El río oscuro (fragmento) – Alfredo Varela

Este tan chato y dormido río, este apacible buey de agua que procuraba pasar desapercibido tras su tímido balanceo entre las orillas, no era el que había conocido vertiginoso y brutalmente varias horas antes; ni la rabiosa perra cuyos dientes amarillos lo habían triturado durante minutos que valían por años; ni la delirante tromba que lo arrastraba como una hoja desprendida y sola por los cerrados caminos del agua. No. Ya no creía en esto que ahora se presentaba como una caricia de aceite lustroso ni podría creer nunca más. Aunque continuara viéndolo así, domesticado y bonachón, en la paz de sus amplias canchas, en la premura jubilosa de sus correderas o en la suavidad viscosa con que lame las costas cercanas, ya no podría confiarse jamás sin recelos a su abrazo siempre dispuesto. Ahora había visto su rostro tormentoso y esa boca alucinante en la locura del remolino, recordaba cómo había abierto repentinamente su abismo de piedra para envolverlo en su oscuro abrazo. Recién ahora media la exacta identidad del río. Nunca más podría engañarlo

Por Carlos Resio.

Uno de los aspectos que atrajo mi atención en el libro Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain, que leí una de esas síntesis ilustradas para niños antes de leer la versión original, fue la descripción del ambiente litoraleño en que se movían Huck y Jim. Sucedió que mi río Ctalamochita era ese Misisipi oscuro, con orillas boscosas, pájaros y aventuras. A pesar de la prohibición de mi mamá, nos escabullíamos con mis hermanos y el gordo, mojarrera en mano y gomera al cuello, a buscar que algo extraordinario ocurriera. Un nuevo recodo inexplorado, una isla con densa vegetación donde habitaban nutrias, cangrejos y tortugas o, en mi anzuelo, un bagre que crecería con cada relato. Ese era el paisaje de barrancas, bosque, pájaros y peces que se fue, ya no existe ese lugar, solo en mis recuerdos. Hoy la extensión de la avenida costanera, que se interna hasta donde era mi “terra incógnita”, emprolija la rivera raleando árboles y maleza dejando poco para fauna y flora silvestre. Más allá, fuera del ejido urbano, la labranza agropecuaria llega hasta la orilla misma del río, vomitando herbicidas y basura desaprensiva en el otrora limpio caudal. Ya no es común ver chicos con mojarrera y gomera al cuello, no hay para qué. El disfrute de aquel idílico entorno natural fue reemplazado por un “youtuber” que se expresa con extraño acento en la pantalla del celu.

Las vueltas de la vida me llevaron a Posadas, otra selva, otro color de tierra y otro río pero con el mismo destino de desprecio y maltrato. Una gigantesca represa lo detuvo, la extracción de madera y la urbanización modificaron sus costas y sumados los vertidos urbanos primero y la peste química del mono cultivo luego, enfermaron al río gravemente.

Ahí están los ríos, antes paisaje de aventuras, goce y regalo de la tierra, hoy monetizados por un utilitarismo que solo ve en ellos una fuente de riqueza extractivista cuando no un vertedero. Claro que esto no es nuevo, sirva el ejemplo del Riachuelo en Buenos Aires y la represa en Carcarañá que cortó en dos el Ctalamochita y desde entonces evita la migración de peces río arriba reduciendo de mas de 200 especies a menos de 30, pero es mi momento histórico el que me interpela. La degradación de ese ambiente natural que disfruté en mi infancia se produjo frente a mis ojos que no la vieron y no sé cómo explicar por qué. No es consuelo pensar que no lo vi, no alcanza porque sigo con la sensación de que no es suficiente lo que hago hoy. La devastación ecológica que sufre la tierra por la voracidad de un sistema social y económico de feroz e insaciable extractivismo capitalista que hace oídos sordos a las señales de alarma no tiene otro destino que el del colapso. Las organizaciones ambientalistas, las comunidades originarias, muchas personalidades del mundo científico y político lo vienen gritando en los foros mientras los personeros del poder los desacreditan y agreden obscenamente como fue con Greta Thumberg o el asesinato de dirigentes campesinos y sociales quienes parecieran ser parte de la última línea de defensa.

En Misiones, los ríos Paraná y Uruguay, pero también otros afluentes, son objetivo de represadores que ensayan cantos de sirena y falsos argumentos para convencer a un pueblo que nuevas represas traerán prosperidad a la región. Como si no tuviésemos ya experiencia del daño que la represa de Yacyretá dejó aguas arriba del cierre desplazando a cientos de miles de personas y empeorando sus ya precarias condiciones de vida, obturando el natural desarrollo del río enfermándolo, eliminando de un plumazo un ámbito natural único en el planeta e instalando enfermedades desoyendo las indicaciones de la OMS que desaconseja la construcción de mega represas en regiones subtropicales y tropicales. No les bastó el categórico 88,6% por NO a las represas que el pueblo misionero expresó en el plebiscito de 1996, ahora van por dos represas en el río Uruguay y otras en los ríos Piray Guazú y Piray Miní además de insistir con la de Corpus Christi sobre el Paraná rechazada en la consulta popular. Desarraigo, degradación del río y perdida de ámbitos naturales a cambio de llenar los bolsillos de empresas constructoras multinacionales, entregar energía a los grandes centros industriales y proveer de una vía barata para llevar la soja del expoliado oriente paraguayo. De desarrollo local apenas las migas, Misiones sigue siendo una de las provincias más pobres del país y eso no cambió a pesar de Yacyretá y queda un río enfermo y el daño social.

La desigual pero obstinada pelea que desde hace años vienen dando espacios ambientalistas, en especial la Mesa por el No a las Represas y el Movimiento Ríos Libres, que en sintonía con otros colectivos de todo el país y la región son una barrera contra los intereses represadores necesitan que la sociedad toda se comprometa con la pelea y se oponga también a la connivencia de los gobiernos, se lo debemos a la tierra y a los ríos, se lo debemos a nuestros hijos, para que vuelvan al río a compartir aventuras con Huck y Jim.