por José Pommerenck

Por el 70 teníamos diez, once o doce años. Nos juntábamos los domingos en una casa de Montevideo donde tuve el privilegio de conocer a grandes músicos uruguayos. Mientras nuestros padres hacían el tradicional asado, los gurises del barrio organizábamos el partido de fútbol en el campito de la esquina. A veces nos acompañaba algún adulto joven empeñado en demostrar sus habilidades con la pelota. Aquella vez el “invitado” era Daniel Viglietti.

Llegamos a la cancha, formamos los dos equipos y me tocó jugar con Julito gran delantero central y goleador mientras “el flaco” Daniel atacaría por la punta izquierda y yo por la derecha. Un orgullo para mí jugar con quien ya era, desde el año anterior, mi profesor de guitarra y amigo, aunque yo no sabía que jugando al fútbol iba a ser un verdadero desastre.

Apenas comenzó el partido ya íbamos perdiendo dos a cero. En nuestro ataque todas las pelotas iban por la izquierda hacia Daniel que por ser mayor y más alto que nosotros suponíamos mejor jugador y “hacedor” de goles. Nos equivocábamos. El músico corría por la banda, se le entreveraban las piernas, el balón le rebotaba en cualquier parte y siempre terminaba afuera por el lateral o la línea de fondo, mientras Julito desesperado le gritaba: “pasala Dogliotti, pasala”

Yo tranquilo esperaba una mejoría pero Daniel seguía mandando la pelota afuera y Julito cada vez más caliente: “Dogliotti levantá un centro, pasala Dogliotti, pasala carajo pasala”.

Aquello se empezó a poner feo porque Julito puteaba por lo bajo y Daniel seguía tirando la pelota a cualquier parte. Un partido para olvidar y yo tratando de calmar los ánimos.

Perdimos cuatro a cero y Julito terminó muy caliente con “Dogliotti” que a esas alturas iba descamisado y sudoroso pero sonriente. Entonces me acerqué a Julito y le dije que nuestro puntero izquierdo no se llamaba Dogliotti, que era Daniel Viglietti, el músico.

– Que decís? – me gritó Julito.

– Ése es Viglietti el que canta A desalambrar?

– Sí -contesté yo-, el mismo.

Entonces Julito levantó la cabeza, lo miró de lejos, se acercó a Daniel, lo abrazó calurosamente y le dijo:

– Che Viglietti a mi me gustan mucho tus canciones, sos un genio, pero en el próximo partido quiero que juegues en el equipo contrario.