por Garba

Hace unos días anduve por buenos aires. Esta imagen se repite al infinito. Al llegar a Retiro, caminé amaneciendo las cuadras que te separan del subte y me encontré con esta foto multiplicada. Muchxs trabajadorxs, doblando sus ropas, acomodando sus cartones, armando sus carritos de café o de tortillas, una señora grande, muy grande, sentadita mirando cómo le movían lo suyo.

Al llegar al subte, hice combinación y en una de las vueltas subterráneas, me topo con una familia que amanecía apostada en una esquina de lo que antes fue uno de esos mostradores que tenían las estaciones de la línea A. El hombre se preparaba el mate, la mujer y el pibe, de unos 4 años, aún dormían y nosotrxs les pasábamos por al lado, esquivándoles el living, la cocina, el comedor.

Miré para abajo, con pudor, no quería que el hombre me viera mirándole su interior de ajuera, tenían un pata/pata de plástico duro como los que usó mijo. Claro, pensé, para que el nene juegue.

Llegué a Primera Junta lagrimeando, con todas las sensaciones que se me mezclan cuando piso buenos aires, y con el pata/pata del nene clavado en el alma.

Una mierda que se repite: la indiferencia de un pueblo que se permite bajar y bajar y bajar escalones y normalizar la indignidad de sus hermanxs.