Poemas de José Antonio Cedrón

josé antonio cedrón

Publicamos  hoy dos poemas de José Antonio Cedrón *, en diferentes números de nuestra revista sumaremos otras obras del autor. Cedrón es argentino pero vivió en varios países de nuestra América latina. Publicó los poemarios La tierra sin segundos, De este lado y del otro, Actas, Vidario. Y el reportaje novelado El Negocio de la Fe. Parte de su obra fue traducida al francés, inglés, portugués y catalán.

 

 La propuesta

Podemos conocernos, viajar tres mil kilómetros,

diez mil, o tantos más.

No quiero ir a la luna.

Allí hace falta mucho entrenamiento,

equilibrio en la dieta y en los gestos,

educar al silencio,

aprender a comer, a caminar.

Respirar solo.

Quedemos aquí, donde lo que se lleva y trae

el viento,

una que otra esperanza.

Cosas que todavía pueden ser soñadas.

Aquí tenemos árboles, canciones,

las orillas del mar.

La suerte viva.

Quedemos aquí: la piel, las manos libres.

Pongamos esa música y te invito a bailar.

A la luna se viaja en los boleros.

 

© José Antonio Cedrón

 

 

 

No hay nada que pedir

a Rubén Derlis

 

No hay nada que pedir de aquello expuesto.

El pasado entre líneas ha llegado más lejos

que la imaginación.

Formas de lo perdido que se queda en la red

cuando levanta el sueño.

Leve y temprano siempre en esas aguas.

El aire de la vida, que regresa buscando

equivocarse (acaso un poco)

de tanto que se ha visto.

La oscuridad y la luz en la ventana

siguen tocando un solo a espaldas del deseo

donde pasa el poema como la lengua oceánica

materna, junto a lo que lo trajo y a lo que lo llevó

para dormir y para estar despierto.

Y todo el porvenir de aquel pasado es éste

(que a veces elegimos no saber).

Así como le deja a Dios su soledad

la viuda del ahorcado en una vela,

ahora que el pensamiento se niega

a no hacer nada, me apresuro a escribir

lo que me dicta la experiencia borrosa

donde confieso al otro.

Mañana tal vez llueva, y él mismo borre todo.

Como el tacto gastado en la moneda

ese saber no sabe que lo que fue tocado

no se olvida.

 

© José Antonio Cedrón

Sobre el autor