Por Horacio Rovelli

El 29 de octubre de 1929 descendieron bruscamente los precios de las acciones de las empresas que cotizaban en la bolsa de Wall Street, lo que afectó dramáticamente a Estados Unidos y a Europa, los bancos quebraron en forma masiva, hubo numerosos cierres de fábricas y comercios. Como consecuencia de la crisis se generó una brutal desocupación. Los países centrales frenaron las importaciones para incentivar su producción local, lo que hizo que los productos agropecuarios perdieran su valor rápidamente y que, en paralelo, el precio de las manufacturas que Argentina importaba subiera peligrosamente.

En medio de la crisis de 1930 los sectores más reaccionarios y conservadores del país quisieron asegurar sus ganancias y que se ajuste (reduzca) el consumo popular y el gasto público, para ello necesitaban derrocar a Hipólito Yrigoyen y se valieron del Ejército Argentino, que lo hizo el 6 de septiembre de 1930.

Asumió José Félix Uriburu como Presidente de facto y nombraron en lugares claves del gobierno a conspicuos representantes del poder económico que operaba en la Argentina: Vicepresidente: Enrique Santamarina, terrateniente, accionista de Astra, compañía petrolera del grupo Standard Oil -ESSO, empresa norteamericana; Ministro del Interior: Matías Sánchez Sorondo, abogado de la Standard Oil- ESSO; Ministro de Agricultura: Horacio Beccar Várela, abogado del frigorífico Anglo, asesor legal de la Cámara de Comercio Norteamericana, Presidente de Droguería Suizo Argentina, y de La Plata Cereal;  Ministro de Relaciones Exteriores: Ernesto Bosch, presidente de la Compañía. Industrial y Comercial de Petróleo, subsidiaria de la Anglo Persian, y presidente de la Sociedad Rural; Ministro de Justicia e Instrucción Pública: Ernesto Padilla, Síndico de las azucareras Nougués Hnos. Ltda. y del Ingenio San Pablo; Secretario General de Gobierno: Carlos Ibarguren luego gobernador interventor en Córdoba e ideólogo junto a Leopoldo Lugones y Ernesto Palacios del ideario corporativista.

Como Uriburu era muy limitado intelectualmente, asumió el verdadero cerebro del golpe militar, Agustín P. Justo, que no se había puesto al frente del mismo por temor a una mayor respuesta popular, pero, encarcelado Don Hipólito y luego deportado a la Isla Martín García, ante la falta de respuesta de la población, desplazó a Uriburu en elecciones fraudulentas y cumplió seis años de mandato. Oportunamente, puso como candidato a sucederlo como Presidente a Roberto Marcelino Ortiz que era su Ministro de Hacienda y era radical del contubernio[1].

No bien asumió Agustín P. Justo, impulsó el Pacto Roca-Runciman para asegurar las ventas al exterior de carne y trigo. La beneficiada fue Gran Bretaña: Las empresas de ese origen remitían las utilidades en oro; le compraban sus productos más caros que de los EEUU y otros países; y le dieron el monopolio del transporte.

Internamente, el gobierno de los grandes ganaderos asociados a los frigoríficos extranjeros, operaban en perjuicio de los pequeños productores, exportaban con maniobras de doble contabilidad y evadían los controles cambiarios, como lo denunció y demostró el Senador Lisandro de la Torre.

La intervención del Estado en la economía se limitó, durante ese período de profunda crisis económica y social, a resguardar con fondos públicos los intereses privados de los grandes grupos económicos, desentendiéndose del hambre, la desocupación y la miseria que soportaba un alto porcentaje de las familias argentinas.

EL MODELO DE SUSTITUCION DE IMPORTACIONES

Sin embargo, en 1933 asume como Ministro de Hacienda Federico Pinedo, quien advierte que es imposible mantener el sistema económico y comercial agro exportador y propone industrializar el país.  Para ello fundó el BCRA, con el fin de regular la creación de dinero, y las Juntas Reguladoras de Carnes y de diferentes productos primarios (granos, algodón, leche, yerba mate, vino), para sostener los precios. Se aplica por primera vez el Impuesto a las Ganancias y, se elevan los aranceles para frenar las importaciones. Se crea SOMISA y capitales privados fundan SIAM.

Se desarrolla la industria alimenticia: panificación, envasados y conservas en general (harina, aceite, cerveza, vinos, azúcar, molinos harineros y envasadores y empacadores de frutas y conservas). La expansión de la industria textil fue favorecida porque nuestro país contaba con las materias primas agropecuarias necesarias como insumos: lana y algodón.

Hace un acuerdo con las empresas extranjeras para que se radiquen en el país, sube los aranceles de los productos que ellos elaboran y otorga desgravaciones impositivas, entre ellas, el Impuesto a las Ganancias. Eso hace que se instalen empresas extranjeras en el país, por los nuevos mercados y por los aranceles: Bunge y Born (Grafa, Alba, Molinos Río de la Plata); Nestlé (Suiza); Suchard (Suiza); Ginebra Bols (Holanda); en el rubro textil, Anderson Clayton (EUA, 1936), Sudamtex (EUA, 1934) y Ducilo (EUA, 1937); en metales y maquinarias, Olivetti (1932, Italia), Hierromat (1933, Francia) y CAMEA (1934, Francia); en maquinarias y artefactos eléctricos, Phillips (1935, Holanda), Osram (1934, Alemania), Philco (EUA, 1931) y Unión Carbide-Eveready (EUA, 1937); en productos químicos, Duperial (1935, Gran Bretaña) y Electrocolor (1936, Gran Bretaña) ; en productos derivados del caucho, Good Year (EUA, 1930) y Firestone (EUA, 1931); y en productos farmacéuticos y de tocador, Johnson y Johnson (EUA, 1931) y Pond’s (EUA).

El Plan Pinedo fue, de esa manera, el primero que logró sustituir parcialmente importaciones por producción local, generando el incipiente comienzo del Modelo ISI (Industrias Sustituidoras de Importaciones), creciendo hacia adentro, donde es importante, fortaleciendo el mercado interno. Sin embargo, el “talón de Aquiles” y límite para la consolidación y desarrollo del modelo, es la dependencia de divisas del sector agro –ganadero, quienes terminan exigiendo su renuncia e imponen como Secretario de Hacienda a Roberto M Ortiz, quien, en 1938, en elecciones fraudulentas asume la Presidencia de la República, y un año más tarde, al quedar ciego, es reemplazado por su vicepresidente, Ramón S. Castillo, cuando gran parte del mundo entra en la Segunda Guerra Mundial (1939-45).

Federico Pinedo vuelve a ser Ministro de Hacienda cuando en 1940, envía al Congreso de la Nación el Proyecto de Reactivación de la economía nacional. El Plan Pinedo, como se lo conoció, procuraba conciliar la industrialización con la economía abierta, fomentar las relaciones con Estados Unidos y los países limítrofes (Inglaterra había entrado en la Guerra 1939-1945). Las exportaciones agrarias seguirían siendo la gran rueda sobre la que giraba la economía argentina, pero la industria exportadora comenzaría a actuar como una rueda complementaria. La exportación de productos industrializados simples resolvía un problema coyuntural, la obtención de divisas para importar los insumos que sólo EEUU podía proveer. El Plan Pinedo, permitía también reorientar en forma duradera nuestra política exterior hacia la emergente potencia económica americana. Si Estados Unidos ya tenía trigo y vacas, le venderíamos zapatos y sombreros. Se trataba de reemplazar gran parte de los productos que EE.UU., antes de la guerra, importaba de Europa.

Se crea la Corporación para la Promoción del Intercambio SA (CPI). Su directorio estaba integrado por los principales ejecutivos de las empresas norteamericanas radicadas en la Argentina, que actuaban como compradores de divisas. También estaban representados los grandes consorcios multinacionales de la época, Tornquinst, Bemberg, Bunge y Born, Leng Roberts.

El problema es que en diciembre de 1941 tras el ataque japonés a Pearl Harbor los EE.UU. entran a la guerra, la CPI no pudo hacer nada en cuanto a las exportaciones.

En 1942 se cambian los estatutos y se establece como finalidad de la sociedad la promoción del intercambio y la promoción de la tecnología. Esta última, tenía como objetivo aumentar y mejorar la producción de ciertos productos para incrementar las exportaciones. El producto debía adecuarse a la calidad y al estándar requerido en el extranjero. Para ello, la CPI encara nuevos estudios. Se contratan técnicos extranjeros para que asesoren a los fabricantes de productos exportables, se financia el viaje de fabricantes locales a Estados Unidos (calzado y curtiembre) y promociona nuevos métodos de fabricación.

En 1943 se abren tres nuevas oficinas en Nueva Orleans, Chicago y San Francisco. Nueva Orleans era el puerto al que llegaba la mayoría de los embarques de la Argentina. Chicago y San Francisco representaban importantes mercados para nuestros productos. Cada sede contaba con vitrinas a la calle donde se promocionaban los productos made in Argentina: vinos, cueros curtidos (antes se exportaban los cueros crudos, sin industrializar) zapatos, caramelos, alfombras, glucosa de maíz, entre ellos.

Los EEUU, tras Pearl Harbor, entra de lleno en la 2da. Guerra Mundial y presiona sobre los gobiernos de la región para que participen en la misma. El gobierno conservador de Castillo duda, pero propone como sucesor presidencial en las elecciones que debían realizarse en el año 1943 a Robustiano Patrón Costa, dueño del Ingenio San Martín de Tabacal en Salta, vinculado a la Standard Oil y asiduo visitante de la embajada.

Dada esa situación, en junio de 1943 un grupo de militares nacionalistas denominados GOU (Grupo de Oficiales Unidos) entre los que estaba el Coronel Perón, ejecutan un golpe militar desplazando a Castillo y nombran, primero a Rawson y después a Ramírez, quien, como Presidente provisional designa Secretario de Trabajo y Previsión al Coronel Juan D. Perón y vicepresidente de la República al Gral. Edelmiro Farrel, los hombres fuertes del GOU.

El GOU era una organización secreta militar nacionalista que no quería subordinarse a EEUU. La proclama del golpe de Estado la escribe Juan D. Perón y denuncia “…el fraude, peculado y corrupción del gobierno de Castillo, el movimiento es esencialmente constitucional y lucha para mantener una real y total soberanía de la Nación”.

Como Secretario de Trabajo y Previsión logró armar una corriente de sindicalistas afines que, sumada a los trabajadores del interior con poca o nula experiencia en el tema, logra ampliar la agremiación de los trabajadores y ser mayoría en la CGT. “Cuando me hice cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión, un abogado me preguntó: – ¿Cuál cree Ud., Coronel, que es la ley más necesaria? Y yo le contesté: -Una que haga cumplir la mitad de las leyes que existen.” J.D. Perón

El objetivo del gobierno de Perón fue sustituir las importaciones a como dé lugar y tratar de llegar a exportar bienes industriales. Para eso contaba con que la Argentina salió acreedora de Inglaterra y Francia tras la segunda guerra mundial, a quienes vendió alimentos durante la misma, y con que los países vencidos tenían un nivel tecnológico similar a los vencedores, entonces trajo técnicos, científicos y capitales de Alemania e Italia, principalmente.  

Debía transferir esas acreencias de los terratenientes y grandes acopiadores a favor de los trabajadores y de la industria, y lo hizo duplicando la emisión monetaria, esto es, los exportadores ahorraban en pesos fuertes y había reservas en oro que los respaldaban, Miguel Miranda que era el Presidente del BCRA, aumentó fuertemente la cantidad de dinero creado por la autoridad monetaria, así logró, prácticamente con las mismas reservas, disponer del doble de Base Monetaria, esa parte creada de dinero se la dio en créditos blandos (a bajas tasas de interés) a los industriales  y a los trabajadores. Cuando Roque Vasalli vino de Italia y se entrevistó con Perón, éste le preguntó qué hacía en Italia antes de hacer tanques para Mussolini, “cosechadoras”, dijo. Perón le propone hacerlas en Argentina y entonces el Estado construye un tinglado en Firmat (Pcia. de Santa Fe), a través del Banco Industrial otorgó  préstamos accesibles y a largo plazo, pagó sueldos con plata del Estado durante 10 meses a sus trabajadores, y hoy todavía Vasalli Fabril SA existe y produce excelentes cosechadoras.  ¿De dónde sacó la plata Perón?: De las reservas internacionales que multiplicó en pesos por dos, con lo que sus antiguos poseedores se quedaron con la mitad y la otra mitad restante los trabajadores y los industriales (obviamente después de eso nuestros sectores dominantes no ahorraron más en nuestra moneda).

Con recursos generados por los exportadores el peronismo impulsa la industrialización del país y, gracias al fin de la guerra, logra avanzar tecnológicamente y ponerse a la par de los países desarrollados, incorporando a ingenieros, técnicos, científicos y empresarios de los países derrotados que tenían un alto nivel de conocimiento y experiencia.

HOY

El Modelo ISI (industrias Sustituidoras de Importaciones) sobrevivió hasta 1976, en que la dictadura militar nos desindustrializó imponiendo un modelo extractivista agropecuario exportador y, para consolidarlo, contrajo una infernal deuda externa.

La deuda externa y la extranjerización y concentración económica en nuestro país imponen una matriz extractivista, agropecuaria-exportadora, razón por la cual no se desarrollan industrias que sustituyan importaciones, no genera trabajo y no se integra a la sociedad. Al contrario, se subordina toda la economía a satisfacer la demanda del exterior y el sector externo refleja claramente esa situación.

En consecuencia, Argentina aparece con problemas estructurales propios de una economía sesgada a las exportaciones primarias, con cada vez menos actores con capacidad de insertarse en un mundo con exigencias crecientes como efecto del entorno en el que se desenvuelve, por ende, la macroeconomía y la matriz comercial están en función de priorizar la venta de materias primas y alimentos.

Esto implica un brutal ajuste de la economía nacional, y por ende, debe exportarse lo que sea, sin miramiento y sin importar cómo afecta al consumo interno. Ejemplos claros: las exportaciones de 37 millones de toneladas de granos de maíz en el año 2020 y su impacto sobre los precios de la carne aviar y porcina y hasta en la bovina en el mercado local.  Ejemplo: las exportaciones de res entera por un millón de toneladas el año pasado y el encarecimiento en un 75% de su precio interno según asevera el Instituto de Promoción de la Venta de Carne Vacuna, que depende de la Bolsa de Comercio de Rosario-Santa Fe

La principal pregunta es porqué debemos exportar a como dé lugar y reducir el consumo interno para aumentar los saldos exportables de alimentos y materias primas (que es, básicamente, lo que vendemos) y no se investiga cómo y quiénes generaron esa deuda.

Es inaudito el nivel de endeudamiento cuando la Argentina ha tenido un comercio exterior es este siglo XXI, sumando desde el año 2000 inclusive hasta abril de 2021, se acumula un superávit comercial de 175.000 millones de dólares, máxime teniendo en cuenta que en 2005 y 2010 se realizó una exitosa conversión de títulos de deuda, disminuyéndola sensiblemente y reescalonando su pago y, sin embargo, con el gobierno de Macri, la deuda se acrecentó en más de 100.000 millones de dólares, con lo que no se hicieron obras de infraestructura y sí, se fugaron, según estudios del BCRA, 86.200 millones de dólares.  Es más, los cien primeros fugadores lo hicieron por 24.679 millones de dólares en cuatro años[2] y a ninguno de ellos se los investiga para saber cómo hicieron para comprar esa cantidad de divisas en cuatro años, cuando no declararon ganancias en sus empresas por la magnitud que fugaron

En el marco de la disputa en la cúpula del poder económico de la Argentina, principalmente entre el sector extractivista agropecuario exportador y quienes están atados al mercado interno que no se termina de dirimir, ambos sectores presionan al Estado Nacional. La reunión del martes 15 de junio 2021 de Kulfas y Pesce con la UIA (hoy capturada por AEA) nos exime de mayores comentarios y pruebas. Le pidieron muy puestos en razón, un mecanismo de acceso a divisas de libre disponibilidad para exportadores y manifestaron «la importancia de continuar con la agenda de trabajo entre la UIA y el BCRA para el diseño de instrumentos de crédito accesibles, tanto para capital de trabajo como para la inversión».

Ambos sectores (CAA y AEA) se endeudaron y traspasaron esa deuda al Estado como han hecho en 1982-83 y 2002 y en el gobierno de Cambiemos compraron dólares al BCRA para fugar. El gobierno no atina a investigar cómo hicieron para comprar la cantidad de divisas que compraron en cuatro años, cuando no declararon ganancia en sus empresas por la magnitud que fugaron.

A ello hay que sumarle el capital financiero, cada vez más extranjerizado, con BlackRock  con participación en los bancos españoles (Santander y BBVA) y en los supuestamente privados nacionales Galicia y Macro; más los bancos extranjeros (Citi, HSBC, ICBC, Patagonia); más la deuda interna (títulos en pesos) que tiene entre otros a PIMCO y a Franklin Templeton como sus poseedores y no saben cómo salir de esas tenencias sin producir una fuerte caída en sus pecios (que los perjudica); más la deuda externa y la presión del FMI y del Club de París.

Entre la presión de los acreedores externos y los «que fugaron» para que acordemos y paguemos lo que no se puede pagar, deambula, Alberto Fernández y su equipo

El gobierno frena planes sociales y gasto público en medio de la segunda ola del covid 19 para no superar el déficit fiscal presupuestado, pese a que la inflación va a ser mayor que la estimada del 29% para todo el año 2021.  Y no muestra la misma conducta severa en su política monetaria, que no genera créditos para la producción, el trabajo y el consumo [3], y paga generosa y religiosamente a los bancos las inmovilizaciones de Leliq y Pases Pasivos.

EN SINTESIS

Mientras en la cúpula económica se dirime en una feroz interna cómo sigue la economía del país, los tres sectores coinciden en que la deuda no se debe investigar y que la debe pagar el pueblo argentino como lo sostuvo el Presidente Nicolás Avellaneda: “…millones de argentinos que economizarán hasta sobre su hambre y su sed, para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros”

Se debe impulsar la investigación sobre los grandes compradores de divisas (y mientras tanto, suspender todo pago al FMI y al Club de París); aumentar los derechos de exportación (retenciones); poner “cupos de exportación” priorizando el mercado interno; y dejar de devaluar nuestra moneda.  Con el mayor ingreso por las retenciones y el menor pago de los intereses de la deuda, el Estado debe impulsar la construcción de vivienda y de obras públicas que no requieren importaciones de ningún tipo y aumentar los salarios, jubilaciones y pensiones, eso depende del Estado y la Argentina volverá a crecer en forma sostenida y consistente.

Nota: El CAA se conformó en julio de 2020 con más de 40 cámaras y entidades como CONINAGRO (Confederación Intercooperativa Agropecuaria), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y Federación Agraria Argentina (FAA) y tiene asociados y sectores diversos, abarca prácticamente a todos los integrantes de las cadenas de valor agropecuarias: Los productores de carne avícola, vacuna y porcina; las industrias y cámaras ligadas a la producción de soja, maíz, trigo, arroz, maní, algodón, madera y pesca, entre otros; y las empresas exportadoras nucleadas en el Centro de Exportadores de Cereales (CEC, donde participan Aceitera General Deheza, COFCO, Cargill, Glencore, Bunge, Louis Dreyfus, etc.). A ello, se suman las Bolsas de Cereales y acopiadores de todo el país, uniendo productores, acopiadores, comercializadores, industriales, biocombustibles y exportadores.

El CEA fue creado en el seno de IDEA (Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina) en 1967 en apoyo al ministro de la dictadura de Onganía, Adalbert Krieger Vasena, su presidente antes del 24 de marzo de 1976, fue José Alfredo Martínez de Hoz y como tal propició el acuerdo “APEGE” que hizo el lock out (paro patronal) en febrero de ese año como antesala del golpe militar.  Desde el año 2002, el CEA se fusionó con la Fundación Invertir, conformando la Asociación Empresaria Argentina (AEA) como se la conoce hoy, presidida por un hombre ligado a la embajada de los EEUU y, como tal, principal convocante para conmemorar los 4 de julio, Jaime Campos. Pero los principales directivos y Vicepresidentes de AEA son Luis Pagani (Arcor), Paolo Rocca (Techint), Héctor Magnetto (Clarín), Cristiano Ratazzi (FIAT), Alfredo Coto (supermercado Coto), y Sebastián Bagó (Laboratorios Bagó).

[1] Los yrigoyenistas denominaban “contubernio” a los acuerdos y alianzas que los alvearistas realizaban en el Congreso Nacional con políticos conservadores, demócrata-progresistas y socialistas.

[2] “Formación de activos externos 2015-2019” Informe del BCRA 14 de mayo 2020.

3] Crédito al sector privado en torno al 11% del PIB, que es el porcentaje más bajo de toda la historia monetaria del BCRA, de los cuales corresponde un 5% a los crédito personales y 6% a las empresas