Por Emma Le Bozec* y Alejandro Mosquera*

Nuestra revista La barraca expresa el más enérgico de los repudios contra el ataque a Estela de Carlotto, la presidenta de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo. Vale la pena contextualizar estos reiterados ataques y ensañamientos contra la referente argentina de los derechos humanos que fuera nominada varias veces como candidata al Premio Nobel de la Paz y que recibió con justicia el Premio de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y el premio Félix Houphouët-Boigny, otorgado por la Unesco. 

La serie de agresiones que viene sufriendo Estela, a sus 90 años, tiene un capitulo reciente con la exhibición de una bolsa mortuoria con su nombre el 27 de febrero en Plaza de Mayo, por un grupo de jóvenes de derecha llamado Jóvenes Republicanos, entre otras bolsas etiquetadas con nombres de políticos kirchneristas.

Estos odiadores nos tienen acostumbrados a tanta agresión al pueblo y a sus mejores representantes, como asimismo la dirigencia de la derecha argentina, que continuó la embestida contra Estela con la insólita acusación de “instigación al delito” que realizaron la presidenta del PRO, Patricia Bullrich y el titular del bloque de diputados de ese espacio, Cristian Ritondo, justamente el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.  Su líder Mauricio Macri es y ha sido un opositor ostensible a los organismos de derechos humanos, y toda vez que pudo trató de desprestigiar nuestra lucha de tantos años. En su desvergüenza comparó públicamente su sufrimiento por un secuestro por motivos económicos con lo sufrido por las víctimas de la represión durante la dictadura. Es decir, con los campos de concentración, con los compañeros secuestrados, con las mujeres violadas y pibes torturados y robados, con todo lo sufrido por las familias de nuestros compañeros, con los fusilados por lealtad a la patria y sus ideales. Increíble.

Ni él ni sus lugartenientes son capaces de distinguir la lucha por los derechos humanos de la disputa política preelectoral. Ofende la inmoralidad de sus planteos.

En el fondo una y otra vez rechazan el umbral común de democracia, derechos humanos, verdad y justicia, que construimos los argentinos y las argentinas.

 Estela es parte de una camada de mujeres y varones, de trabajadores y profesionales, de jóvenes de todas las edades que dieron todo por derrotar a la dictadura, recuperar la democracia, y vencer a la impunidad de los perpetradores del genocidio.  Es y son reconocidos en todo el mundo por las fuerzas democráticas más diversas.

Si algo distinguió a la sociedad argentina del resto del mundo es el haber logrado un nivel de consensos básicos manifestados de forma enérgica y vital, para enfrentar al horror de la última dictadura, tanto de sus dirigentes políticos, estudiantiles, artísticos, gremiales, como de todas sus fuerzas vivas. Consensos básicos que fueron articulando un código de convivencia que ninguna pandemia global podrá desarticular, ni los aliados al Lawfare, ni la peor derecha, ni el peor de los poderes judiciales, ni el más canalla de los pseudoperiodistas de los medios hegemónicos.

Parece que hay que volver a aclarar una y mil veces que la Dictadura Cívico Militar mató en nombre del Estado Argentino a militantes del campo popular y que fue precisamente ese Estado el responsable del genocidio. Lo hicieron como brazo armado de los intereses del imperio, de los grupos concentrados de la economía, del dogma neoliberal que ellos profesan y defienden, y que es responsable de los principales dolores que sufrimos en el país.

Los Macri, los Bullrich y tantos otros, son parte del fenómeno de la ultraderecha global que elige a sus representantes en las plazas del odio y del medioevo.

Cuando fueron gobierno en los tres ciclos neoliberales que sufrimos, vulneraron los derechos básicos y también los llamados del siglo XXI. Cuando hablan de estos últimos es sólo para ocultar que pregonan la impunidad de los crímenes de la dictadura.

Son amigos de Trump, de Bolsonaro, de los golpistas bolivianos, de los militaristas colombianos, se abrazan con los defensores de los militares genocidas, quieren la impunidad de los que hundieron el país y por eso les ofende el reclamo de justicia del pueblo argentino y,  entre ellos, de Estela.

Ellos tienen que esconder a sus amigos para conseguir un voto, nosotros estamos orgullosos de los enemigos que tenemos y nos abrazamos públicamente con nuestras amigues, nuestros compañeros y compañeras, nuestras/os líderes. 

Nosotres abrazamos a Estela, y… ¡tantas veces nos sentimos abrazados por ella! Y seguimos escribiendo y coreando…

Usted preguntará por qué cantamos

Cantamos porque el río está sonando
Y cuando suena el río, suena el río
Cantamos porque el cruel no tiene nombre
Y en cambio tiene nombre su destino

Una vez más les decimos: No les tenemos miedo…

*Emma Le Bozec es poeta y sobreviviente de Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio y columnista de la revista

*Alejandro Mosquera es Director de la Revista La barraca y militante de DD.HH.