por Martín Bermejo (Sociólogo UBA, Maestrando en Economía Política FLACSO)

por Facundo Piovano (Economista UNRC, Maestrando en Economía Política FLACSO)

La danza de posibles candidatos y alianzas que ha sobrevolado los principales espacios tanto de la oposición como del oficialismo, junto a la elección de Alberto Fernández como postulante a presidente por Unidad Ciudadana, constituyen las dos caras de una misma moneda: la indefinición de la fracción local del gran capital acerca de cuál será el actor político que mejor represente sus intereses particulares, frente al inocultable fracaso que exhibe la gestión macrista a la hora de garantizar el funcionamiento de su estrategia de acumulación.

La Alianza Cambiemos constituye la primera experiencia de la historia democrática argentina en la que las clases dominantes acceden al gobierno mediante un partido propio. Antes de este suceso, la incapacidad que esbozaba la gran burguesía para conformar un espacio político surgido de su riñón, obligaba a los «dueños» del capital a penetrar en los intersticios de las organizaciones políticas tradicionales (peronismo y radicalismo), para a partir de allí orientar las acciones del Estado hacia el afianzamiento de sus esquemas de acumulación. Además de ser una novedad en este aspecto, la gestión iniciada en diciembre de 2015 también vino a alterar la composición que el bloque de clases dominante reflejaba desde 1976. En sus movimientos iniciales, el actual gobierno dejó en claro cuáles serían las dos fracciones del capital que dirigirían al conjunto del bloque: el capital financiero internacional y las empresas extranjeras no industriales (especialmente productoras y distribuidoras de energía). La desregulación completa de la cuenta capital, del mercado de cambios y la dolarización de las tarifas de servicios públicos anunciaban este escenario. Por otro lado, en una posición subalterna aunque dentro del bloque, la burguesía agropecuaria y el capital industrial local emergían como soporte. La fenomenal depreciación del tipo de cambio y la eliminación total (parcial para la soja) de las retenciones a las exportaciones fueron las cesiones más dadivosas para los primeros, mientras que la licuación de los costos laborales en dólares y el avance general frente a todas las conquistas de los trabajadores atrajeron a los segundos. La contradicción entre capital y el trabajo siempreprevalece.

La ocupación mayoritaria de cargos en el Estado por parte de funcionarios con pasado laboral en grandes bancos y empresas energéticas expresaban sin ambages la identidad de esta alianza. No obstante ello, durante 2016 y 2017 la convivencia al interior del bloque se mantuvo sin mayores conflictos: la recomposición de la tasa de ganancia a través del abaratamiento del salario y el desempleo creciente, junto a la reinstalación de un modelo de acumulación del capital centrado en la valorización financiera (vía diferencial de tasas) y posterior fuga eran motivos más que suficientes para conservar la cordialidad. Sin embargo, a principios de 2018 el paisaje comenzó a resquebrajarse. Y es que el endeudamiento sin generación de capacidad de repago en la economía real reavivó el tufillo de posible cesación de pagos, y con ello, las posibles (y efectivas) devaluaciones subsiguientes. Vale decirse que el diferencial de tasas continuó como política central, pero ahora los espacios de valorización para el capital no bancario comenzaron a estrecharse de forma creciente. De allí en más, aparecieron lasfisuras.

La llegada del FMI puso de manifiesto que el corazón de este bloque dominante transitoriamente compartido residía definitivamente en la fracción financiera internacional. De allí que el ajuste ortodoxo propuesto por el organismo multilateral amenazara ciertos privilegios del resto de los representantes del capital: reimposición de retenciones a las exportaciones (no  sólo agropecuarias) para mejorar la recaudación y reducir el déficit; modificación del generoso plan de subsidios a la explotación hidrocarburífera ideado por Aranguren e Iguacel, cuyo principal destinatario era Techint (referente emblemático de la gran burguesía local, a pesar de su transnacionalizada residencia); mantenimiento de tasas de interés activas estratosféricas que vuelven inviable cualquier proyecto de inversión en la economía real, se destacan como los más representativos. En este sentido, la irrupción del principal representante del capital financiero tuvo el único fin de socorrer a la tambaleante economía macrista, a los fines de salvaguardar a los numerosos agentes del mercado internacional de capitales que habían empapelado sus carteras con títulos argentinos. Su efecto colateral, sin embargo, repercutió fuertemente en el entramado político.

La idea central que aquí se sostiene es que, en la presente coyuntura, la alta burguesía local, que desde el ’76 hasta el 2015, con matices según cada gobierno, había dirigido los destinos del bloque dominante en su conjunto, se encuentra nuevamente acéfala, sin un representante político nítido y fiel, tras 4 años de un gobierno que no satisfizo sus exigencias sectoriales (sí las generales: avanzar sobre el trabajo). El apoyo que ciertos empresarios pertenecientes a esa fracción brindaron a una hipotética candidatura de María Eugenia Vidal, o aquellos que apostaron sus porotos en la postulación del indescifrable Lavagna, como los que persisten en el sostenimiento del justicialismo conservador que hacen síntesis en Alianza Federal, expresa la incertidumbre que domina los ánimos de este sector del capital. En ese mismo sentido debe leerse la decisión de CFK de incluir al propio Alberto Fernández como variante a su propia candidatura, en cuanto constituye un actor sumamente digerible para la gran burguesíadoméstica.

En síntesis, la fracción más concentrada del capital local, otrora líder del bloque dominante, se halla en la búsqueda de un actor político que le habilite una mayor injerencia en los destinos del modelo de acumulación vigente, luego del período cambiemita en que se vio subsumida frente al capital de préstamo y las empresas energéticas. Parece ser esta la madre de las batallas y la causa última detrás de los constantes movimientos en la primera plana nacional de las semanas recientes.