EL DERECHO AL OCIO

Lo que en un momento fuera disfrute exclusivo de la aristocracia, despilfarrando no sólo dinero fácil sino también ese aparentemente perpetuo tiempo vital sin obligaciones ni exigencias; desde mediados del Siglo XX, y para escándalo de esa aristocracia, se ha vuelto posible para muchos más.

Es una figura recurrente de la literatura del Siglo XIX el personaje inglés, hombre generalmente caracterizado como enfant térrible, conocedor de “el mundo entero”, gran narrador de sus aventuras por tierras lejanas, inhóspitas, salvajes… que no eran otra cosa que las colonias inglesas en aquellos rincones del globo donde la barbarie de Asia, África y Oceanía era incorporada paulatinamente a la civilización europea. Por puro interés de estos niños terribles, que saboreaban sus años sabáticos (tan ociosos como el resto de su vida) curioseando “sociedades primitivas”, el duro -y espantoso, por qué negarlo- viaje en barco a velas se transformó en el delicioso crucero a vapor, a fin de continuar esa vida de lujos aún más allá de tierras inglesas (al fin y al cabo, los ingleses son los amos de los mares, difícil que no fueran los primeros en encontrar la manera de disfrutar la travesía por ellos ¿no?).

Pero, si bien en la actualidad, no hemos podido llegar -ni aún con los enormes esfuerzos del General Perón y sus herederos ideológicos a la cabeza- a gozar de “cruceros populares”, en el otrora aristocrático Delta del Tigre, por ejemplo, los catamaranes turísticos sí se cargan de entusiastas familias trabajadoras, contingentes escolares, sindicales, de jubilados… y, paralelamente, “el aluvión zoológico” se instaló definitivamente en las sierras y el mar.

Eso es en esencia el Turismo Social: el considerar al trabajador, al postergado de siempre -que hoy incluye también a los negados del ejercicio del derecho a trabajar-, como merecedor del disfrute, del ocio, de la cultura. “No sólo de pan vive el hombre, también necesita tiempo para saborearlo”, podríamos decir para ejemplificarlo.

Porque está claro para cualquiera que tenga un ápice de caridad cristiana o como se quiera llamar a la virtud de la compasión, conmiseración, amor al prójimo, está de acuerdo con que las personas merecemos el pan, y ganárnoslo mediante el trabajo. Que merecemos educarnos, vivir sanos y criar a nuestros hijos e hijas con dignidad. Pero algo distinto es merecer el descanso, que estaría reservado a los dioses…y patrones.

Rasgo típico de la moral trabajadora de la primera mitad del Siglo XX (o todo el siglo entero por estos lares, donde las mejoras laborales no siempre se han hecho efectivas en el repertorio de derechos ejercidos efectivamente por las personas) es “haberse roto el lomo trabajando” desde muy temprana edad… para que los hijos pudieran acceder a los estudios (cosa que en muchos casos, hicieron). Consecuentemente, ¿qué es esta cosa, esta pavada podrían decir algunos, de las vacaciones? En la vida hay que trabajar y punto. No hay tiempo para descansar porque si no, no se come. Las vacaciones son para gente rica, las vacaciones las toma el patrón. Las vacaciones, a lo sumo, son para el burgués que se da aires contando cosas sobre la playa a personas que jamás la conocerán.

Es que estamos acostumbrados a que la vida entera se estructura en base al trabajo. Y el trabajo, el empleo, no siempre contempla este tipo de beneficios.

El Turismo Social nace como correlato esencial para socializar el más burgués de los derechos: el derecho al descanso, a disfrutar del dinero ganado trabajando. Sí, señoras y señores, a los empleados se les paga por algunas semanas por hacer específicamente nada: las “vacaciones pagas”… Vacaciones, “veraneos”, paseos al alcance de todos.

En nuestro país supimos tener un Ministerio de Turismo, con una oficina, aunque pequeña, dedicada específicamente a atender la demanda de familias trabajadoras, contingentes escolares de lo más profundo de los territorios y grupos de personas que se nuclean comunitariamente con el fin del disfrute: gozar de unas vacaciones al alcance del bolsillo más magro, con estadías que, en el año 2013, merced al subsidio del 70 al 90% iban desde los 50 pesos diarios con habitaciones con ropa de cama, baños con agua caliente, y “pensión completa” (o sea, desayuno, almuerzo y cena).

GESTIONAR ES LA TAREA: el turismo como industria generadora de empleo y conciencia Ciudadana.

Durante los gobiernos kirchneristas, el impulso dado al turismo receptivo para disfrute de viajeros internacionales revisitó especial estrategia para captar moneda extranjera; pero también se dedicó, mediante lo que fue el Programa Federal de Turismo Social, un gran esfuerzo para promover el turismo interno de fin de semana largo con el incentivo de los feriados puente.  

Hablando de Turismo Social como política de Estado no sólo para les trabajadores sino también para los únicos privilegiados, tenemos que mencionar la gran infraestructura de las Unidades turísticas estatales para que niños, niñas, familias, estudiantes y jubilados pudieran disfrutar de las maravillas de la extensa Patria, cuando conocerla era un deber cívico; es decir, en la época dorada del primer peronismo.

Existen aún dos tradicionales unidades turísticas construidas en la época de Perón mismo (en la época dorada del peronismo: Chapadmalal y Embalse. Enormes y lujosas construcciones que nada le envidian a la costa azul y la selva negra (y no exagero), emplazadas frente al mar o en medio de un espeso bosque de coníferas.

Las comodidades llegan a habitaciones de hotel tipo apartamentos con baño en suite en la cúspide del confort, partiendo de los edificios con divisiones de cuadra entera o habitaciones grupales especialmente preparados para contingentes, y que cuentan con baños comunes con ducha caliente y vestuarios como piso de comodidades.

Y además de ello, un, destinado a la diversificación de la oferta mediante la promoción de destinos emergentes y al aseguramiento de la demanda constante para los prestadores en destinos tradicionales, atenuando los problemas de estacionalidad típicos del sector. Asimismo, permite dar continuidad a los empleos de los numerosos trabajadores y trabajadoras del sector, emprendedores y empresarios.

Además de las grandes unidades turísticas, durante el primer gobierno peronista se amplió la capacidad hotelera al alcance de las familias trabajadoras ya que se nacionalizaron numerosos hoteles en las provincias que pasaron a manos de la entonces Administración General de Parques Nacionales y Turismo, como también se construyeron nuevos hoteles privados y sindicales a través del Préstamo Nacional Hotelero que otorgaba el Banco Hipotecario Nacional y bajo supervisión de la AGPNyT. También la Fundación Eva Perón, el Automóvil Club Argentino y el Touring Club Argentino tuvieron un rol preponderante en esta labor; estos últimos en el impulso del mantenimiento y ampliación de la red vial.

Además del tiempo de ocio ganado por derecho, la infraestructura hotelera y los caminos para el desplazamiento automotor, se comenzó con los viajes de contingentes en ferrocarriles con grandes descuentos y políticas activas de intercambio turístico interprovincial.  

 

LA PERSPECTIVA 2.2: ¿post-covid o turismo cuidado?

Quizás este particular contexto sanitario nos lleve a uno de los pilares de la propuesta turística peronista: el turismo como derecho necesario para conservar y recuperar la salud. Promover, entonces, a través de programas como PREVIAJE que el pueblo pueda volver a disfrutar de las maravillas de la Patria, pero en clave de ocio reparador y creador, no de consumo y extractivismo.

Dejar de lado las prácticas turísticas basadas en el consumo, y en la continuidad de una vida permanentemente disociada entre una faz virtual y un contexto “real” que se sustenta en la exhibición narcisista.

Recuperar el valor del encuentro entre personas, entre iguales que venimos sobreviviendo a casi dos años de pandemia, y que traemos encima una carga de duelos, incertidumbre, vacíos, pérdidas personales y materiales; con su impacto que genera un notable deterioro en la salud mental, social, emocional y a veces también física por las horas de sedentarismo multiplicadas, la visión afectada por la luz azul de las pantallas, y la alimentación insuficiente o inadecuada.

Sigamos trabajando y militando para que el turismo, el descanso, el disfrute de la silenciosa belleza de nuestros paisajes, el placer de la comida regional y la recuperación de energías personales y armonía en las relaciones humanas vuelva a ser un derecho al alcance de todos, todas y todes; una contundente política de Estado y una práctica social habitual.