“Usted es libre para hacer sus elecciones

pero es prisionero de las consecuencias”

Pablo Neruda

Por Carlos Caramello 

Es una victoria sin derrota”, explicaba Justo José de Urquiza tratando de atenuar Caseros. Pero consciente de los cambios que el resultado de aquella batalla introducía en el devenir de la Patria. Se estaba dando inicio a un ciclo que consumaría el centralismo porteño y sometería a la provincias a vivir la falsa nomenclatura de un federalismo a la unitaria. Hasta hoy.

Paralelismos aparte, los resultados del domingo despliegan datos que exceden a la cantidad de bancas obtenidas aunque, de todas maneras, el Frente de Todos conserva la primera mayoría en ambas Cámaras.

Para empezar, los votos: poco más del 71% del padrón: el menor porcentaje desde la recuperación democrática, lo que habla a las claras de cierto descontento (disincanto diría Giovanni Sartori) del pueblo con los políticos o, como lo explica Mirta de La Matanza, de forma bastante más contundente: “calientan menos que un ventilador en invierno”.

Quizá eso explique (al menos en parte) la emergencia de un personaje como Javier Milei que, con su discurso facistoide -cargado de una violencia simbólica y no tanto como casi no se ha visto en la política local-, obtuvo más de 300 mil votos y dos bancas en la Cámara de Diputados.

Otra señal clara de los resultados y su disposición en el mapa de la Argentina es que, aquellos gobernadores capaces de hacer peronismo en su versión más clásica, terminaron revirtiendo los resultados adversos de las PASO: Jorge “Coqui” Capitanich en el Chaco, que no sólo venció a sus opositores sino, también, a las inclemencias climáticas y Gustavo Melella en Tierra del Fuego, que revirtió el guarismo desfavorable y sacó 11 puntos de ventaja.

Otro “ganador”, aún perdiendo, fue Axel Kicillof que recuperó varios puntos y logró romper con la mayoría de Juntos en el Senado provincial. Esto, que acaso no parezca demasiado relevante para los que creen que lo único políticamente importante es lo que comentan los medios de CABA, fue destacado por el gobernador bonaerense en su discurso de la noche de la elección. Porque hasta ahora, ese Senado que seguía siendo Vidal dependiente, fue la mayor máquina de impedir que tuvo que enfrentar el Frente de Todos. Es probable que a partir del 10 de diciembre, más de uno muestre su dictilidad para el salto con garrocha… ¡Éramos tan pobres!

Este es un dato no menor porque limpia el panorama legislativo y va a permitir acciones de gobierno demoradas por la resistencia del “vidalismo apátrida”. Otro dato relevante del discurso de Kicillof es que él mismo se auto-excluye de la puja presidencial para 2023 y presenta un plan quinquenal como confirmación de que el suyo es un proyecto de 8 años. Una buena señal para los bonaerenses que, hace ya varias décadas, viven en estado de síndrome abandónico… justificado.

Rotundo cachetazo para los gobernadores cuasi peronistas que coquetean y algo más con la derecha sojera (Schiaretti, Perotti y Bordet, etc). Fueron asolados por Juntos por el Cambio. Y está bien: si tenés a los originales, ¿por qué vas a votar una copia de mala factura? Y hablando de soja, sojeros y afines: tanta dulzura, tantos melindres, tanta reverencia en esta extraña danza que baila el gobierno con terratenientes y dueños de pools de siembra y, al final, la patria sojera lo mismo vota en contra. La pregunta es si, estos resultados no están pidiendo que retomemos retenciones del 35% o más y repartamos ese dinero entre los más necesitados del Conurbano. O sea…

En San Luis, en La Pampa y en Chubut, las internas entre dirigentes estamparon derrotas innecesarias. Queda claro que es hora de recuperar el PJ Nacional, fortalecerlo y ordenar al peronismo de todo el país para evitar estas cuestiones de alcoba que terminan lastimando siempre a los más débiles. Reza un viejo proverbio hindú; cuando dos elefantes se pelean, la que sufre es la hierba.

Finalmente, para cerrar con el campo casi nacional y más o menos popular, estas elecciones han dejado claro el casi nulo aporte del massismo. Da la sensación de que si Massa rompiese hoy su acuerdo con el Frente, no se sentiría en términos electorales. Como si todos los votos que, alguna vez lo acompañaron, ya no estuvieran ahí: acaso fugados hacia “otras playas más reales”. Cosas de tránsfugas.

Por el lado de Juntos x Cambio, las caras que había sobre el escenario cuando, la noche del domingo, Horacio Rodríguez Larreta dijo que “la grieta no le sirve a nadie” hablaban a las claras de que están estallados. Macri, atrás, casi oculto, mostraba un gesto de velorio que ni te digo aunque no se privó de juguetear con la trastienda de un Tetaz entre sorprendido, arrebolado y complacido. Patricia Bullrich ni siquiera pudo producir su famosa sonrisa falsa y apenas logró una mueca que, si la agarra el protagonista de la serie “Lie to me”, se hace un festín.

La única que reía con toda la dentadura era María Eugenia Vidal, a pesar de que no iba a poder pedir la presidencia de la Cámara Baja. Cabeza de un gran fracaso -no llegó a los 50 puntos promedio que venía trayendo Horacio en cada elección y perdió seis bancas de diputados en la Ciudad- este resultado estaría sepultado su carrera política. Lo veremos con toda claridad en su actividad como legisladora porque, en Diputados, le pueden “clavar una lápida o levantar un manolito” sintetizaría Domingo Tinguitella.

Santilli tampoco tenía ningún motivo para la felicidad. Empató en la cantidad de diputados nacionales; empató en la cantidad de senadores provinciales (lo que le quita la mayoría a Juntos y pone las votaciones para que las defina Magario. Dicen en los mentideros de La Plata que el procurador cambiemita Gerardo Conte Grand ya empezó a armar sus petates), y encima, el “Colo”, anda desesperado explicando que el oficialismo no tiene nada que festejar porque los que ganaron fueron ellos. Gente que confunde la política con la aritmética… ¡Portantiero, perdonalos!.

Finalmente, una apostilla sobre esas cosas que produjeron una fuga de votos del Frente de Todos hacia la izquierda y que tienen que ver con cuestiones como que Milagro Sala siga siendo una presa política mientras el Canciller y sus adláteres, Gustavo Béliz y Jorge Argüello, votan en contra de Nicaragua en la ONU, diciendo que en ese país hay presos políticos. Más cínico que Diógenes, el perro, don Cafierito.