Por Miguel Núñez Cortés

Mientras decenas de miles de argentinos se reúnen en asambleas populares para cuestionar las extralimitaciones edilicias del actual gobierno capitalino, mirando en forma paralela al suelo y cuestionando las torres, no entienden que, a miles y miles de personas, a las que no les hace falta el aire libre ni los humedales, pues tienen extensiones que son de su propiedad donde retozan ellos, su hijos, nietos y determinados animales de raza pura o agregaditos (también puros), como los carpinchos.

Esos vecinos que van a tomar sol, luz y aire los fines de semana y fiestas de guardar, con toda su prole, dejan inhabitados, precisamente sus moradas donde gozan en días hábiles, precisamente, de sol, luz y aire.

Es como aquellos que cuando se aproximaba el tiempo acorde a una estación del año meteorológico que no era de su agrado, se tomaban el piróscafo y cambiaban de hemisferio. Todo se tornaba en un eterno verano o en un perenne invierno. Los aviones personales ya no permiten llevar la vaca lechera como antaño, en aquellos piróscafos.

Pero mientras los humildes que votan al oficialismo de Juntos por el Cambio y se quejan de los incumplimientos de los planes reguladores y miran azorados para arriba, visualizando futuras torres y vallas infranqueables para gozar de una vista rioplatense, no entienden lo que está pasando debajo de sus pies.

¡Hay mucho olor a “merde” en Buenos Aires!. Si existen en CABA dos terrenos ocupados por viviendas familiares con 10 personas a lo sumo, en esos dos terrenos se levantarán sendos edificios de 100 metros de altura y 200 ocupantes.

Cuando todos aprieten el botón, ROGANDO AL DIOS “MER”, que no lo hagan simultáneamente, las cañerías receptoras de material cloacal se colmarán en todo su diámetro, produciéndose fugas de gases y líquidos contaminados.

Me pregunto ¿será una guerra entre el Gobierno de CABA y AySA? A los edificios los pagan los adinerados, pero la extensión de cloacas, donde vuelcan ricos y pobres, las financian los pobres también con sus impuestos … y sí, es algo así como pasa con el IVA.

¿Está mal hablar de olor e inundaciones de “merde”? Es costumbre bien avanzada en el ambiente teatral, no escuchar la palabra “suerte” al acercarse la fecha de un estreno. Los artistas “creen” que los resultados de escuchar esa palabra pueden ser terribles.

Se acostumbra, para evitar ese término, desear “mucha mierda”, o, es más fino decirlo en francés: “Merde”.

Esto se debe a que la “Merde” en el teatro se asocia a la buena concurrencia en las noches de estreno. Antes de que se inventaran los automóviles, los carruajes eran el medio habitual para llegar al teatro. Cuantos más carruajes hubiera, mayor era la cantidad de caballos presentes y mayor entonces, la acumulación de excrementos.

Esta escatológica palabra viene del cálculo de cantidad de “merde” acumulada delante del teatro, a partir de la existencia de caballos estacionados con los carruajes, donde se habían trasladado los ricos propietarios para asistir a la representación. A más caballos frente al teatro, más “merde acumulada”. Más dinero en la taquilla o más monedas arrojadas sobre el escenario. En general y lo más común era que cuando estaba a punto de empezar la representación un miembro de la compañía se asomaba y miraba la cantidad de excremento depositada. Cuanta más había, más gente de dinero se encontraba entre el público.

Viene esto muy bien para aplicar aquella vieja sentencia que hacían los que se persignaban, ante el paso de féretro en el siglo pasado: “cuantos más ricos, más animales”… tiraban de la carroza negra.

Los viejos supimos que podía muy bien saberse la cantidad de espectadores sin tener en cuenta la “merde amontonada”. Se lograba con un “cuenta espectadores” (adaptación de un cuenta ganado, usado durante el tránsito de los semovientes, en ese triste camino final por la manga antes de ser embarcados para el matadero) que tenía el pica entradas o acomodador en los cines o teatros. Solía mantener la maquinilla oculta, con su brazo llevado a su espalda, mientras la mano pulsaba una y otra vez, en cada paso de un espectador. Esto tuvo su origen en los dueños de las salas para que no lo robaran desde la taquilla.

Quiero dejarle al lector algunos conceptos que deberían preocuparle igual o más que la ocupación de los espacios verdes.

La ciudad “que no se inunda más”, se puede inundar de merde. Más edificios, mas humanos y animales, obligan a un pensar peramente en la modernización de las redes cloacales (además de pluviales).

Hay que volver a pensar en los antiguos conceptos generales de la hidráulica. caudal, presión, velocidad, sección y pérdida de carga. Conocido es de todos que para conseguir una circulación de un fluido como el cloacal, por una tubería, es necesaria la existencia de una cantidad de líquido, factor denominado caudal, una fuerza que lo impulse llamada presión y una tubería definida por su sección. Entra en el juego la altura o carga piezométrica. A mayor altura, mayor presión y entonces nos puede sobrevenir el temido “golpe de ariete” que es un término usado para definir las fuerzas destructivas que se crean debidas a un aumento considerable e instantáneo de la presión en una tubería por la que circula un líquido a una cierta velocidad, cuando, en un momento dado, se cierra rápidamente el paso del líquido o lo que es parecido el caño “no da para conducir más fluido”. Estas enormes fuerzas que se crean en el punto de corte pueden compararse, en algunos casos, con el efecto de una explosión.

Imagine el lector una explosión de “merde”, acarreando gases de fácil combustión. Cuando se produce el golpe de ariete se crea una onda de presión de gran intensidad que se desplaza en sentido contrario al de la corriente, hasta alcanzar un punto de alivio en el circuito, como puede ser una tubería principal o de gran diámetro.

Los resultados del “golpe de ariete” los dejo a expensas de la imaginación del lector y de su olfato. Los aspectos de salubridad pública son materia de estudio y opinión de sanitaristas e infectólogos.

Pero ¡que fino queda decir delicatessen, por su elevada calidad de ejecución, chapeau para hacer honor a alguien o te deseo “mucha merde”! 

Lo fino, si fino, dos veces fino.

PS: téngase presente que las nuevas moles consumirán más agua potable y más gas natural, por lo que habrá que también extender las redes y ampliar las plantas de producción y transporte ¿Quiénes se sentirán perjudicados, los ricos o los pobres? ¿Quién pondrá el dinero, los más ricos o los más pobres a través de impuestos nacionales, provinciales y municipales, aplicados a todos los habitantes de las ciudades argentinas (desde la Quiaca a Ushuaia)?