Por Mempo Giardinelli

Quiero hacer una reflexión que acaso sea útil para estos días tan graves que estamos viviendo, y que conmueven a toda Nuestra América, como la llamó José Martí.

La caída de Evo con este violento Golpe de Estado que le han dado y que solamente el Macrismo niega, me han llegado, como a todos y todas, infinidad de testimonios, fotos y videos que muestran la bestialidad militar de que es capaz el fascismo neoliberal, y muestran también que ha habido y sigue habiendo resistencia. Pero ya sabemos que en las situaciones de violencia el que siempre sale perdiendo es el pueblo.

Por eso este golpe resulta tan descorazonador, pues además descubrimos ahora que la violencia es parte de la estrategia del Imperio. Son violentos para dinamitar la democracia, son violentos con la siembra de odio, y son violentos si se hacen irregularmente del poder, como en el caso de la República Plurinacional de Bolivia.

Pero no quiero quedarme sólo en la descripción, ni en la lamentación. Más bien entiendo que hay que señalar responsablemente que estamos pasando por una etapa histórica gravísima, y que esto que vemos y vivimos quizás sea sólo una antesala.

Al menos en mi análisis tengo la impresión de que pueden venirse tiempos mucho peores, más graves, porque la estrategia imperial es precisamente ésa: avanzar, provocar, dinamitar las fuerzas populares. Y en este caso, además, cargados del racismo secular de las clases oligárquicas, altas y medias, entrenadas en consumismo, ignorancia, exclusión y odio. Pero además ahora –y esto es lo más peligroso, en mi opinión– hay que sumarle otro rasgo de mucho cuidado: la irrupción política descarada de muchas supuestas religiones, de muy diferentes nombres y cuyas dizque «iglesias» o «templos» funcionan como usinas de odio disfrazado de amor, y de resentimiento en forma de plegarias que más bien son expresiones de pensamiento mágico.

O sea que hoy –como vimos en Bolivia– no solamente con las armas avanza el fascismo neoliberal. Claro que las armas están y las accionan contra los pueblos, como vimos en Ecuador, recientemente, y en estos días en Chile.Pero el verdadero poder político del Neoliberalismo me parece que hoy está en las iglesias que se autodesignan, genéricamente, «evangélicas» o «cristianas».

Su poder es grandísimo y puede ser letal, porque lo disimulan y lo visten de «amor», y así juntan dinero de la «pobre inocencia de la gente» como diría León Gieco. Es un cambio estratégico extraordinario y fundamental que ha hecho el Neoliberalismo como ideología contemporánea, verdadera expresión popular del imperialismo que está expresándose y creciendo hoy en todo el mundo. Y expresión que ya hemos visto en las varias guerras religiosas y étnicas que provocaron en otros continentes en los últimos años, donde a lo religioso le sumaron la conquista del petróleo y las riquezas (en Bolivia obviamente el litio pero también el petróleo y el gas). De donde los avances económicos y bélicos de dominación neoliberal marcharon a la par del sometimiento ideológico-religioso de los pueblos. Y lo están probando ahora en América Latina.

Yo creo que debemos estar muy atentos a esto. Y así entender que el Golpe en Bolivia no es solamente un golpe de la derecha económica de Santa Cruz de la Sierra. Es mucho más que eso, que es sólo el rostro visible de la actual tragedia boliviana. Más bien parece ser una nueva estrategia imperial a través del evangelismo o de las iglesias truchas que llaman evangélicas, y que en los Estados Unidos tienen un inmenso poder y manejan incluso económicamente grupos que se autollaman mormones, testigos, bautistas y otras designaciones que, partiendo de promesas de amor, en realidad no son ni siquiera creencias (que en esencia no tendrían nada de malo); son fanatismos. Fanatismos embrutecedores de vastos sectores de la sociedad, porque son irracionalesya que niegan e impiden todo razonamiento. Con lo que potencialmente, como se vio ahora en Bolivia, generan odio y violencia.

Es impactante en estos días ver autoproclamados «pastores» arengando en videos viralizados. Son actores, impostores antes que pastores, y lo más grave es que incluso en la Argentina han avanzado tanto que ya están en la política e incluso algunos son auspiciados y/o protegidos por prominentes políticos argentinos. Lo que no es extraño: así llegaron a gobernara ese gigante que es Brasil. Y no faltan quienes sugieren que pueden ser incluso testaferros de narcopoderes.

Creo que lo que derrocó a Evo, fundamentalmente, fue esto. Que nadie esperaba. Creo que ni siquiera Evo y García Lineras lo esperaban. Porque si hubiese sido una lucha de clases, una lucha económica, de poder, Evo estaba fuerte. Pero frente al fanatismo y la violencia que hemos visto desatados ahora, Evo cayó en tres días.

Propongo esto como idea para pensar. Esto nos replantea la necesidad de lo que es basal para El Manifiesto Argentino desde hace muchos años: una nueva Constitución Nacional, que alguna vez habrá de debatir el pueblo argentino. No es oportuno ahora, sabemos que no es la urgencia del momento, pero es una bandera que no debemos bajar. Y menos cuando vemos que ahora en Chile están clamando por un cambio constitucional como paso decisivo hacia la paz y el fortalecimiento democrático. Obvio que no hemos sido artífices de esa demanda del pueblo chileno, pero gratifica recibir noticias de compañeros de Chile que han leído nuestro Manifiesto y lo vinculan. Nosotros no lo planteamos ahora y aquí como paso fundamental de esta etapa, pero somos conscientes de que en algún futuro flameará esa bandera. En la cual, entre los primeros pasos, habrá que separar a todas las iglesias del Estado y hacer el gran cambio en la Justicia que este país necesita.