Por Patricio Gutiérrez Donoso[1]

Neoliberalismo, Pandemia y Elecciones.

Académico – Universidad de Valparaíso, Chile.

Correo electrónico [email protected]

Las elecciones del sábado 15 y domigo16 de mayo no se pueden leer sin un proceso de acumulación de fuerzas y crisis social, que se viene gestado en la sociedad chilena durante décadas. Sumado a esto, la pandemia que estamos viviendo ha mostrado la debilidad de los Estados para hacer frente a las necesidades de su población. Problemas sociales que se agudizan producto de una estructura social y económica desarrollada bajo el sacrosanto sistema neoliberal, que no puede dar soluciones a la crisis, más bien la solución a la crisis ha recaído exclusivamente sobre los hombros de los trabajadores, llevándolos a condiciones sociales cada vez más precarizadas.

La clase dirigente chilena ha administrado durante cuatro décadas la precariedad del modelo neoliberal, ocultando sobre la explotación y la represión sus procesos de acumulación, la exclusión social es la marca imborrable del sistema. La precarización del trabajo, con sueldos que ponen en calidad de sobrevivencia a la mayoría de la población, junto a un sistema de salud, educación, y de jubilación privatizadas[2], por nombrar algunos hilos de esta madeja de dominación, han generado un desastre social que se vuelve cada día más difícil de manejar.

 El Estado, quien debería resguardar los derechos sociales de su población y no ser la extensión de las desigualdades que genera el neoliberalismo, ha sido cómplice de la hegemonía de los grupos dominantes quienes se han enquistado en sus instituciones para resguardar sus privilegios. La concentración de riqueza por parte de una oligarquía plutocrática que se ha y sigue beneficiando a costa de la explotación de la mayoría de los trabajadores chilenos, no está dispuesta a ceder sus privilegios de acumulación de capital, frente a las demandas del pueblo, la represión es el remedio, es ahí la disputa central que se viene dando en cada elección en el ultimo periodo, la cual trata de romper la hegemonía de la clase dirigente.

Y es justamente el mismo sector social quien se encuentra al frente del gobierno de Chile, representado políticamente en la Derecha neoliberal por el Partido Unión Demócrata Independiente, Renovación Nacional y el Partido Republicano, herederos de la dictadura cívico militar. Sus respuestas son conocidas y sus recetas las de siempre: La crisis la pagan los propios trabajadores. Se dicta en tiempos de pandemia la Ley de protección al empleo, que propone resguardo económico para no despedir trabajadores, sin embargo, terminó siendo luz verde para el empresariado suspendiendo salarios y trabajadores, con el propósito de que ellos podrían pasar la cuarentena en sus hogares, sobreviviendo en dicho periodo de sus respectivos seguros de desempleo, que en Chile es producto del aporte exclusivo de los trabajadores, ironías de la protección del trabajo, se paga la cesantía con dinero de los cesantes.  

Por otro lado, se suma otro paquete de recetas centradas en bonos para los que no han recibido ingresos (entregados a las personas que se encuentran bajo de la línea de la pobreza,  que en Chile es de 218 dólares y que durarán como máximo tres meses) cajas de mercadería (que ha provocado problemas de logística y demora en las entregas), y para la mal llamada clase media prestamos, créditos, subsidios, en resumen endeudamiento en la Banca privada administradas por sus propios amigos y familiares.

La pandemia viene a exponer los mecanismos que se fueron construyendo a lo largo de más de 40 años, donde los gobiernos civiles de la Concertación de Partidos por la Democracia no hicieron más que dar legitimidad a las políticas neoliberales, construyendo una sociedad de excluidos, con una pequeña elite, que se ha encargado de corromper el sistema político, con el único objetivo de mantener sus privilegios de clase. La pandemia muestra la fragilidad de la sociedad, la mayoría de la población vivía del día a día, buscando recursos escasos en la precarización de trabajos informales.

La pandemia se expande cada día, deja a los excluidos y marginados mas expuestos, a la muerte, el miedo, la enfermedad, la cesantía, se le suma el hambre, se han multiplicado las ollas comunes en todos los barrios populares (y con esto aparece la desnutrición[3]), propuesta de auto organización que recuerda los años de la Dictadura. Vuelve la población a rearticular la memoria colectiva para hacer frente a un gobierno que es fiel representante de los intereses de su clase, y que no ha escatimado esfuerzos en proteger al empresariado y al gran capital.

Bajo este escenario es que en Chile se estaba germinado un sentido de cambios, que ha tenidos diferentes episodios de explosión social en las ultimas décadas. Se puede destacar la revolución pingüina 2006, donde los estudiantes secundarios movilizaron a todo el país por una educación gratuita; hasta el ultimo estallido de octubre 2019 donde todos los sectores sociales pedían cambios estructurales. Movilización iniciada nuevamente por estudiantes secundarios que surgió a partir del alza en el pasaje del metro, quienes veían como sus padres precarizados luchaban cada día por la subsistencia.

 Proceso complejo que se viene gestando desde los grupos subalternos una conciencia colectiva de romper la hegemonía de dominación neoliberal.  Es así como la salida al ultimo estallido, que produjo muertes, torturados y mutilados por parte de los aparatos represivos del Estado, fue que los partidos del orden buscaran un camino institucional a la crisis, que se daría en la firma del Acuerdo por La Paz que como salida tendría que generar una nueva constitución. [4]

Es en este proceso de acumulación de fuerzas que el pueblo arrinconó a la clase política y dirigente, que frente al Acuerdo por la Paz, sustentado por los Partidos de la Derecha y los partidos de la Concertación, donde también suscribieron algunos Líderes como Gabriel Boric actual pre candidato presidencial y el Partido Revolución Democrática del Frente Amplio, el pueblo buscó romper la salida acordada por las cúpulas políticas a espaldas de este, y salió con más fuerza a protestar por la necesidad de cambios estructurales.

Buscó estrategias políticas y orgánicas para no dejar el proceso a la clase dirigente, y logró presionar para generar una Constituyente más democrática. Cabe mencionar que los únicos no firmante del Acuerdo por la Paz fueron el Frente Regionalista Verde y Soberano y el Partido Comunista de Chile, quienes consideraban que se realizaba tal acto a espalda de los movimientos sociales y no resolvía los problemas que demandaba la sociedad.

Sin embargo, ni el pueblo, ni los movimientos sociales, ni los partidos con representación parlamentaria que no firmaron el acuerdo, se restaron del proceso constituyente, no dejaron el espacio para que fuera hegemonizado por la derecha. Lo que siguió fue una lucha legislativa para darle cuerpo y contenido al proceso, se luchó por la paridad de género, escaños reservados para pueblos originarios y aumentar el cupo de constituyentes.  Este proceso llevó a que en octubre de 2020 se aprobara el proceso por una nueva Constitución, bajo la formula de Convención Constitucional, la que debía ser integrada exclusivamente por constituyentes elegidos por votación universal.

En mayo 2021, se eligieron a 155 constituyentes en paridad, incluidos los 17 constituyentes reservados para los pueblos originarios. No existían antecedentes electorales sobre el resultado y menos se sabia sobre comportamiento que tendrían los votantes, se sumaba además a la incertidumbre, la dispersión de fuerzas, entre otros aspectos.

La lista Vamos por Chile que representaba a la Derecha fue derrotada; pretendían obtener un tercio para convertirse en una fuerza que pudiera bloquear cualquier cambio estructural. Ni con la campaña del terror ni con la fuerza de los recursos invertidos logra alcanzar los cupos que necesitaba (obtuvo 37 constituyente y necesitaba 55 +1). Otros derrotados fueron la lista Apruebo Dignidad, que incluye a los partidos de la Ex Concertación, el Partido Democrática Cristiano, Partido Socialista, Partido por la Democracia, Partido Radical, Partido Liberal, Partido Progresista, obtuvieron 25 cupos. Lo que sorprendió más en este proceso fue la votación de las listas independiente, sin filiación partidaria, donde se encuentran integrantes de diverso espectro ideológico, que lograron obtener 48 escaños.

La lista Apruebo Chile Digno Verde y Soberano que incluía al Partido Comunista, Convergencia Social, Frente Regionalista Verde Social, Igualdad, Comunes, Revolución Democrática e Independientes, logró 28 cupos.

Lo que se visualiza del proceso eleccionario es que el 43% de la población que ejerció su derecho a voto, lo hizo por independientes que no tienen filiación partidista reconocida, y por los Partidos de izquierda que tienen como demandas sociales los cambios estructurales, superar el neoliberalismo, creando una sociedad en derechos sociales.

Cabe destacar qué dentro de los 17 escaños reservados, logró llegar a la Constituyente la Machi Francisca Linconao, quien fue la primera mujer indígena en ganar un juicio por la explotación de las tierras colindantes con su comunidad, la Corte Suprema le dio el favor bajo el artículo 169 de la OIT, firmado por el estado chileno sobre los pueblos indígenas. Osadía que le traería años de persecución, armados de causas y cárcel, acciones promovidas por los grupos del poder económico.

Hay que tener presente también que estas elecciones fueron simultaneas a otras, donde se eligieron Gobernadores por primera vez en nuestra historia (antes eran designados por el presidente de la república,) alcaldes y concejales. En estas elecciones también se vió reflejado el descontento hacia los partidos del orden institucional, especialmente a los partidos de la ex concertación y la derecha. El pueblo priorizó a candidatos independientes, del territorio y de los partidos de izquierda.

Lo que se visualiza como germen político, es que los grupos subalternos van desenredando cada día la madeja de dominación por la cual han estado sometidos por más de cuatro décadas, es menester de los sujetos subalternos organizados construyan una alternativa popular que permita ir creando una sociedad mas justa. Resuenan más fuerte que nunca las últimas palabras de Salvador Allende, Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

[1] Académico Universidad de Valparaíso, Chile. Correo electrónico [email protected]

[2]  Fundación Sol afirma que la suma de 112.673.743.000.000 pesos (171 mil millones de dólares, que es el 54% de los fondos de pensiones) fue destinada a los 6 grupos económicos que se enriquecieron con cifras astronómicas en los últimos 40 años: Luksic, Said, Yarur, Saieh, Matte y Solari. Así, fuimos todos los chilenos, con nuestras cotizaciones previsionales, quienes financiamos los bancos de estos grupos económicos (Banco de Chile, Santander, BCI, Itaú, etc.) y sus grandes empresas (Colbún, Cencosud, Endesa, Enersis, etc. Fundación Sol, Informe ¿AFP para quién? Dónde se invierten los fondos de pensiones en Chile. https://elmostrador.cl/ads/pdfnotas/IBV15_GG1.pdf consultado julio 2020

[3] https://www.ciperchile.cl/2021/05/06/19-mil-escolares-con-senales-de-desnutricion-las-historias-que-se-viven-en-las-escuelas-donde-aumentaron-los-casos/, consultado mayo 2021

[4] Acuerdo por la Paz Social y nueva Constitución, https://obtienearchivo.bcn.cl/obtienearchivo?id=documentos/10221.1/76280/1/Acuerdo_por_la_Paz.pdf, consultado mayo 2021.