Por Alejandro Mosquera

Un descubrimiento que todos sabíamos. Javier Milei reconoció que trabajó para el dictador y genocida Bussi. La vieja historia se hace presente y que muchos quieren ocultar, es que los neoliberales no son liberales ni en la política ni en la vida social. Siempre quisieron el estado para utilizar su poderío a favor del libre mercado. Es decir que las grandes corporaciones exploten a los trabajadores sin limites, que se apropien de las riquezas nacionales sin regulaciones estatales, que el capital extranjero se apropie de todo lo rentable. Para el diseño de “su país” con 15 millones de habitantes y un todo poderoso 1%, necesitan de la fuerza disciplinadora del estado para los 30 millones de compatriotas que sobran.

Cuando ellos quieren exterminar el populismo no se refieren a dirigentes, sino que odian la capacidad de creatividad, de rebeldía, de libertad de los pueblos.

De libertarios no tienen nada. Son autoritarios y en cuanto pueden ejercen la violencia discursiva, legal o ilegal, la represiva abierta o en la oscuridad  cuando el pueblo quieren ejercer la potencia revolucionaria de la democracia. Solo basta recordar dictaduras, proscripciones, desconocimientos de resultados electorales, genocidio, presos políticos por el lawfare, demonización de lideres sindicales y populares, para entender, solo basta mirar sin las anteojeras de la colonización de las miradas.

Otra que sabíamos casi todos. María Eugenia Vidal explicitó que está bien fumar marihuana en Palermo y es un delito peligroso en la villas.  Mostró su discriminación hacia los pibes pobres, es decir para la inmensa mayoría. Nada nuevo en la exgobernadora. Mirando mas profundamente es la coherencia desde cuando participo de la fundación Grupo Sophia creada por Rodríguez Larreta en la época que fue funcionario de Cavallo y defendían el giro neoliberal del Gobierno de Menem. Luego siendo funcionaria del Macrismo en la colonización que hicieron en la ciudad y en el gobierno de la provincia de Buenos Aires. El clasismo reaccionario siempre se expresó con dureza en la candidata . Su visión sobre la escuela publica, sobre la universidad pública, sobre los maestros, sobre la salud pública, sobre las ocupaciones de tierras, está cruzada por la misma impronta.

Otra “novedad” con los ojos cerrados. La dirigencia política en todas sus expresiones tratando de llegar con su mensaje a los jóvenes. En su mayoría creen que interpelarlos es un problema solo de forma en lugar de contenidos. Miran con preocupación el bajo interés en la política y entonces creen que se los puede convocar desde afuera de la la misma. O sea aceptan el campo de batalla que crean desde el poder real, sin avisparse que en ese terreno gana siempre la anti-política y por lo tanto se refuerza el poder.

Los grandes momentos de participación juvenil provienen de las convocatorias a grandes causas. La resistencia, el luche y vuelve, el Cordobazo, el 73 , la lucha contra la dictadura, Malvinas,  la conquista de la democracia en el 83, el derrumbe de la institucionalidad neoliberal en el 2001, Néstor bajando el cuadro de Videla y ampliando  y respaldando el proceso de Memoria, verdad y Justicia, Cristina dando batalla por la Ley de medios y el reconocimientos de derechos, las luchas contra la violencia de genero y por conquistar la igualdad desde el feminismo. Seguramente se pueden agregar otras tantas. Cada momento, cada generación construyó su forma de protagonizar, y siempre seguirá transformándose creativamente, pero hay un hilo de rebeldía al status quo de un país tan desigual. La  convocatoria es entonces desde la política, de una mejor y mas comprometida.

Así transcurrió el debate electoral con pocas ideas.  El poder real trata de imponer la despolitización de las elecciones, que avance la banalidad. Hay que romper esa trampa. Por que, si los mejores candidatos son los que dan bien los medios, y los que dan bien en los medios son los que aceptan la agenda que nos imponen estamos en un terreno pantanoso.

El desafío enorme de nuestro pueblo

Conviene volver una vez mas a Megafón de Marechal para comprender la profundidad del desafío nacional. Cuando nos relataba las dos batallas que librábamos y seguimos librando. La terrenal y la celestial.

El movimiento popular vive dos grandes batallas en un solo momento Tan unidas que de no darlas las dos a la vez asegura su derrota.

La batalla terrenal contra el poder real que empuja hacia una gobernabilidad basada en mantener el modelo de país neoliberal. Y uno de sus capítulos pasa por derrotar electoralmente a Juntos por el Cambio como expresión política ocasional de los intereses del poder

Y la batalla celeste por superar el posibilismo como expresión en el movimiento del culto a un conservadurismo donde nunca es el tiempo de las grandes transformaciones que necesita el país. Y que se materializa en una fenomenal batalla contra el poder manipulador de las grandes empresas con medios hegemónicos y el capitalismo de vigilancia que agrede la subjetividad de los argentinos tratando de modelar nuestras conductas y sueños. Es también en definitiva una batalla por lograr construir un rumbo mas profundo y transformador de nuestro movimiento y nuestro gobierno.

Quienes siguen esta columna saben que no adhiero a la forma hegemónica de hacer política de esta etapa basada en la mediación exclusiva  por los medios en la relación entre los dirigentes  con nuestro pueblo. A veces parece cuando uno mira los diarios y portales que los hechos políticos trascendentes lo realizan las elites y su ágora son los set televisivos,  los spots por todas las plataformas o la ocurrencia tuitera,  pero cuando uno recupera la memoria y mira y estudia la historia del mundo y los argentinos, sabe que las mayorías se abren paso a veces con el estandarte desplegado y otras subterráneamente, que en definitiva la patria la construyen los pueblos. Y los grandes liderazgos nacieron de poder expresar esos sentimientos, broncas, cansancios, sueños y voluntad de millones Y eso nunca se encontrará discutiendo todos los días entre nuestros representantes y los editorialistas del poder corporativo.

Hay un dialogo popular por fuera de las elites que viene creciendo y que ellos solo detectan cuando se transforma en movilización, en multitud. Ese entramado que no aparece en la tele. Esos dolores populares, esa desigualdad extrema que vivimos, la falta de trabajo, los pibes que la escuela debe recuperar, la vergüenza de tanta pobreza en las niñeces necesita liderazgo para convertirse en bandera.  Y la bandera se convierte en proyecto nacional, y el protagonismo popular en poder de un pueblo que construye la verticalidad de abajo hacia arriba.

Nadie construirá el destino por nosotras y nosotros. Les igualitaristas no son un partido, tampoco es todavía un movimiento, pero crece desde el pie. Se discute en las casas y familias, en los laburos y la escuela y la facultad. Es la base de un proyecto alternativo para salvar al mundo y al país del desastre climático y del capitalismo depredador.

La esperanza es una savia que se construye hacia el futuro, pero tiene raíces en la historia de los pueblos.  A las y los militantes políticas/os y sociales,reitero un breve mensaje:  un lema de La barraca que recupera de Antonio Gramsci: “Instrúyanse, porque necesitaremos de toda nuestra inteligencia; Conmuévanse, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo; Organícense, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza”.