por Miguel Núñez Cortés
 

Calamar, sí, eso quiere decir Lula en gallego. Querido “calamar”, querido “Lula”, amado Presidente Luis Ignacio Da Silva, los ibéricos de Latinoamérica te respetan y te llevan de ejemplo. Dicen que tú sacaste de la ignorancia, del submundo del hambre y la indigencia a más de 30 millones de personas.

Por eso la admiración por ti, estimado compañero “Lula”, por parte de los que conocen la pobreza y han tenido su corazón apretado por la estrechez.
La pobreza posee un carácter multidimensional y complejo al implicar elementos materiales, como el hambre, la malnutrición, la falta de seguridad alimentaria, la falta de agua potable y para la higiene personal, los problemas de salud ligados a enfermedades fácilmente curables con las medicinas y conocimientos actuales, las viviendas precarias e insalubres, el desempleo y el subempleo, y la escasez de ingresos económicos, así como elementos inmateriales, como el analfabetismo, el acceso restringido a centros de educación y a otros servicios públicos, la exclusión y la marginación social, la violencia y, en definitiva, la falta de perspectivas y de esperanzas de que la situación mejore, que empuja a la desesperación.

Y si alguien se pregunta por el odio de la élites pudientes hacia esos pocos hombres y mujeres que la voluntad popular pone de tanto en tanto en medio de sus pueblos -para conducirlos a un lugar más digno- es imprescindible señalar que esas mujeres y hombres providenciales devuelven, reintegran, derechos de participación política a tantos que vivieron dentro de una limitada capacidad de expresión, en cuanto a expresar las necesidades e intereses, en el ancho espectro de la vida pública.

Por este motivo, cabe preguntarse qué significa la libertad para quien no tiene suficiente para comer e incluso se muere de hambre, pues los derechos humanos y del ciudadano carecen de sentido para aquellos hombres que vegetan en el hambre, la enfermedad y la ignorancia.
Ello se debe a que la pobreza constituye un importante freno para alcanzar los medios de comunicación y el acceso a las instituciones, los mercados, el empleo y los servicios públicos, lo cual facilita que estos sectores de población sean olvidados y marginados por los encargados de elaborar y decidir políticas. A más pobreza, menos participación en la cosa pública.
La pobreza supone la antítesis del desarrollo social, una brutal y violenta negación de todos los derechos humanos, que limita sustancialmente el alcance de las libertades públicas de los más pobres, privando a éstos y a las comunidades a las que pertenecen de los bienes necesarios para vivir dignamente.
Y el Brasil de los poderosos industriales y fazendeiros, no pudieron soportar ni a Dilma ni a Lula. ¿por qué? Uno de los aspectos relevantes de la pobreza se manifiesta a través de la falta de participación de los grupos e individuos más vulnerables en la adopción de decisiones en la vida civil, social y cultural. Y si alguien eleva a la condición de “sujeto político” a 30 millones de personas,  logrará reunir en su contra las asechanzas más siniestras de los poderosos de siempre.
¿cómo no entenderlos “calamar”? ¿cómo no entender su odio? Viniste a equilibrar los platillos de una balanza y no te lo permitieron.
Jorge González Bastías en su “Poema de las tierras pobres”, dice:

Y es un grito profundo

que se extiende a lo lejos,

que se oculta en las piedras

y tiembla en los esteros.

Una miseria nueva

prendió en las hondadas y en los cerros,

arrasó los sembrados,

y los rebaños y los huertos.

El pobre se hizo miserable,

el miserable, bandolero!

Hay espanto en los ojos

de los niños labriegos

que oyen a media noche

clamores homicidas en el viento.

Hay espanto en los ojos de las madres

que ya no arrullan con su canto el sueño

del hijo, atormentadas

por la vida sin término.

Hay espanto en los árboles

que ya no sienten el afecto

de aquellas manos buenas que le daban

el agua en cántaros morenos.
 
 
Hasta siempre “calamar”, hasta siempre inolvidable y amado compañero“Lula”.