por Miguel Núñez Cortés
 
Cuenta Juan Zapato en su blog La Torre de Babel que el famoso poema que comienza con “Primero se llevaron a los comunistas pero a mi no me importó […]” atribuido a Bertolt Brecht, el genial dramaturgo alemán, fue realmente escrito por el pastor luterano alemán Martín Niemöller. No repito esos versos por considerarlos muy conocidos y muchas veces citados.
 
Agrega Zapato que para algunos fue llevado a conocimiento público por primera vez en el sermón que el pastor luterano Niemöller pronunció en la Semana Santa de 1946 y que tituló “¿Qué hubiera dicho Jesucristo?» en referencia a la apatía del pueblo alemán ante la crueldad nazi. 
 
Rafael Martínez en un hermoso artículo publicado por el diario El País de España señala que Martin Niemöller (1892-1984) fue un héroe alemán de la 1ª Guerra Mundial, quien desde el campo del protestantismo, fue uno de los primeros y más tenaces críticos del nazismo y constituyó un movimiento de resistencia denominado Iglesia Confesional.
 
Personalmente, Hitler ordenó su arresto y fue confinado hasta el final de la guerra en los campos de concentración de Sachsenhausen y Dachau.
 
Salvó la vida gracias a la presión de la poderosa iglesia luterana y otros organismos internacionales. Después de la guerra promovió la «Confesión de Culpabilidad de Stuttgart», y fue cada vez más conocido como pacifista inflexible y abogado de la reconciliación.
 
Últimamente se han comparado a los excesos del régimen del «mundo mácrico» con esos otros excesos, no faltando quien por falta de erudición o mala fe, lo haga -por extensión- con otros extremismos de la Segunda Guerra Mundial, sin descartar el fascismo, el stalinismo, el franquismo o el salazarismo portugués.
 
Sin caer en las medianías de Nicolas Chauvin, un personaje histórico francés condecorado en las guerras napoleónicas, no estaría mal puntualizar algunos, solo algunos, de las cosas que se van perdiendo sin importarnos, pues la situación social y económica relativa, «esa que se ganó cada uno en los últimos 12 años», no llega a alcanzar a la totalidad de los argentinos. Las clases medias altas y altas no entienden ni se preguntan, por ejemplo, por Santiago Maldonado. Es más, les molesta la sola mención de nuestro joven forzosamente desaparecido.
 
Dicho en primera persona se podría emular a Martin Niemöller  y decir:
 
•Tuve vacaciones anuales que crecían en su extensión cada cinco años de antigüedad en mi trabajo Cobraba un sueldo trece, más conocido como aguinaldo • No era raro además que como la masa de ganancias se repartía 50% y 50% entre patrones y obreros, los trabajadores recibiéramos un premio anual extra.
 
Mi horario laboral era de lunes a viernes 9 horas, con una hora intermedia de descanso.
Si trabajaba horas extras los sábados por la mañana, me las liquidaban un 50% más; si lo hacía el sábado por la tarde o el domingo me las pagaban al 100%, igual que en feriados y días no laborables.
 
Si enfermaba durante las vacaciones, se suspendía inmediatamente el período de descanso, retomándolo una vez logrado el alta médica. Recibía ropa de trabajo, a medida, y me la renovaban dos veces por año También contaba con todo lo concerniente a la seguridad laboral como arneses, cascos, guantes, zapatos de seguridad, anteojos, etc, tanto para hombres como para mujeres 
• La leyes de seguridad industrial y según el número de operarios, obligaban a contar con una enfermera y médico en fábrica, con elementos de primeros auxilios como desfibrilador cardíaco, oxígeno, camillas especiales, sillas de ruedas y todos los medicamentos asociados al accidente laboral.
 
Si el trabajo era riesgoso o insalubre tenía jornadas reducidas. En algunos casos hasta podía jubilarme antes. •Esperaba con ansiedad la renovación anual del convenio colectivo de trabajo, tratativas a cargo de  mi organización gremial confederada Los hoteles del sindicato eran excelentes y se sostenían con la cuota mensual • El mar, las montañas, los lagos, ya no estaban tan lejos y pude viajar por Aerolíneas Argentinas • Los jubilados también accedieron sin reparos ni cortapisas a estos beneficios sociales, y fueron millones los que pudieron cobrar un haber mensual, por el solo hecho de haber sido trabajadores en su larga vida • Pareció algo de fantasía cuando se logró la actualización de los haberes jubilatorios dos veces por año. 
 
• La Obra Social prestaba servicios de salud para toda la familia. En algunos casos a través de convenios, lograba comprar alimentos a menor precio. En algunos casos aprendí a organizarme en mutuales y cooperativas •Los instrumentos en materia de préstamos para la primera vivienda propia, eran asequibles para obreros y empleados, los ocultos asalariados (esta denominación es poco asimilable por los de cuello y corbata) • Los alquileres no eran leoninos y había entidades que me ofrecían créditos blandos para pagar el mes de adelanto y el fondo exigido por el propietario.
 
•Mis hijos – cada uno – trajo una computadora a casa que les dieron en la escuela pública y la familia toda se incorporó al mundo misterioso de la informática (no quedaron afuera ni los abuelos ni las tías viejas) •Se les hizo realidad la posibilidad de iniciar estudios superiores en Universidades distribuidas en zonas calificadas como de medianos y bajos recursos económicos • Eran los edificios universitarios los que se acercaban a los alumnos, ampliando la oferta educativa, a la vez que los jóvenes de las barriadas humildes dejaban de trasladarse  Las madres sabían que la cercanía disminuía los riesgos inherentes a los horarios nocturnos.
 
…..y todo esto nunca fue importante para mí. Jamás, por bruto o inconsciente,  lo asocié a la lucha de quienes se sacrificaron antes para lograrlo, los que tuvieron la visión política de permitirlo, y ni siquiera recordé haberlo usufructuado.
 
….. *ahora trabajo 12 horas por día *no cobro horas extras, *mis vacaciones son de 10 días corridos y la patronal dice que «si estoy de descanso no trabajo» y entonces no debo cobrar las vacaciones *toda la obra social está intervenida por un organismo manejado por CEOs devenidos de la banca privada  * ya no se pagan más horas extras, pues los productos importados han reducido la jornada laboral para sacar un crédito para la vivienda propia, me piden el buco-dental del perro *las zapatillas o alpargatas no aguantan el fierrazo -como lo hacían los zapatos de seguridad con punta de acero-, y devienen las amputaciones de hecho *dicen los médicos que trabajar cerca de las altas temperaturas -sin ropa de protección- me calcina la vida y la vista y deja estéril la falta del guardapolvo de plomo al soldador *el consultorio médico solo se abre cuando alguien del ministerio avisa a la fábrica que envían la inspección de rutina; dicen que así se reducen costos espero con ansiedad que cada dos años la patronal me de un aumento mínimo, para poder comer y seguir trabajando *son pocos los chicos que terminan el secundario y ya no piensan en la Universidad, a las que les han congelado o disminuido sus presupuestos anuales Ya nadie quiere ser maestro de escuela primaria, por lo magros sueldos y las condiciones de trabajo han vuelto a trabajar los niños y niñas, cómo y dónde se puede • una rebaja en la fórmula del índice del ajuste jubilatorio presagia males mayores los traslados son cada vez más caros por las quitas de subsidios los controles prenatales y el plan de vacunación obligatoria, extensivo al ancho territorio de la  Patria amada, son un recuerdo *para la salud ya no vamos al médico ni a la farmacia, nos arreglamos con medicamentos caseros y ha retornado la aspirina, las gárgaras de bicarbonato, el té caliente y el transpirar bajo la manta prestada de la abuela.
 
….cuando me dí cuenta de todo esto, me tocó a mí, pero ya era tarde.