Por Lía Chambeaud. 

Es que sólo la muerte recupera la vida?  Por qué necesitamos una pandemia para cambiar el mundo?. Será que se puede cambiar el mundo para que sea más humano, más igualitario?

Alguien dejará de comer diez pedazos de torta para que todes coman uno?

Hecha así esta pregunta parece simple, casi infantil, casi un intento pedagógico para que les alumnes aprendan a contar hasta diez, a dividir y multiplicar… y entonces, para que entiendan, les proponemos  que nos respondan según lo que ven. “si tenemos diez manzanas y diez cajas, cuantas ponemos en cada una”?

Seguramente nos dirán una en cada una. Pero si el contexto donde lo mostramos es el mundo, tal vez las repuestas que busquemos sean otras. Parecería que la mayoría aprendió a sumar, a  multiplicar, pero solo unos cuantos a dividir.

El capitalismo no se caracteriza por mirar a las personas como iguales, las ubica según el lugar que ocupan en la relación entre capital y trabajo y dónde las coloca el mercado. Eso es lo que venimos asumiendo como natural desde la colonia que no solo conquistó el continente, sino también nuestras mentes.

Cuando caminando mi ciudad, paso por un colegio que “educa” alumnas desde hace más de 100 años y leo en el cartel que lo identifica, “Somos las esclavas de Jesús”… Y cuando sigo viendo gente que se arrodilla y le besa la mano al Papa o a los obispos… y en varios países, siguen admirando y sosteniendo a los reyes, para sentirse súbditos, “objetos”  de los derechos del monarca”. Y un presidente de nuestra Argentina que nos avergüenza, pidiendole disculpas al rey de España por habernos independizado.

Y si extendemos la mirada… los esclavos que el imperialismo sigue sosteniendo y más allá…. George Floyd  y tantos que piden auxilio por que no pueden respirar… muertos y asesinados… y por acá un trabajador rural muerto por policías que tiran su cuerpo como un desperdicio a los chanchos. Y veo con angustia los fanatismos y no tanto, religiosos e ideológicos, que denigran y no les dan existencia ni entidad a las etnias originarias, ni a las razas no blancas, a las mujeres, a los débiles, a les negros, les pobres grasas y más…y seguimos aceptando, sosteniendo y naturalizando que así es el mundo.

Me pregunto

¿Qué mundo puede emerger después de esta catástrofe?  Si las catástrofes nos vienen acompañando sin necesidad de que apareciera este virus. Retomo a Naomi Klein en su libro La doctrina de shock, en el que dice claramente, que  “las elites poderosas suelen aprovechar los acontecimientos catastróficos para instalar reformas impopulares, rediseñar sistemas económico-sociales o, directamente, saquear los bienes públicos y hacer pasar la operación como una “atractiva oportunidad del mercado”.

Pero les utópicos y aún les poco optimistas, sin embargo, coinciden en que parece que es necesaria esta catástrofe, este virus –que según rezan es democrático y no distingue entre pobres y ricos o entre estadistas o ciudadano común”–para que el mundo cambie.

Entonces. Debíamos esperar que un virus nos enseñe qué es una democracia?  Nos dimos cuenta que no vivimos en democracia recién ahora que las desigualdades son imposibles de tapar?

El pánico y la incertidumbre nos acompañan, actuamos por eso? Actuamos rápido frente a este virus y nos cuidamos igual que frente a un virus virtual, que nos puede hacer perder todos nuestros datos? La vida real y la virtual nos están uniendo más que la solidaridad, la igualdad y los derechos de todos, todas y todes?

Se han escrito, innumerables libros, artículos, opiniones, y dictado conferencias, foros y realizado películas, obras de arte, y fueron muchas las luchas libertarias  y revolucionarias de grupos y pueblos, que  visibilizaron y denunciaron estas desigualdades, matanzas, depredaciones, y de cómo el poder, encubierto en teorías, culturas y religiones, las naturalizan, y las sostienen. Y hemos aprendido dolorosamente, que, “A LA HISTORIA LA ESCRIBEN LOS QUE GANAN”.

Pero  es ahí, donde también los pueblos, nuestros pueblos, aprendieron y aprendimos que la lucha no termina, porque haber perdido batallas no necesariamente implica haber perdido la guerra.

Veo con agobio la colonización que seguimos sufriendo, pero es la batalla que aún nos debemos y tal vez la pandemia nos acompañe en este encuentro, haciéndonos pensar y preguntarnos,  quizá, cómo hacer para que si hay diez manzanas y diez personas, todas tengan una… y lograr un diez en matemáticas porque aprendimos a dividir.

La autora es Profesora de Pedagogía