Por Carlos A. Moreno

Releyendo un posteo de Facebook que publiqué en 2018, en el que replico declaraciones de Roberto Navarro acerca de sus razones para no volver a C5N, me noto cada vez más convencido de que hay leyes que han quedado obsoletas. Una de ellas es la ley referente a las protecciones a la libertad de prensa: si bien están consagradas por diversos pactos a nivel continental y mundial, son de una época en que los medios eran realmente un faro de realidad, y no tenían más interés que el de informar a la población con la verdad. A algunos medios no les importó enfrentarse a los poderosos afirmándose en esas leyes, como en el famoso caso Watergate, en el que el Washington Post jugó un papel crucial (vean la película, es muy aleccionadora). Pero hoy en día, cuando los medios de comunicación se han convertido en gigantes corporativos que han dejado de lado la verdad, y en su afán de obtener recursos económicos apelan a cualquier maniobra espuria, aunque eso signifique mentir, ocultar hechos que suceden, o inventar hechos que nunca sucedieron, apoyándose en dichas leyes sin prurito alguno, sin una pizca de vergüenza, ya no digamos ética profesional. Los manuales de estilo de los diarios y medios son una carcajada que escupe saliva maloliente sobre la cara de los ciudadanos. Navarro dice que muchos hechos de corrupción que sucedieron durante el gobierno de Cambiemos (que él investigó) nunca llegaron a conocerse, y que ello obedece a la relación económica de los poderes políticos con los medios de comunicación, que así como sirve para apuntalar y sostener el trabajo de acercamiento a la realidad, también es una canilla abierta por donde se escapan millones y millones de pesos, que se usan ahora para manipular, acosar y enmudecer a los medios, amenazándolos con quitarles esos recursos que necesitan para subsistir. La pauta publicitaria oficial se ha convertido así, durante el macrismo, en moneda de cambio de favores y recompensas para eludir los hechos y ocultar la verdad. Urgen muchas reformas, la principal de ellas es la justicia, pues nada de lo que viene ocurriendo desde 2010 hasta aquí habría podido acontecer sin la inacción y el silencio cómplice de la corte suprema. Pero otras reformas también son necesarias, como las leyes de libertad de prensa y de expresión, pues no es lógico ni aceptable que dichos derechos sean invocados aún a pesar de poner en peligro, lastimar, y hasta causar la muerte de personas inocentes. Tampoco puede nadie faltar a la verdad y el respeto por el solo hecho de portar un micrófono u ocupar un asiento en un estudio de televisión, y mucho menos aprovecharse de las circunstancias para abusar de las asistencias estatales y luego judicializar procesos que son legales y correctos, invocando la interpretación malintencionada de las leyes y los derechos ciudadanos. Eso no es república, ni democracia, ni libertad de expresión. Es una dictadura que abusa del libertinaje mediático.

Por desgracia, los tiempos que corren han obligado a que muchas cosas que deberían hacerse dejen lugar a lo urgente, cuando hay peligro de muerte no hay lugar a consideraciones políticas ni discusiones cautelares inconducentes. Pero esto no se puede demorar más. Cuando una pieza de un sistema no funciona, hay que cambiarla, y si todo el sistema está corrupto hay que cambiarlo. Los vivos de siempre ya saben cómo giran los engranajes y los usan para su propio beneficio y para llevar desgracia al pueblo. Es necesario cambiar esos engranajes y adaptarlos a los tiempos que corren. Ya se están perdiendo vidas a causa del accionar de esos vivos, ladrones de traje y micrófono. No se puede seguir validando la muerte.