Por Marta Valoy

Las dictaduras y los gobiernos neoliberales fuertemente alineados en la derecha más dura no llegan el día que dan el golpe o ganan las elecciones.  Su desembarco, es en verdad,  un desenlace que se prepara con mucha anterioridad. Se  teje minuciosamente en el contexto social con sujetos activos, con competencias especiales, con características de diversas naturaleza que pueden ser utilizadas para producir diferentes efectos en distintos sectores de la sociedad  Por ejemplo  utilizan los prejuicios de clase, las pasiones más primarias como un producto cognitivo. Seleccionan los blancos de ataque: dirigentes sociales, políticos, referentes culturales,  se los empieza a diferenciar del resto de los ciudadanos,  de los  habitantes de diferentes sistemas de relaciones sociales legitimadas, luego se los nombra,  se los degrada y  se los pone bajo mira telescópica para presionar el gatillo cuando sea necesario. El lenguaje redondea el entramado para la construcción de ese enemigo: chorro, corrupto,  zurdo, terrorista son maneras de nombrarlos en una generalización descalificadora que prende rápidamente en el imaginario social de una sociedad hipócrita. En nuestro país, afecto a la creación de neologismos estigmatizantes , se popularizaron expresiones como   negro choripanero, villero, planero, bolita falopero. Luego los medios de comunicación que integran esta   trama ponen a funcionar en simultaneo, a comunicadores rentados de tiempo completo convertidos en maquinas de organizar y difundir fake news. Así se empieza a   constituir un nuevo corpus de sentido desbaratando sin pausa, todas las acciones que toma el gobierno que van a tomar un día en el asalto, para reemplazarlas por medidas impopulares a favor de las corporaciones, a contramano de los intereses de las mayorías. Recordemos el trabajo previo que hizo el gobierno de  Carlos Menen para preparar la privatización de las empresas públicas. Construyeron un relato  para los futuros damnificados, en el este caso la mayoría de la población Sería como un mantra que se repetía sin pausa y sin cambios. Ritualizada la idea y las víctimas preparadas para el suicidio colectivo, no se apeló más a la sutileza, A cara destapada y por todos los medios oficiales se anunció que “nada que había sido estatal quedaría en manos del estado” Entonces, el pueblo en la más absoluta ignorancia de lo que eso significaría para el país, aplaudió  aliviado la  medida porque  que creyó  que significaba tener servicios más eficientes. No calculaba, lejos, que de ahí no podría volver más el país. Fue una herencia ilevantable del neoliberalismo.

Así desembarcaron las dictaduras y los gobiernos liberales que arrasaron con todo lo colectivo, lo solidario, con los controles estatales para facilitar el saqueo y la entrega del país a las corporaciones extranjeras. Operaron en las áreas más sensibles de la sociedad y más necesarias: la salud y la educación pública, a las que desguazaron sin piedad. De este modo,  pusieron al pueblo cada vez más lejos de sus derechos, conquistados laboriosamente y muchas veces a sangre y fuego. Trabajaron sobre las representaciones emocionales y abrieron  abismos, a veces insalvables, como en Chile, entre las propias  familias entre grupos de diferentes clases sociales y hasta propiciaron el enfrentamiento de pobres contra pobres. Durante el gobierno neoliberal a ultranza de Mauricio Macri se perfeccionó el estado de poder a través de los mecanismos propios, de las dictaduras de tercera generación. Se  convenció a la clase media,  que hasta ese momento  había vivido en una  irrealidad, que no les correspondía, la seguridad social,  los derechos laborales y el acceso a los bienes básicos de confort y  lo que es peor , la pusieron a jugar a su favor y la afrentaron con los grupos más vulnerables. Apareció la horrible aporofobia ( odio a los pobres) así transformaron al sector más débil de la sociedad en el chivo expiatorio culpabilizándolo de la mayoría de las desgracias económicas y sociales que sufría el país porque se llevaban gran parte del presupuesto estatal y el esfuerzo de la mayoría sin trabajar, sin producir. Mientras, mientras estos  sufrientes de última fila ,llegaban a la conclusión que su tragedia era un destino. Sin embargo, la parte del pueblo que resistía y seguía atesorando el recuerdo las luchas y los días felices facilitó el regreso de un gobierno nacional y popular.  “El pueblo siempre vuelve” sentencio la actual vicepresidenta. Pero quedó la herencia  maldita. Nuevamente,  la legitimación del odio, la oscuridad de todas las violencias y en lugar de oposición se transformaron en un grupo de activa beligerancia para esmerilar y derrumbar el gobierno popular. Sus campañas políticas carecieron de argumentos racionales y de proyectos, centrados siempre en el deseo de derrotar  al actual gobierno,  de obstaculizar todos sus  en el congreso y preparar la vuelta al poder. A falta de contraargumentos para sostener su discurso destituyente, apelaron al fanatismo de los anti política y más rancios al gorilismo instalado como un cáncer desde hace décadas en el país. Como si todo esto fuera poco, los poderes fácticos resucitaron los dinosaurios más temibles como Domingo Cavallo, López Murphy, José Luis Espert y otros monstruos menores, que aparecieron con las viejas y fracasadas recetas económicas entre los dientes, construidos entre las grietas de la degradación moral que auspiciaron,  financiados con fondos de origen inconfesable, desde diferentes espacios de poder  para morder lugares  en el Parlamento,  restar acción al oficialismo y seducir a una juventud desinformada sumergida en el desencanto de la clase política. Dejaron un sistema judicial corrupto y obediente listo para garantizarle impunidad absoluta para sus delitos. En ese contexto,  el endeudamiento fenomenal en que dejaron al país  se lee como un recurso  perfectamente planeado con el poder al que responden,  para condicionar a los gobiernos democráticos y facilitar el regreso del neoliberalismo  cosechando votos a partir del desastre. En las elecciones de medio término les rindió y les permitió cosechar el voto bronca para una victoria a lo Pirro que los ilusionó con un pronto regreso  aun antes de que termine el mandato este gobierno En ese  plan, el pueblo que los vota sigue operando contra sí mismo en una profunda crisis cultural y moral. Boicotean sin pausa  todas las medidas  de resguardo contra la pandemia  hasta el límite del negacionismo aún en la presencia de la muerte en la propia tropa. Se animaron a decir que la vacuna era un veneno y concurrieron a la justicia para denunciar al gobierno que la estaba administrando. Sobre el tema se abrieron en sincronía discursos irracionales mentirosos,  ridículos y psicopáticos.  

Mandato y herencia en Chile

El domingo 19 el pueblo de chile recuperó el profético discurso de Salvador Allende antes de ser asesinado por la dictadura encabezada por Augusto Pinochet.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar   tampoco puede humillarse,  fue la  enseñanza de este presidente defenestrado por una dictadura feroz y que decidió morir defendiendo sus ideales. Culminó así su último mensaje al pueblo de Chile: 

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores! 

Profecía y herencia que vivió en la oscuridad  durante casi 48 años, con el breve interregno de un gobierno tibiamente socialista que dejó todo intacto para que la zaga de la derecha no se interrumpiera y convierta a Chile en uno de los países más desiguales de América por muchos años, con los jerarcas responsables del golpe del 73 enriquecidos obscenamente, con la mayoría de los derechos sociales conculcados, entre ellos la educación, espacio clave para tramitar una verdadera democracia. Pero el pueblo empezó a volver recogió la herencia de sus mártires y se metió  en medio de la vida amenazada de muerte. Empezó a tramar el regreso desde las revueltas estudiantiles del 2011. Aparecieron los hijos de las madres sufrientes,  de las campesinas,  de los obreros masacrados por el terrorismo, los jóvenes desocupados y sin futuro, imposibilitados de acceder a los beneficios de una educación sostenida por Estado. Volvieron y pusieron el cuerpo a cielo abierto en el 2019, a muchos y muchas les costó la vida y a otros, literalmente un ojo de la cara. En la desmesura de la represión mordieron la vida y arrancaron la decisión de una nueva constitución que reemplazara a la pinochetista. Se conectaron con las mejores tradiciones, con las viejas y nuevas luchas, y se “abrieron las anchas alamedas” Un pueblo victoriosos hospedó en su alegría  el mandato de dignidad cantando, vivando al Presidente mártir  y a esa joven promesa que es el nuevo presidente Gabriel Boric, mientras la derecha, que gobernó el país durante tantísimos años, mordía, por fin, parte de la tierra del infierno. Un presidente de izquierda, nacido al calor de las luchas estudiantiles gobernará Chile. Llega al Palacio de La Moneda, como el mismo declara, para que el pueblo entre en ella. Asume el mandato moral de democratizar su patria, de vincular a todos los habitantes de con sus derechos irrevocables, con la equidad necesaria. Sin embargo , todo es potencial en un país profundamente desigual que permaneció durante mas de cuarenta años bajo el imperio de una Constitución de la dictadura sangrienta y de una  derecha poderosa apañada por los  Estados Unidos, dueña de enormes fortunas mal habidas, que no se resignaran así nomás a perder el poder. Ayer no más, los mercados mostraron los dientes a la coalición victoriosa. Pero el pueblo con la herencia que laudaba en la resistencia militante  seguramente no querrá volver jamás al infierno tan temido de esa derecha y defenderá su elección de vida. Ahora la herencia de Allende impera sobre la sombra de la dictadura: sombra sobre sombra.

En este nuevo contexto nacional y regional los pueblos están en condiciones de resistir en bloque el avance de este neoliberalismo de ultraderecha que  recorre Europa  y el Cono Sur como la peor de las pestes,  casi tan peligrosa como la que hoy espanta al mundo. Pandemia que  entre otras cuestiones vino a confirmar que el neoliberalismo nos solo no apto para la vida humana como afirmó una dirigente del espacio popular,  sino que es suicida en el contundente y repetido y  profundo fracaso de este modelo de hambre, exclusión y muerte.

Aunque suene utópico hay que volverse hacia adentro, donde guardamos la magia de la vida, los días felices de los gobiernos populares, la memoria de las luchas,  la herencia de nuestros líderes.  Ahí empiezan las respuestas y es donde se abren los nuevos horizontes para que lo habiten  para siempre, las futuras generaciones. Es volver andar el camino de lucidez que nos permita pensar y sentir el dolor y las angustia de los otros,  poner en ordenamiento político nuestras convicciones y saber que la organización  es el modo de hacerlo.

 

Hay días que amenazan las palabras.

Hay sombras que están fuera de nuestra voluntad

a pesar de que la canallada tiene nombres propios

 y hay miserables completos.

Creer que las utopías pueden detener algo

a veces y solo a veces

 parece pura ingenuidad.

 

Los sueños son desordenados,

 pero si los juntamos

tal vez haya una tregua a la

 la iniquidad.

Hagamos la prueba, hoy

El día de ayer ya  no se puede besar.

 

(Marta Valoy (diciembre 2018)