Por Viviana Torres Alfaro

Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente. que la reseca muerte no me encuentre, vacío y solo sin haber hecho lo suficiente…

León Gieco

El hambre se hizo oír el pasado 12 de setiembre. Los ruidos de las panzas vacías tronaron en todo el territorio nacional y ganaron protagonismo absoluto convulsionando la realidad política.

El hambre, uno de los grandes enemigos de la humanidad, nos hizo saber que acá está. Y se hizo sentir porque el hambre no espera, porque enferma y porque mata.

Por primera vez, en mucho tiempo, el hambre marcó la agenda en Argentina y torció el brazo de las ilusiones de perpetuidad de muchos funcionarios que no funcionaban porque cuando la crisis se desata por su grito ensordecedor, no hay mucho para pensar sobre cuál es el camino que hay que tomar. No hay mucho para discutir. Las medidas a adoptar solo pueden estar dirigidas a llenar las panzas de los más vulnerables y a acallar sus alaridos. Esa es la respuesta que está a la vista de todos, la que está sobre la mesa, ignorar el grito del pueblo con hambre es perderse y caminar directo hacia un abismo. Ninguna estrategia de políticas públicas puede discutirse ante este trágico desafío.

Sr. Presidente: el camino hoy es uno solo. Tomar medidas drásticas que lleven comida a nuestro pueblo, ese grito que ni usted ni su equipo anterior oyeron antes de someterse a esa suerte de encuesta que son las PASO, pero que deben escuchar usted y el nuevo equipo, antes del plebiscito de su gestión: las elecciones de medio término del próximo 14 de noviembre.

Por eso, como bien lo dijera usted en reiteradas oportunidades: voy a cuidar la vida de los argentinos, es que hoy le pedimos que se instrumente la misma efectividad, la misma energía y el mismo compromiso y responsabilidad con que nos cuidó de la Covid 19, y que nos cuide del hambre que padece cerca de la mitad del pueblo argentino y que nos avergüenza y que nos desconsuela. Porque el hambre también se cobra la vida de nuestros hermanos.

Por último, Dr. Alberto Fernández, celebramos que haya escuchado el mensaje de las urnas porque unos cuantos ministros que no habíamos votado, no podían llevarse puesto al pueblo que lo votó a usted, y que es en quién el pueblo argentino depositó toda su confianza para construir futuro.

Ojalá este cambio de figuras en su gabinete pueda contribuir a afianzar los aciertos -que fueron muchos- y a disimular los errores -que también fueron unos cuantos- y que usted se anime a encarar todas las medidas necesarias y muy urgentes para empezar la definitiva reconstrucción de una patria devastada y humillada por la ferocidad de la derecha. Ese flagelo que es, en definitiva, el verdadero enemigo a combatir entre todos los que queremos que la reseca muerte no nos encuentre sin haber hecho lo suficiente por los que menos tienen.