Por Miguel Núñez Cortés

Hay quienes se convierten en baqueanos aun en las noches oscuras del dominio hegemónico imperial. Por eso se tornan en anunciadores de un mejor destino. Claudia Korol en “Volver a Camilo” trata sobre quien murió por amor, sin disparar un solo tiro.

Así son los hombres y las mujeres que se nos presentan en la historia como profetas de un mejor destino. Y primero Perón y Evita, luego Néstor y Cristina y ahora Alberto Fernández iniciaron sus mandatos y acompañamientos bajo la impronta significativa y única de demostrar que es posible un mañana mejor, aspirar a un mismo sueño.

 Desde sus comienzos el peronismo nos propuso un lugar de encuentro: los propios corazones, las mismas ilusiones, iguales memorias. Ellos nos enseñaron que es posible saltar códigos anquilosados, franquear fronteras y volver a reconocernos juntos, dentro de alma encantada de Latinoamérica.

 El peronismo siempre puso en práctica el amor eficaz, el que se demuestra por las obras y no por los suspiros. El que se convierte en realidades concretas, única manera de demostrar la fe en un proyecto.

 Y cuando las fuerzas imperiales y sus mandados decidieron interrumpir ese amor eficaz para entronizar el poder colonial, que siempre nos acechó con su odio, cargado de destrucción, violencia y muerte, el pueblo respondió con amor. Esto no significó mirar la escena política desde una contemplación monacal, sino que el peronismo se inserta en la vida que en cada momento le hacen vivir, poniendo cuerpos y proyectos. La historia juzgará algún día la extraordinaria respuesta que el gobierno argentino le dio a la pandemia de la Covid.

 Siempre el peronismo llegó para romper los mitos heredados de la vieja política. Se ha permitido dudar, y hacer de sus dudas nuevas oportunidades para la palabra y la acción.

 El peronismo, solo el peronismo. se atrevió a discutir los mandatos anquilosados de los libros de enseñanza, incluyendo los que nos venían impuestos con las callosidades de 200 años de historia, perversamente enseñada y aprehendida. Y  así desde aquél lejano 1945 se perseveró  en la decisión primigenia de romper las máscaras y asumir un sendero, no para andar hacia un destino de victoria anunciada, sino para buscar nuevas oportunidades, para derribar injusticias.

 Y ese proyecto de búsqueda, siempre necesitó de coherencia, entre lo que se piensa y lo que se hace, entre las palabras y los actos, entre las teorías y las prácticas. El peronismo superó los límites de todos los mandatos históricos, de todas las opciones, para proponer una donación política trascendente.

 Fueron y son años de fe. De cuerpos que se preguntaron y se preguntan así mismos, concretamente, desde sus acciones políticas y militantes. Generadores de mitos, motores movilizadores de inmensas energías juveniles, donde anida el futuro. Suceso incomprensible para algunos, pero entendible para las inmensas mayorías populares.

 Entonces el peronismo en sus fases sucesorias nos ofreció la posibilidad de reunirnos en la frontera, sobre los simbólicos puntos y rayas de tinta china y descubrir que en las leyendas y en los mitos de los pueblos de Latinoamérica residen deseos intensos, proyecciones de vidas en común, que no pueden dejar de vivirse. Que merecen vivirse.

 Y el amor es eficaz cuando desafía emociones, propone respuestas nuevas que guardan y resguardan las fragancias más seductoras del alma encantada del pueblo. Nos hace volver sobre la necesidad de buscar compañía en cada caminata, reuniendo a los que vienen solos y a pie, caminando, caminando, caminando, buscando ser pueblo, de tal forma que juntos percibamos la única manera de entender que el pueblo existe. Nuestro único, fértil, y cálido espacio de memoria, de verdad y de ternura, sigue habitado por los sueños «justos, libres y soberanos» que signaron para siempre la historia de los argentinos.

 Y cuando la vida reúne por sino misterioso -que colorea en el peronismo- a seres políticamente excepcionales, -para que se cumpla el mito- logra que florezcan de su unión extensiones de los mismos sueños, sí, como los de aquellos que los soñaron primero.

 Y ese amor es máximo y florece cuando se muestra eficaz, pues llega bajo una forma distinta, pero nacida del mismo vientre de la historia. Y así, quizás sin darnos cuenta, o quizás sí, percibimos la realidad efectiva que viene a mostrarnos que hay ideas, propuestas, ilusiones y goces de hombres y de mujeres, que no logran ser derrotados ni aun después de su muerte.

Miguel Núñez Cortés