Colaboración: Rosana Herrera.

El domingo me levanté con los nervios de punta, igualito a aquel 27 de octubre del 86, cuando a escondidas, (era «la» sorpresa para mi papá cumpleañero), me iba a rendir mi última materia de la facultad. Señora grande y responsable, ya con una hija de seis años, pero con la ansiedad de una adolescente. O sea que una vez más bajándome a la colectora del relato, (¡sos incorregible, Rosanita!) aproveché para contarles la trascendencia afectiva que tuvo, tiene y tendrá esta fecha para mí. Porque se mezclan en un cocktail entrañable, los aniversarios del cumpleaños de mi padre, de mi graduación, de la muerte de Néstor y desde ahora en adelante, de la recuperación de la dignidad nacional. Así que anteayer fue un día nostalgiosamente fiestero, pero que no me impidió jugar,mientras esperaba cumplir con mi deber cívico en la escuela Mate de Luna, a un juego muy fácil: adivinar el voto de cada ciudadanx de la interminable cola, por sus expresiones faciales y sus gestos.

Es así como miraba  con pena esos ceños fruncidos, esos rostros enojados, puteando, quejándose del calor, apuradxs, murmurando que es todo lo mismo y adivinen ¿con qué candidato lo asociaba? Luego seguía observando y me topaba con portadorxs de sonrisas gigantes, hablando a los gritos, abrazándose, sacándose selfies, saludando a todo aquel que tuviera brillitos en los ojos. Y que quiere que le diga… yo también sonreía y me marchaba a almorzar y a esperar en realidad más ansiosa que nerviosa, que me dieran la nota, o digo…los resultados. Como hace 33 años.

Lo que pasó el domingo luego del examen que rendimos, (ya no yo sola sino todxs lxs argentinxs) no fue sorpresa (como no lo fuera mí 10 en Farmacodinamia). Porque demandó mucho trabajo alcanzar la victoria y el trabajo se hizo, y con fervor, y por eso los festejos duraron hasta el amanecer y cada hogar, cada club, cada bar, se convertía mágicamente en un amoroso bunker de campaña.

En lo que me quedé pensando hasta recién, es en esas caras tan odiosas y “odiantes” que ví en la cola para votar. Y hoy, luego de un almuerzo delicioso con unas personitas muy pero muy amadas por mí, me pongo a pensar que el motivo de su sempiterna bronca, bien puede ser el daño que provoca escuchar radio Mitre. ¿Les cuento?

Una de esas personitas tan amadas, sentada a la mesa y ya de sobremesa, nos confiesa avergonzada y pidiendo absoluta reserva de su identidad, (porque aún no puede salir del closet sin acudir antes a la  terapia) que no puede contarle a nadie, que desde ayer (anduvo todo el día arriba del auto) no hace más que sintonizar ese dial tan odiador con nombre de «prócer», porque advierte que ejerce cierta fascinación en ella. Que ahora no puede dejar de prenderse con los culebrones, o…digo con los noticieros. Y nos cuenta que escuchar a Cristina Pérez, quien con voz de pastora en trance, susurra al oyente que agradece al votante  macrista que haya pensado más en la Patria que en su miseria, porque en estas elecciones no perdió el señor Presidente sino que ganó la República… la subyugó tanto a mi personita, que casi choca una bici que vendía achilata. Que además la atrapó el saber que Leuco padre está muy satisfecho por los resultados obtenidos por Juntos por el Cambio, porque fueron producto de un/a votante republicanx madurx, que quiere garantizar el estado de Derecho, postergando de sus prioridades las turbulencias económicas que lo azotan. Que aquí no hay perdedorxs, que ganó la Patria, blá, blá.

Pero nos cuenta también que el «periodista independiente» me lo está algo preocupado por lo que se anda diciendo: parece que a él le contó un pajarito, (de esos que se la saben todas), sobre los celos enfeermiiiiiizos que siente Máximo por Axel, (porque «su mamá lo prefiere”) fíjese usté, este muchacho, pordió! Me temo que el caprichito del ex gordito que jugaba a la play, pueda provocar que el comando mapuche- venezolano-iraní que él dirige haga de las suyas y bombardee por ejemplo…Los Abrojos, o que su furia ponga en jaque los acuerdos alcanzados por Alberto con la UIA, o que se dispare el dólar. O capaz que con tamaña calentura se toma un vuelo de Gol y va y le pide a Jair que sea el padrino de confirmación de Néstor Ivan… queseyo.

Lo cierto es que mientras ella nos contaba, emocionada y temblorosa, que anda con la ñata pegada en el vidrio, o… digo con la oreja en la radio, la otra personita amada que compartía la tertulia, la escuchaba en respetuoso y piadoso siliencio hasta que le larga una tranquilizadora promesa: «prometo no decirle a nadie que vos escuchas Mitre, si vos no me deschavas que yo lo escuché recién a Martiniano Molina cantar «…savolversavolver.. .».

(Para lxs que no se acuerdan, es ese patético cocinero devenido en alcalde, que acaba de perder por afano la intendencia de Quilmes frente a la camporista Mayra Mendoza, pero que en realidad para Leucocito ganó moralmente y ganaron sus valores republicanos).

Y eso que yo, ante tamaña data no me animé a. contar que había escuchado a un ignoto periodista, por la misma frecuencia, plantear que Fabiola Yáñez no podría ser primera dama «porque la Constitución Nacional dice que tienen que estar unidxs en legítimo matrimonio» (sic).                       

Y ya se lo voy terminando al cuento y se me lo va yendo la ironía porque le juro por la salú de su suegra que no es ficción. Es la realidad real. Esa que te hace morir de muerte morida de un ataque de carcajada. Pero a la vez, cuando se te pasa el brote de muerte reída, te notifican que el recreo se terminó, que empieza la tarea (titánica, descomunal) de nuevo. Y que nos necesitamos todxs.

Pero que la felicidad que siento es indescriptible, porque estxs exterminadorxs y ladronxs (que lo único que jamás pudieron robarnos fueron los sueños), por más triquiñuelas informáticas, travesuras estadísticas o cizañas mediáticas, a mí, a la felicidad del triunfo, no me la saca nadie. ¡NO-ME LA-SA-CA-NA-DIE!  Yo milité siendo oposición muchas veces y no perdí la alegría ni el orgullo de pertenecer al campo popular ni por un momento, aún frente a cada despojo (de este gobierno que acabamos de eyectar a puro votazo y de los otros de su calaña).

Así que nadie pretenda que ahora milite en el oficialismo con la alegría robada por estxs abominables instrumentos del mal. Porque ahí sí que habrían, definitivamente, ganado la batalla cultural.

LA ALEGRIA ES, FUE Y SERÁ POR SIEMPRE NUESTRA.

Que estxs perversxs neoliberales no vuelvan más a herir a la Patria, no dependerá de mi tristeza ni de mi angustia por ingenierías electorales, diagnósticos aventurados ni pronósticos precoces. Dependerá, en todo caso, de la inteligencia de Alberto y de Cristina para resucitarnos y sumarse a la gloriosa resurrección de la Patria Grande y de lo que hayamos logrado aprender nosotrxs, todos estos años. Y sobre todo de nuestra incansable militancia. Y de la tuya. Y de la de todxs.

¡¡¡AGUANTE AM 790, CARAJOOO!!!