“Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo.

Puedes engañar a algunos algún tiempo.

Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”

Abraham Lincoln

 

Por Carlos Resio

Los Supersónicos era mi serie de dibujos animados preferida. Desde niño tuve un interés especial por la ciencia y la técnica y en la serie se desplegaban portentos tecnológicos que me mantenían absorto a la hora de tomar la leche. Con el tiempo, lo que parecía un futuro inalcanzable se volvió parte de nuestra vida cotidiana y hoy las videollamadas no asombran a nadie y menos a los niños de 8 años que a la hora de la merienda, si la hay, ya no miran dibujos animados sino que se entretienen hablando con sus amigos en video chat. En la serie, la señora Ultra Sónico usaba una máscara con la imagen de su rostro radiante para ocultar el verdadero tras una mala noche cuando por la mañana recibía una video llamada de alguna amiga chismosa. Este engaño inocente de un dibujo animado, ahora sospecho que nada inocente después de haber leído a Dorfman y Matelart en “Para leer al Pato Donald”, me sirve como imagen infantil y temprana de la profusión de mecanismos de engaño y fraude multimedia que llenan la cabeza de cuanto ser humano pisa nuestro mundo.

Así como nos adelantaba objetos tecnológicos que en el futuro nos facilitarían la vida, aquel dibujo animado ya preanunciaba que la técnica podía ser usada para crear falsas imágenes y falsas realidades, y vaya si lo han logrado. Los avisos publicitarios son una buena muestra de los mensajes para vender tal o cual producto mediante mensajes engañosos, disfrazando la realidad, exagerando bondades y escondiendo desventajas de su mercancía. La técnica publicitaria nos indica que deben cumplirse los preceptos incluidos en el siguiente  acrónimo nemotécnico, AIDA (atención, interés, decisión y acción) basados en las necesidades de los consumidores, especialmente la de seguridad personal y la de sus seres queridos. La intensa competencia que impone el capitalismo y su necesidad del consumo masivo e hiper concentrado ha llevado a las personas, impulsadas por agresivas y cada vez más engañosas campañas publicitarias, a consumir productos que no necesitan y que, incluso, atentan contra su salud y sus economías. El planeta está sufriendo este desenfreno y no hace falta que explique aquí que estamos en una loca carrera hacia la catástrofe. La era del plástico, con menos de 70 años de existencia, ha logrado crear, por ejemplo, islas de desechos sintéticos del tamaño de Francia que flotan a la deriva en los océanos.

A partir del auge de estas técnicas de comunicación en la década del 50 del siglo pasado, aunque hay experiencias anteriores, libros como Un mundo Feliz de Huxley y 1984 de Orwell sumados a la película El ciudadano Kane de Orson Welles que lo preanunciaban, la política vio en las técnicas de “mass medias” un recurso para “vender” a los candidatos como un producto a ser comprado. Es conocido el episodio del primer debate televisado de la historia, entre Kennedy y Nixon, en el que gracias a la imagen que presentó un joven y atildado JFK sobre un nervioso y “sudado” Nixon decidió al electorado y ayudó al primero a ganar las elecciones. En este proceso, los candidatos deben ser presentados mostrando virtudes y escondiendo defectos, la mayoría de las veces demasiados defectos, para lo cual la técnica necesita de mayores destrezas e ingentes recursos económicos. Nuevas dentaduras, implantes capilares, familias reconstituidas ad hoc y prontuarios ocultos y blasones inventados (estos últimos muy caros) que, entre otras delicias , prevalecen sobre las propuestas, ideas y programas que en verdad y en uso de la razón debería ser lo que más interesa a la ciudadanía.

En Argentina, hay bastante material para el análisis. Desde la metamorfosis estética del riojano inolvidable, pasando por el intento de deconstrucción de la imagen del aburrido, los errores comunicacionales del kirchnerismo hasta la actual experiencia amarilla (ahora entiendo por qué los actores abominan del amarillo). El asesor de Cambiemos ha llevado el engaño, la desfiguración de los personajes, la superficialidad de sus propuestas y la mentira sistemática a niveles inimaginados, aunque sabemos que no es una realidad solo de nuestro país y que son inventos foráneos las “fake news” y el “lawfare”, logrando el triunfo de un espacio político que la ciudadanía “compró” no por sus ideas y propuestas sino por el rechazo de la contraparte construido a través de mensajes de odio y un arsenal de mentiras y falsas construcciones que saturan a un electorado sin capacidad crítica y que se informa principalmente mediante la TV basura y las redes sociales sin posibilidad de salir de la trampa que la tecnología intensiva supone. El asesor de Cambiemos, el inefable Jaime Durán Barba, es un experto del engaño y de la construcción de falsas realidades sin escrúpulos. Su negro historial muestra daños sobre diversos países y comparte saberes y experiencias con otros colegas igualmente dañinos en todo el mundo. El problema es que el tipo es el único verdaderamente eficiente en su rol del mejor equipo de los últimos 50 años, los otros solo se dedican a llenar sus cuentas off shore y a destruir con sus no políticas los aspectos que ocupan sus ministerios y secretarías poniendo al país al servicio de intereses supranacionales y de concentración económica para llevarse ellos las migajas.

El daño que Cambiemos viene causando a nuestro país es enorme y de muy difícil reparación si no es a través de la firme voluntad del pueblo, pero el esfuerzo principal de quienes lideren esta reconstrucción, además de las funciones ejecutivas y legislativas, deberá ser el de reconstruir la subjetividad popular para recuperar los valores perdidos tales como la solidaridad, el amor por el sueño de la unidad latinoamericana, la justicia social, la independencia económica y la soberanía política de la que las minorías odiadoras abominan y sobre todo recuperar, el pueblo, su auto reconocimiento como un actor principal en la realidad de la política nacional. La batalla cultural deberá ser prioritaria y será responsabilidad de dirigentes y militantes recomponer la malla que supone un pueblo con capacidad de análisis independiente y crítico generando los anticuerpos sociales para que de una vez y para siempre los mecanismos de engaño que nos ha traído este gobierno de cínicos y granujas no vuelvan a tener efecto.

El estado de cosas hace cada vez más difícil disfrazar esta espantosa realidad que sume a millones de compatriotas en la miseria y el esfuerzo de los medios y periodistas cómplices del gobierno PRO/Radical ya no alcanza para ocultarlo mostrando su patética cara de entrega e indignidad con intervenciones que los convierte en personajes repudiables que avergüenzan su profesión. Es por esta dificultad para mantener el engaño que el gobierno no dudará en utilizar medios más drásticos y hasta ilegales, como que ya lo está haciendo, para mantenerse en el poder por lo que deberemos estar alertas a intentos de fraude electoral, inimaginadas acciones judiciales y las trapisondas a las que nos tienen acostumbrados. Nada debe sorprendernos del gobierno que no duda en reprimir la protesta social llegando a asesinar a quienes participan de ella. En este sentido, después de un triunfo del espacio nacional y popular en las próxima elecciones nacionales, no deberemos relajar esa alerta ya que vinieron para destruir el sueño popular para convertir a la Argentina en un país para pocos y al servicio de intereses internacionales y no aceptarán haber perdido la oportunidad que se les dio en 2015 y que seguramente perderán este año por la brutalidad con que agredieron al pueblo sin haber logrado consolidarse.

No debemos desanimarnos ante tanto estropicio, el pueblo argentino como protagonista recuperará su soberanía y abrazará la democracia que es el único sistema que nos asegurará un destino de felicidad dejando atrás estos cuatro años de pesadilla que pasarán a formar parte de nuestro capital de aprendizaje para que las futuras generaciones caminen a paso firme hacia una Argentina digna y próspera junto a una continente unido como la soñaron nuestro padres. Una nueva democracia es deseable y posible, desde el Manifiesto Argentino proponemos ideas, militancia, pasión y amor por la patria con la intención de recuperar la confianza de tantos compatriotas lastimados, dejando a los mercaderes de la mentira sin negocio, para nuestro país y nuestra querida Latinoamérica morena.