Por Germán Gorraiz López – Analista político

La celebración en Puerto Vallarta (México) de la XIII Cumbre de la Alianza del Pacífico representará la siguiente fase de su objetivo fagocitador al sentar las bases de la absorción de los países que integran el Mercosur. Así, tras su fachada neoliberal se escondería un refinado proyecto de ingeniería geopolítica diseñado por EEUU para dinamitar el proyecto político-integracionista representado por la UNASUR e intensificar su política de aislamiento de los Gobiernos progresista-populistas de la región, (en especial de Venezuela tras quedar huérfana del alma mater de la Revolución Bolivariana (Chávez). Asimismo, otro de sus objetivos es finiquitar el proyecto integrador económico del MERCOSUR, proceso de integración económico creado en 1991 tras la firma del Tratado de Asunción entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay al que posteriormente se incorporó Venezuela como Estado parte, quedando Bolivia, Colombia, Perú, Ecuador, Chile, Surinam y Guyana, como “Estados asociados”. Dicha estrategia fagocitadora tiene como objetivo a mediano plazo aglutinar el Arco del Pacífico para integrar además a Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá e incorporar por último al Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay). 

Donald Trump y la estrategia del garrote

La decisión de Maduro de confiscar la planta de General Motors fue vista por la Administración Trump como un atentado contra los intereses de las multinacionales estadounidenses. Exxon Mobil formaría parte de la Cuarta Rama del Gobierno de EEUU, verdadero Poder en la sombra que toma las decisiones en política exterior y, a instancias del Secretario de Estado estadounidense con Trump, Rex Tillerson, antiguo Presidente y Consejero Delegado de Exxon Mobil, la revolución chavista fue declarada “enemiga peligrosa de EE.UU”. Además, el acuerdo chino-venezolano por el que la empresa petro-química estatal china Sinopec invertirá 14.000 millones de dólares para lograr una producción de 200.000 barriles de crudo diarios en la Faja Petrolífera del Orinoco, (considerado el yacimiento petrolero más abundante del mundo), sería un misil en la línea de flotación de la geopolítica global de EEUU (cuyo objetivo inequívoco es secar las fuentes energéticas de China) y se plasmó en la implementación de sanciones contra Venezuela por parte de los países que lo circundan para convertirla en “territorio asediado y presto para ser fagocitado”. Así, tras una sistemática e intensa campaña desestabilizadora basada en el desabastecimiento selectivo de artículos de primera necesidad, la obscena especulación, la amplificación en los medios de la creciente inseguridad ciudadana, la toma de las calles por la oposición y la aplicación de sanciones al crudo venezolano para provocar el default o cese de pagos, asistimos en octubre del 2020 a la implementación por la Administración Trump de la prohibición a Venezuela de importar diésel con el objetivo confeso de paralizar el transporte de sectores primarios y lograr el desabastecimiento de alimentos básicos e insumos sanitarios vitales que hicieran tambalear el Gobierno de Maduro.

Joe Biden y la estrategia de la zanahoria

La llegada de Joe Biden a la Presidencia de EEUU podría provocar un cambio en la estrategia de EE.UU., consistente en la sustitución de los “golpes blandos” por la llamada estrategia kentiana, expuesta por Sherman Kent en su libro “Inteligencia Estratégica para la Política Mundial Norteamericana” (1949). Los fines de este tipo de guerra fueron descritos por este autor de la siguiente manera: “en estas guerras no convencionales se trata de hacer dos cosas: debilitar la voluntad y la capacidad de resistencia del enemigo y fortalecer la propia voluntad y capacidad para vencer”. Más adelante añade que los instrumentos de la guerra económica “consisten en la zanahoria y el garrote”: “el bloqueo, la congelación de fondos, el ‘boicot’, el embargo y la lista negra por un lado; los subsidios, los empréstitos, los tratados bilaterales, el trueque y los convenios comerciales por el otro”.

En el caso concreto de Venezuela, la escasez del diésel podría provocar en el futuro mediato una desertización productiva tal, que lo haga incapaz de satisfacer la demanda de productos básicos, causando una catástrofe humanitaria en forma de hambruna, y a continuación, la Administración Biden implementaría la táctica de la zanahoria. Dicha estrategia incluiría la relajación de las restricciones actualmente vigentes sobre el petróleo venezolano para revitalizar la actividad motriz de la economía venezolana, así como anular la prohibición de Trump de importar el diésel necesario para mantener la cadena del transporte de mercancías e insumos médicos para conformar un Gobierno de Transición integrado por figuras de consenso tanto de la oposición como del chavismo que prepare unas Elecciones Generales  bajo los auspicios de la delegación del reino de Noruega.