Por  Ali Alvo.

La casa tenía una reja

pintada con quejas

y cantos de amor

(Pedacito de cielo. Vals) 

Hoy, 9 de diciembre de 2019, el termómetro social me indica que hay un frescor que no coincide con lo que dice el otro (el que tiene la panza llena de mercurio) y unos ánimos contemporizadores, que tienden a ver los vasos medio llenos, porque el pronóstico señala “país mejorando”.  Desde hace un par de semanas empecé a sorprenderme tarareando el viejo Vals Pedacito de cielo, deteniéndome en la segunda línea (pintada con quejas) porque algo no me cerraba en la tercera (y cantos de amor).   

Nunca en tiempos democráticos hemos consultado tantas veces al día los relojes: los de pared, los de pulsera, a cuerda o a pilas, digitales o analógicos, los de todas las oficinas en las que formamos parte de filas cuyos integrantes tienen el aspecto acongojado de quienes se enfrentan a lo aparentemente interminable.

Hay quienes han puesto en marcha el temporizador del celular desde hace un par de semanas y no le quitan el ojo de encima. Pongo por caso a Miguel, el sufrido trabajador plomero/goterólogo/cuerologista que me auxilia enlas minucias cotidianas oen las emergencias techeraspost tormenta que nos mortifican en verano.El hombre vive de lo que salga, después de que cerrara la Cooperativa en la que trabajaba toda la familia. La semana pasada, Miguel estaba cambiando el fastidioso cuerito de la canilla de la cocina. Mientras yo le servía un vaso de soda para mitigar la calor, se interrumpió, miró filosóficamente el artefactito gastado que debía cambiar y dijo, sin dirigirse a nadie en particular: en cuatro años, a nosotros ya se nos ha hecho el cuero duro, quenó, Doñita? La Doñita vengo a ser yo, mal que me pese… Después consultó el celular y –sin que viniera a cuento- comentó: pero ya falta pocopara quese van, nocierto? Como nunca antes habíamos hablado de otra cosa que no fueran los estropicios de mi vieja casa, me entró la duda sobre sisucomentario tenía un sesgo político. Aún no había atinado a contestar cuando me lanzó un “Usteviera cómo me gustaría llevar a mis hijos a conocer Buenos Aires y que vean la Casa Rosada? Ud. que sabe ir para allá, capaz que me puede decir si cuando se vaya el coso ese, el domador de reposeras y entrea gobernarel Alberto, si él  la va a dejar así nomás, encerrada, como si afuera habría ladrones”

No supe qué decir. Me dejó pensando. Estábamos a 30 de Noviembre. Aún parecía faltar una eternidad y un cuarto para la tan esperada asunción del nuevo Gobierno y se me había olvidado (quizás a fuerza de empujarla al fondo de mi memoria) la existencia de las odiosas rejas.Me vino otra vez a la memoria “Pedacito de cielo” y nuevamente algo no me cerraba en el tercer verso. Con el alivio que da el haber solucionado el intrascendente problema de la gotera, olvidé con presteza el asunto, hasta que esta mañana, en una de las docenas de grupos de chat, entre memes de contentura porque se va “el coso ese”, como decía Miguel, alguien subió al guasapun video brevísimo, posterior al desmontado las rejas, que tuvo lugar entre la medianoche del 8 y la mañana del 9 de diciembre. No se cayeron solas, porque estaban prolijamente amuradas, como si fueran a permanecer para siempre jamás. No se lo hizo por iniciativa de Rodríguez Larreta. Fue producto de un pedido específico del Presidente electo, que quería que se las quitara antes del acto de asunción para el que faltan esas escasas horas (ya miré el reloj ochenta veces); esas horas que a Miguel y a muchos más nos parecen que no fueran a llegarnunca, en razón de los padecimientos sufridos durante cuatro años.

Pero volvamos al video de marras, que muestra uno de los paneles de hierro que quitaron de la Casa Rosada, ahora apoyada sobre el pasto. Un pequeño grupo de ciudadanos salta con alegría, silba y canta alrededor de la reja caída: “Vamo’ a hacer una parrilla, vamo’ a hacer una parrilla…para cocinar los chori, para el pueblo peronista…”

Los participantes que cantan y bailan, pronuncian dieciocho palabras. La escena dura once segundos, pero (otra vez, la percepción del tiempo) condensa los sentimientos de más de la mitad de los habitantes de un país saqueado y de una enorme masa desamparada durante mil cuatrocientos sesenta días, transcurridos en medio de esa sensación de irrealidad de los relojes chorreados de Dalí.

La reja del video, que ha pasado de la verticalidad a la horizontalidad, simboliza otra cosa. Ha dejado de ser un elemento de protección, de encierro, de barrera que aísla al gobernante del soberano para el que gobierna. Las barras horizontales han mudado en parrilla, indisolublemente asociada en la Argentinaa ese asado, a ese chori del que el pueblo ha sido privado, por la codicia de unos pocos.

Quitar las rejas de Plaza de Mayo, fue un mensaje fuerte; fue la caída de un muro de indiferencia, de un relato cruel y abusivo. Las rejas, significante vacío que -en palabras de Laclau- pueden adoptar diversos sentidos: recuperación de la libertad, achicamiento de la distancia gobierno-sociedad, conversión de un símbolo hegemónico en otro subalterno (de reja a parrilla para choris), «devolución» de la Plaza de Mayo a las multitudes populares, entre otros que no podemos llegar a figurarnos aún, porque tenemos que construirlos entre todes.

Y hoy,redepente, se me hizo la luz sobre mi resistencia a la tercera frase del valsecito: La casa tenía una reja, pintada de quejas… Y, sí, de quejas de los más vulnerables, pero en esas rejas no cabían  cantos de amor; sólo de odio.  

Entre nos, creo que en estos días voy a llamar a Miguel, simulando que algo se ha descompuesto otra vez en las cañerías. Quiero decirle que ahora podemos sanar ese cuero que se nos ha vuelto duro con tanto padecimiento; que el Alberto lo mandó al coso ese a que derribara esos hierros y los despojara desu función de cancerberos para convertirse en parrilla donde haya chori;  queestá más cerca de poder llevar a sus hijos a conocer la Casa Rosada, que ahora se está desplegando un tiempo de esperanza en el que podemos ser arte y parte.

Miguel nunca pasó de la primaria y no ha leído a Paco Urondo, pero es merecedor de obtener suPedacito de cielo. Sabe biende rejas verticales que aíslan y rejas horizontales que despiden el aroma de lo nacional y popular. Y si de rejas se trata, me resulta imprescindible honrar la memoria de Paco, recordando su estremecedor poema “La verdad es la única realidad”, escrito en 1973, mientras estaba detenido en la cárcel de Villa Devoto.

 

 

La verdad es la única realidad

Francisco «Paco» Urondo

Del otro lado de la reja está la realidad, de

este lado de la reja también está

la realidad; la única irreal

es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien

si pertenece al mundo de los vivos, al

mundo de los muertos, al mundo de las

fantasías o al mundo de la vigilia, al de la

explotación o de la producción.

Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel

cuerpo, ese vaso de vino, el amor y

las flaquezas del amor, por supuesto, forman

parte de la realidad; un disparo en

la noche, en la frente de estos hermanos, de estos

hijos, aquellos gritos irreales de dolor real de los torturados en

elangelus eterno y siniestro en una brigada de

policía cualquiera son parte de la memoria, no suponen

necesariamente el presente, pero pertenecen a

la realidad. La única aparente

es la reja cuadriculando el cielo, el canto

perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz

fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo

inmenso cubriendo la Patagonia

porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad,

como la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia

estival: son la realidad, como el coraje y la

convalecencia del miedo, ese aire que se resiste a volver

después del peligro como los designios de todo un pueblo que

marcha hacia la victoria o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a

defenderse, a rescatar lo suyo, su realidad.

Aunque parezca a veces una mentira, la única

mentira no es siquiera la traición, es

simplemente una reja que no pertenece a la realidad.

 

Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973