para embellecer el fútbol de todo el planeta. “Goyco” cometió el pecado de no secundar los dislates que pronunciaba en el otro extremo de la mesa (mesaza) Martín Tetaz, la última adquisición de Juntos por el Cambio (que ahora cambió por “Juntos”, a secas), que se integró a las listas porteñas para las próximas elecciones legislativas. Tetaz es otro de los “no políticos” que se dedican a la política; se lo conoce como especialista en economía, aunque entre sus yerros profesionales se pueden citar sus dramáticamente erróneos pronósticos inflacionarios durante el macrismo (siempre a la baja, por cierto) y su decidido apoyo al sistema de los créditos UVA, a los que presentó como la solución para los adquirentes de su primera vivienda, y que resultaron un fiasco rayano en estafa, en beneficio (una vez más) de los bancos. Ahora en campaña, Tetaz dijo ante la impávida conductora heredera que hay que favorecer el empleo de los chicos de 14 años para estimular la creación de fuentes de trabajo sin riesgo para los empresarios, quienes podrían ofrecer retribuciones ínfimas bien recibidas por esos adolescentes trabajadores sin encuadre gremial. Goycochea no argumentó en contra, pero tampoco aplaudió la iniciativa cuasi medieval del candidato. Fue suficiente para desencadenar un huracán de improperios en su contra en las redes sociales, aludiendo a un presunto “cautiverio ideológico” del ex guardavallas por la sencilla razón de que trabaja como conductor en la TV Pública, o simplemente insultándolo con la fórmula infamante: “es kirchnerista”.

Tetaz, tranquilo con su exhortación a la explotación infantil en beneficio de los patrones, es la “sangre nueva que viene a renovar la política”. Esa renovación vendrá, al parecer, desde la coalición (ahora con nombre abreviado) cuyo gobierno endeudó como nunca antes al país, pisoteó las instituciones y hoy está acusado de haber asistido con pertrechos a la represión ejercida por un gobierno inconstitucional en un país vecino.

Atención al votar. El país no es una “mesaza”.