Por Silvia N. Barei       

En el metro de Londres, Banksy, el grafitero más famoso de estos tiempos, escurridizo y poco conocido excepto por alguna que otra entrevista descuidada, ha pintado ratas para que la gente tome conciencia de la pandemia y se cuide. Ratas trepando en los asientos, ratas caminando en los pasillos, ratas mirando por los vidrios. Pero las más notables son las ratas asustadas, amontonadas en las puertas del subte, deseosas de escapar apenas abran las puertas. Ellas también temen a los humanos.

Las ratas son una de las mayores fuentes de inspiración de Banksy cuya carrera se inició pintando ratas por las calles de las ciudades inglesas con frases como “Porque no valgo nada” o “Nuestro tiempo llegará”. Las ha pintado con paraguas y maletín, símbolo de los especuladores que se han enriquecido con las crisis, o con un corazón rojo del que se desprenden gotas de sangre, o asomando de los albañales y alcantarillas como quien espera una oportunidad.

Oh casualidad! 2020 según el Horóscopo Chino es el año de la Rata de Metal.

No estoy en condiciones de discutir con los astrólogos el Horóscopo Chino, el Maya,  el Celta,  el Alquimista, el Gitano, ni ningún horóscopo, pero me animo a decir que este año la pifiaron y disculpen Ludovica,  Horangel, Zinos o Hilda, la bruja de Menem.

“El año de la rata -leo- será muy estimulante, más feliz de lo habitual y promete muchas relaciones sociales, fiestas y actividades culturales. Novedades, aventuras, viajes, la alegría será general… el elemento metal hace que la rata pase a ser imaginativa, confiada, sociable y muy juiciosa, aunque algo egoísta también. Es la rata menos convencional porque tiende a adherirse a lo nuevo con un entusiasmo casi excesivo, que paradójicamente tiene miedo al futuro y se preocupa por lo que pasará”.

Puede que esta última parte sea acertada.  O más que acertada, acentúa algunas  características que los occidentales atribuimos a las ratas en sus versiones un tanto oscuras. La simbología cristiana por ejemplo, identifica a las ratas como criaturas de destrucción, hipocresía y cobardía.

De allí algunas expresiones “ cuando el barco hunde, las ratas huyen”, o “lo sacó como rata por tirantes”, o “ vive en un nido de ratas” o es “más tacaño que un rata”, o “es una rata de biblioteca” etc.,  que no son halagüeñas en absoluto.

Y tal vez hayamos heredado de la tradición cristiana, del higienismo del siglo XIX y de Albert Camus la idea de que  hay animales que se llaman ratas y a los que se combate porque transmiten enfermedades y también que hay gentes que se portan como ratas aunque el mismo Camus haya dicho: «En el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio».

Pero el poder de los símbolos y la proliferación de discursos que nos atropellan, permiten la lectura de que hay gente que prefiere vivir en los albañales asomando de vez en cuando la cabeza, no precisamente para ayudar en tiempos difíciles como los actuales.

Con 40% de la población en la pobreza, la Argentina está entre los cinco países con más riqueza offshore del planeta.

Los ingenios, las mineras y los molinos no han querido darles licencia a los trabajadores para no parar la producción. Menos aún alcohol, tapabocas o elementos de protección.

Un ex ministro de economía critica al actual ministro ocupado en resolver el desquicio internacional que dejó el criticón.

Otro ex ministro estafa al pueblo no distribuyendo las vacunas compradas. Después de 19 años la Argentina volvió a tener la enfermedad del sarampión.

“Nosotros hicimos un buen trabajo “ dice uno de los policías implicados en la desaparición de Facundo Astudillo Castro.

“Ellos tenían armas “ miente otro policía complicado por el asesinato de Blas Correa en Córdoba.

Un fiscal bravucón y armamentista  da recomendaciones ilegales y llama “torita” a una periodista que discute sus dichos.

Arden los humedales de Entre Ríos, se sigue fumigando con agrotóxicos cerca de viviendas y barrios urbanos y se incendian las sierras de Córdoba intencionalmente provocando una catástrofe indecible. Los incendiarios son los sospechosos de siempre y los bomberos y guardias forestales solicitan custodia policial para ingresar a algunos predios porque los reciben a tiros.

Un jefe de infectologia de un hospital, va a una concentración anti cuarentena. Es quien firma los informes diarios sobre contagiados y muertos bajo el lema “No nos descuidemos ni un instante”.

Otros golpean a un enfermero en Neuquén, le roban el auto y le queman la casa. El enfermero se llama Daniel Porro, se ha recuperado de  coronavirus y vive con estos vecinos “ modelitos” de convivencia y solidaridad en el barrio Colonia Nueva Esperanza.

Algunos portan una bandera de cuyas siglas no quiero acordarme con una mujer desnuda abrazada (abrazada, abrasada?) por un hombre de ropas negras y rostro oscuro.

Y hasta hay quienes roban los pocos petates de gente en situación de calle para que se vayan a otro lado. De vez en cuando les prenden fuego mientras duermen; así se termina rápido con ellos.

Exabruptos, insultos y violencia verbal, formas de expresión que escapan a toda racionalidad.

En la tele: un periodista llama “imbeciles” a los que votaron la ley de teletrabajo y una conductora  toma frente a las cámaras, un brebaje peligroso. “CDS es la cura al virus” leo en un cartel. No importa que decenas de médicos hayan salido a advertir en contrario.

En la calle: “prefiero morirme antes de escuchar al hdp del presidente”; “la próxima vez correrá sangre”, “ a mí nadie me dice cómo tengo que cuidarme”.

En los carteles: “UCR: unión de comunistas rechazados”; “ civiles armados, chorros encerrados”; “libre portación de armas para amasar chorros (incluye políticos)”; “la cuarentena es un delito de lesa humanidad”.

En las redes: “No vas a salir viva”, “aunque la mona se vista de seda”, “estamos en infodemia”.

Cosas anecdóticas, expresiones tragicómicas, frases indignantes. Pero no en este orden que es el orden del discurso, sino todas juntas. Todo junto el racismo, el desprecio, el miserabilismo, la injusticia, las mentiras, los que disparan por la espalda, los que amenazan con Golpes de Estado y también, todo junto a sus opuestos: el desamparo, la pena, la lucha por la inclusión, el cuidado, la justicia, la solidaridad, los derechos de todos.

Parece que no hemos superado lo que Albert Einstein describió en 1949, como “la fase depredadora del ser humano”.

Los médicos del Hospital Duran, llenos sus tres pisos de enfermos de COVID-19 y con 300 agentes de salud contagiados, les han llamado “irresponsables” en un video televisado que nos hace llorar a todos. “Sentimos que no podemos más”, dicen los terapistas. Una enfermera, también de terapia intensiva, dice a un periodista: “Le ponemos el pecho a las balas porque estamos en la primera línea de fuego”.   Una médica de Rosario comenta del grupo que quemó barbijos: “Me da bronca, ojalá que nunca necesiten una cama”. Otra enfermera de Jujuy denuncia sollozando: “Tengo yo sola nueve pacientes. No hay oxígeno y el Director dice que todo está bien”.

Hipólito Yrigoyen hablaba de “la patética miserabilidad”.

¿Qué hacer frente a lo que se percibe como delirante, desacompañado, como un despropósito o un intento clarísimo de confundir o de crear zozobra e inestabilidad, de una disposición afectiva que amplifica memorias e imaginarios asentados en la agresividad y la polarización?

Pienso en la necesidad de una información clara, de un lenguaje que no agriete, de una comunidad responsable y preocupada por todos, de adquisición de herramientas adecuadas para pensar, analizar y saber poner las cosas en su lugar, lo cual hace siempre una diferencia cualitativa, abre preguntas y apunta a un orden del pensamiento que equilibra razón y emoción.

Y vuelvo a recordar una idea tan vieja como la de educación social propuesta por Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar que pensaba una educación para todos los ciudadanos en una sociedad democrática e igualitaria que tuviera conciencia de la singularidad americana, de sus hombres y mujeres, de sus pueblos originarios, de su naturaleza exuberante.

Puedo finalizar esta nota plagada de malas noticias, con otra mala noticia: una nueva variante de la gripe porcina amenaza desde Brasil y nos advierten los infectólogos que puede convertirse en la próxima pandemia.

Entonces le aviso a Banksy por si justo hoy está leyendo este diario, que tendrá que pasarle la pelota a la revista Barcelona, especialista en toda clase de alimañas, bichos, engendros, personajes y sucesos imprevisibles y ridículos. O por qué  no, pensar una nueva edición de  Cerdos y peces. La revista de este sitio inmundo. Una publicación rockera que fue un símbolo de contracultura y cuestionó fuertemente  allá por los 80, al mundo de entonces. “Derecho al infierno”,  “Un mundo de idiotas”, “Una bala para todos” se llamaban algunas de sus secciones. Desde el último aliento del siglo XX ¿acaso estaba apuntando a este nuevo mundo de nuestros días?. ¿O solo a lo in-mundo en su doble sentido, literal y metafórico?

Albañal, dice el diccionario: sitio lleno de inmundicias.