por Ana Pérez del Cerro

Siempre me asombra la obsesión de la mujer argentina por ser rubia. No lo vi ni en Europa ni en otros países latinoamericanos.

Parece un hecho menor, pero para mí representa el alto grado de colonización cultural que nos ha hecho creer que descendemos de los barcos, desconocer que en muchos de nuestros ADN debe haber sangre aborigen y que todxs venimos de África, aunque nada lo denuncie en nuestro aspecto.

Una persona politizada, mediana edad y experiencia militante en el campo nacional y popular me dijo: «Tenemos esto para doce años más,  son muy inteligentes».

¿Inteligencia’ o cinismo?   ¿Democracia o una forma enmascarada del totalitarismo?

¿Poder del pueblo o la entronización de los ceos en el poder?

Voy a empezar diciendo que no soy militante partidaria y que hablo desde la autonomía que ello me da.

La afirmación de mi amiga me generó muchas preguntas sobre qué es la inteligencia.

Me acordé de que en las escuelas  muchas veces el más vivo es considerado ‘inteligente y chicos muy inteligentes y, a la vez , sensibles, suelen quedar tapados por la viveza del otro.

Pensé en  Aristóteles, cuya retórica predominó 19 siglos, basaba en dos ejes: conmover y convencer, esto último con argumentos que no tenían que ser verdaderos sino verosímiles. Y la lectura que hizo Barthes de esa retórica como un instrumento del poder desde sus orígenes.

Pensé también en que hay distintas formas de inteligencia.

Me remito ahora a Bourdieu, sociólogo, que definió el ‘habitus’ como un conjunto de disposiciones del orden de las ideas, los valores y las actitudes corporales  (Ethos, eidos y hexis) y su referencia a la legitimación que el auditorio hace o no del otro a partir de ese habitus incorporado socialmente.

[email protected] invito a leer un cuento para niños (Con interpretación para adultos), ‘El dromedario descontento’ de J. Prevert,  en el que se ve muy bien como un orador maneja a voluntad a un auditorio que no piensa, sino que repite hasta el absurdo la palabra del poderoso.

Vuelvo al clásico de E, Fromm ‘El miedo a la libertad’, en el que el autor hace un análisis sobre el fenómeno del nazismo a partir del vector ‘miedo’.

Me pregunto si tirar abajo los aciertos del gobierno  anterior y acometer contra todos los derechos adquiridos no es lo que  un politólogo ha dado en llamar ‘el totalitarismo financiero’,  la toma casi absoluta de los resortes del lobbysmo.

– Enumero: tarifazo, desempleo, represión, ataque sistemático a la cultura y la libertad de expresión.

Me parece que, en todo caso, se trata de un tipo de inteligencia orientada desde el  marketing.  A esta altura, ya sabemos que hay distintos tipos de inteligencia y que depende hacia qué y hacia quiénes está direccionada.

Reaparecieron las ‘relaciones carnales’, vino el primer ministro israelí, tenemos marines en nuestro territorio y una base británica en Malvinas. Se ha acordonado la comunicación de la misma manera que se levantan vallados de todo tipo.

Acumulamos, al cabo de un año y nueve meses, una deuda astronómica  mientras Prat Gay afirma que ‘deuda se paga con deuda», o sea, capital más intereses, sin que a la ‘gente’ (categoría conceptual distinta a ‘pueblo’) se le mueva un pelo.

Vuelvo a Aristóteles: Convencen con falacias y conmueven apelando al odio de sectores que prefieren seguir creyendo que los argentinos somos rubios y de ojos celestes.

Se está moldeado en el mundo y, especialmente, en Latinoamérica, el pensamiento de la doxa para que acepte pasivamente el discurso del Amo.

Es el mismo en todos lados y también las tácticas y estrategias : el miedo como pivote para disciplinar las protestas;, estados policiales, medios que cogobiernan, mentiras en primera plana que no se desmienten cuando la justicia determina la mentira. ( el uso de la corrupción como elemento distractivo, caballito de batalla que esgrimen quienes se enriquecieron y se enriquecen con ella; la ficción de la lucha contra el narcotráfico; la idea de que bajará pobreza cuando se oculta que no sólo no baja sino que, lo peor,  aumenta la indigencia y  la desigualdad es cada vez más ominosa; la llamada reparación histórica cuando se obliga a elegir a los jubilados con sentencia firme en sus juicios entre la aceptación de hasta el 30% de quita o la prolongación de la agonía en sus reclamos;  la tarjeta universal de salud  cuando todxs , con trabajo o no, han tenido acceso desde hace mucho tiempo a atenderse en los hospitales públicos

Y,  por supuesto, la omisión sobre el hecho de que en el sistema capitalista la corrupción es inherente  a él (Lo que no significa  que todos los políticos lo sean).

Los paraísos fiscales y los negociados espúreos se venden como fantasías de mentes afiebradas.

Amplios sectores repiten  automáticamente los slogans, las frases hechas que van modelando el  «sentido común».
Consiguen la legitimación de un discurso falaz: muchxs acreditan que hemos vuelto al mundo y  hasta se mantienen ajenos ajenos al horror de una desaparición forzada y más de uno dice ‘por algo será’.

Gendarmes y policías  entran a las escuelas y las universidades en un flagrante atentado a la democracia.

¿Y el desmantelamiento de la cultura y la ciencia por parte del estado?
Amplios sectores repiten  automáticamente los slogans, las frases hechas que van modelando el  «sentido común», sin percibir que lo que están avalando es la entrega de la soberanía del país.

Un humorista escribió: «Si te dicen que estás gordo, hacés dieta. Si te dicen que sos ignorante, no vas corriendo a leer».

Difícil lidiar con el individualismo en estos tiempos en los que, además, la tercera guerra ya estalló y mueren millones de hombres,, mujeres y niños,  niños de grandes ojos negros que alguna vez mostraron el asombro por la vida que crece.

Finalmente, si acepto que de un lado son muy inteligentes, tengo que pensar que del otro son muy estúpidos, como para aceptar acríticamente el pensamiento dominante.

Pero sabemos el juego de la buena pipa: los prejuicios,  el secreto encanto de la burguesía que obnubila las conciencias, la ignorancia del medio pelo y el perverso gusto por el ‘orden’ y el ‘silencio’ que quedó como efecto residual de la dictadura.

Freud con su idea sobre ‘lo siniestro’ y Hanna Arendt con la suya sobre ‘la banalidad del mal’ supieron explicar esa oscuridad que anida en lo cotidiano.

Es un tema complejo en el que no podemos obviar la fractura del campo popular, la naturalización  que lleva a la quietud  y la irrupción de los traidores que siempre son los grandes antagonistas de cualquier tragedia.