Por Félix Gonzales Bonorino

El resultado de las elecciones PASO del 12/9 ha sido un baldazo de agua fría para la militancia y la conducción. Nadie, ni siquiera un gobierno con la capacidad de evaluación científica con que cuenta (guita ¡bah!), anticipó la debacle electoral.

Todas las explicaciones son válidas y atendibles, pero una vez que llegamos a sintetizar una idea sobre qué sucedió, nos quedan dos actitudes: volvemos a hacer lo de siempre, esperando que alguna cosa se modifique, o aplicamos, en la medida de nuestras posibilidades geográficas, individuales y grupales, nuestro conocimiento y nuestra voluntad para torcer un rumbo que se presenta catastrófico.

Vamos por lo primero. Si estamos sorprendidos es que sucedió algo que no esperábamos. Como esa pelotita que rebota para cualquier lado y nos pega en la nariz, el resultado nos pegó en la frente de nuestros cálculos y los desarmó.

El otro dato que tenemos que evaluar es que de ninguna manera fue un hecho local. Sorprendió en todos lados. Por lo tanto, tenemos que ver un acontecimiento general y que, además, tenemos que pensar que sus causas son pocas, porque en la medida que aumentas el número de variables, la dispersión de los resultados sería mayor. Cosas que impactan en el Norte no impactarían en el Sur y así.

El resultado que estamos analizando, una vez más, obedece a un enfrentamiento cultural. Y en este debate, choque, conflicto cultural, tenemos que observar la trilogía de lo imaginario, lo simbólico y lo real que se puso en juego.

Los dos modelos en la imaginación.

El Frente de Todos (FdT) apoyó su discurso en la idea del enfrentamiento de dos modelos antagónicos, uno que incluye contra a otro que excluye, siendo el primero el propio. Obviamente se refería como excluyente al modelo instrumentado por el gobierno macrista que acababa de cerrar el peor ciclo socio-económico de la historia argentina. Las citas a la gestión reciente fueron permanentes y asumidas como ciertas por los seguidores del FdT.

Sin embargo, Juntos por el Cambio (JxC) no aceptó el desafío. A pesar de haber puesto algunos actores económicos a discutir cuestiones técnicas sobre economía, sistemáticamente evadieron el debate. Incluso cuando se logró una instancia de debate televisivo entre economistas, Tetaz vs Heller, el argumento principal del primero fue sobre el manejo de la pandemia, empantanando el debate económico. Los fuertes argumentos y la solvencia de Heller no fueron puestos a prueba gracias a haber cambiado el eje desde el primer momento del debate.

El enfrentamiento de los dos modelos exigía que hubiera un cambio evidente en la situación actual vs la anterior. «El futuro que queremos tener, el país que queremos ser» y otras frases publicitarias no encontraron el eco esperado en el imaginario colectivo.

Lo simbólico: Corrupción vs corrupción

Nadie duda que gran parte del triunfo de JxC en 2015 se apoyó en una fuerte campaña centrada en el “lawfare”, maniobra que, hoy sabemos, comenzó mucho antes del 2014. En aquel momento la batalla cultural de la ética individual e institucional fue ganada por el macrismo y dio por resultado el triunfo mencionado.

Aquella batalla dejó sus trazos en la sociedad argentina. Es lógico que ante una nueva elección se buscara en los pliegues de los cerebros ya dañados, los restos de un discurso que tuvo éxito. ¿Podía el FdT enfrentar esta batalla en un palo contra palo? Bueno, no es que no hubiera razones consistentes para considerar este camino. Las matufias de Cambiemos comenzaron a aparecer con argumentos fuertísimos y acusaciones concretas que pronosticaban citaciones a funcionarios de todos los niveles. Error. No se entendió, y creo que no se dimensiona aún, el poder del sistema de corrupción dentro de la justicia. Además, del otro lado, entusiasmaba que ni a Axel Kicillof ni a Alberto Fernández se le podían encontrar fallas en este sentido.

Hasta el “vacunatorio VIP”, que, si bien no era un vacunatorio ni era VIP, fue suficiente para excitar ese rincón del cerebro ya mancillado por la campaña anterior. La “foto cumpleañera” fue postergada hasta el momento indicado y sirvió como locomotora para despertar el símbolo antes excitado. Tal vez fueron los consejos de un Facundo Manes y su neurobiología la que indicó el ataque.

De esta manera la campaña de las vacunas se fue neutralizando. Un éxito rotundo. 55 millones de vacunas, fueron borradas por una foto y un título.

Es la economía. La estupidez de lo real.

No fueron las 40 cuentas off shore, el Correo Argentino y su estafa monumental, el endeudamiento gigantesco ni haber traído de vuelta al FMI (aunque este ayudó bastante). Fueron los bolsillos de los argentinos los que terminarían con el gobierno de Mauricio Macri.

Pocas veces en la historia un gobierno destrozó al Estado de Bienestar de una Nación con tanta fiereza. Cumplía sus objetivos a una velocidad diaria. Así y todo, en el «segundo semestre» de 2017 JxC ganó las elecciones de medio término. Fue recién cuando la gente agotó sus ahorros, sus trabajos desaparecieron y sus billeteras se quedaron sin animalitos adentro, cuando la gente le dijo basta.

El contrato del FdT era justamente terminar con esto. “Entre los bancos y los jubilados, yo elijo a los jubilados”, prometió. Pero no llegamos a ver esa elección y los bancos siguen facturando que da miedo y todos nos damos cuenta. Podés retroceder con Vicentin, pero es mejor que no te lances a la pileta sin verificar que tenga agua. Podemos enumerar errores, pero ninguno de ellos es determinante por sí solo. Lo determinante es que, si la carne está cara o la luz o las papas, es porque el salario, la jubilación y las pensiones están bajas. Es porque en términos más que generales, los merenderos y comedores populares no se han reducido nada, más bien diría lo contrario y eso el votante lo siente.

JxC no discutió de economía, solo dijo que cambiaron carne por polenta. Y la gente compró, porque muchos así lo perciben. Saben que fueron un desastre y es increíble que puedan considerar que son una alternativa. ¿Pero entonces, qué hicimos?

Por último, pero no menos importante, está el asunto de la comunicación. Si alguien ha manejado la comunicación en estos dos años, es la oposición con todo el aparato mediático bien entrenadito como lo tienen. Bien financiado por el gobierno, los multimedios principales reciben del FdT la “soga con la que los ahorcaremos”, parafraseando a Lenin.

Ellos han manejado los mensajes y el gobierno no ha sabido manejar la agenda de la comunicación y solo atinaba a responder. Hubo que pedirles a los ministros, por los medios y las redes, que salieran a defender la gestión y siempre, salvo excepciones, lo hicieron en modo zen. Del otro lado, afilaban las espadas.

Hoy, que tenemos el domingo a flor de piel, algunos sentimos la amenaza de volver a caer en la miseria social si no jugamos las cartas que tenemos que jugar y arrancarles la apuesta con toda nuestra fuerza.

Los dos modelos son imaginarios si no se concretan. Si los actores que manejan a un modelo, el modelo malo, son los mismos que manejan el otro modelo, el modelo bueno, ¿Por qué uno es malo y el otro es bueno? ¿En qué se van a diferenciar?

La distribución desigual de la riqueza sigue siendo más o menos la misma, ¿o no?

Todos los días le decimos a los que mucho tienen, que les sacamos un poquito por aquí para dar de comer al pueblo, “Pero miren cuanto están ganando por allá, no se quejen”. Si el pueblo apoya, ¿a qué le tienen tanto miedo?

Elecciones contiene en su interior la palabra Lección. Y la lección fue clara, las cosas no van muy bien. Saquemos a la gente de la pobreza y ahorremos luego, que un pueblo muerto no paga deudas. ¿Se acuerdan quien lo dijo?

Y al presidente decirle que llegó el momento de dejar a Lito Vitale y tocar un poco de Pappo Napolitano. A ver si así lo entiende.