Por Félix González Bonorino

El 17 de octubre estuve en la Plaza de Mayo. No fui nada original, había cientos, miles, decenas de miles y si sumamos los que llegaban, celebraban, cantaban, se abrazaban y se iban, seguro que éramos cientos de miles.

Hubo alegría, cantos, abrazos, otra vez cantos. Se acercaron políticos a hablar poco, defensores de Derechos Humanos, las Abuelas, artistas y más artistas se sucedían, defensoras y defensores de un Proyecto que celebraba sus 76 años de vigencia, de transformación, de actualizaciones y modernizaciones, de agachadas también, somos un producto de esta sociedad tan compleja.

Hubo risas, carcajadas, las compañeras y los compañeros se fundieron en abrazos emocionados que exorcizaron dos años de encierro. Encierro voluntario ante la amenaza bien entendida. De encierro con conciencia política, ante el pedido del conductor de tener cuidado. Encierro que por momentos sonó a resistencia. Dos años de morderse la lengua ante esos que pretendían ocupar una calle que les era ajena y a la que solo llegaron para sembrar violencia.

Los periodistas buscaron la agresión y no la hubo. Acusaron de las “piedras” sacadas. Yo las vi, allí estaban. La señora le dice a un medio, “ustedes mienten, pero vengan tranquilos, aquí nadie les va a hacer nada” y así fue. Había alegría, no temor, no rencor, no desprecio.

Hace 76 años un pueblo entendió que quien los estaba defendiendo, quien les estaba otorgando derechos nunca antes plasmados, estaba pagando con su cuerpo en prisión el compromiso con “el otro” y el “otro era él mismo”, y salió a la calle un día antes que lo propuesto por los gremios de entonces, (qué paralelismo sintomático) a reclamar por esa persona que los defendía. Y así se fundó una leyenda, una mística.

Hoy, a 76 años de esa gesta mil veces contada, con fotos repetidas de colectivos hasta el techo, tranvías desbordados, puentes levantados que tuvieron que bajar luego para dejar que el pueblo, de a miles, cruzara el Riachuelo. Y gente que abandonó sus lugares de trabajo como estaban, el pan levando, la forja encendida, los motores calientes, ¡descamisados! Hoy, este 17 de octubre de 2021, nos volvimos a juntar en la misma plaza, ahora honrada por los pasos de las madres y deshonrada por los caballos de un diciembre neo liberal. Nos juntamos porque es nuestro rito, nuestra liturgia, nuestro encuentro. Conciencia y corazón de pueblo que late unido.

Pero existe una pequeña/enorme diferencia de vocabulario entre el ’45 y el presente. Diferencia que marca la voluntad del tiempo que corre. Entonces, el poder popular reclamó la presencia del LIDER escamoteado por el poder “real”. Hoy el poder popular reclamó la aparición del LIDERAZGO necesario para enfrenar al poder “real”.

El pueblo, siempre leal, volvió y (volverá) a la plaza.