por Francisco Paco Durañona

La presentación del proyecto de ley de Presupuesto 2019 por parte de la gobernadora María Eugenia Vidal, no hizo más que confirmar lo que venimos sosteniendo desde el inicio de la gestión de Cambiemos tanto a nivel nacional como provincial: estamos gobernados por un partido vecinalista porteño, centralista y unitario, cuya mirada no traspasa los límites de esas cuarenta manzanas céntricas que definen un perfil extractivista y financiero orientado a beneficiar a los grandes centros de poder mundial, a unos pocos empresarios concentrados y a dos o tres amigos del presidente y su círculo. Todo ello en perjuicio de las grandes mayorías populares, los pueblos del interior, los sectores del trabajo y la producción y la posibilidad de que la provincia se consolide como el motor de un desarrollo económico con perspectiva humanista, que garantice la inclusión, el arraigo y el protagonismo popular en la construcción de una nación independiente, soberana y justa.

La situación institucional, absolutamente desnaturalizada, enrarecida, conforme a la cual el Congreso Nacional, la legislatura bonaerense y los poderes ejecutivos en ambos estamentos han entregado su poder de decisión al Fondo Monetario Internacional, explica con triste contundencia los números de un presupuesto que, en nuestra provincia, fue confeccionado con el único fin de garantizar el repago de una deuda que fue irresponsablemente creciendo de año en año, hasta llegar hoy a presupuestar 56 mil millones de pesos de servicios de deuda solo para 2019. Cien por ciento más de lo que se previó para 2018.

Por esa concepción de creer en el ajuste como remedio mágico a todo, los jubilados y jubiladas fueron prácticamente esquilmados en la última reforma previsional, los trabajadores y trabajadoras cuya paritaria salarial se ubica por debajo de la inflación (sobre todo en productos de la canasta básica de consumo), perdieron poder adquisitivo y encima deben afrontar un criminal tarifazo que hoy pone prácticamente en condición de artículo de lujo al derecho a los servicios públicos en un hogar bonaerense, colocando en riesgo el derecho a la vivienda digna. Es esa la causa de haber ingresado en un proceso de retracción económica y recesión que, además de afectar a los trabajadores y producir creciente desempleo y pobreza, ya hace inviable el sostenimiento de cualquier PyME o industria nacional.

El de Vidal es sin dudas un presupuesto provincial que piensa en satisfacer a los dueños del dinero, a los ricos del mundo en lugar de al propio pueblo, a los hombres y mujeres de carne y hueso que viven y sueñan en los territorios de nuestra Patria.  Por eso, cada $ 100 que paga por intereses de deuda, es decir, que se van de la Argentina, solo $ 81,5 destina a ciencia y técnica; $ 43 a agua y alcantarillado; $ 22,3 a campañas de vacunación; $ 22,2 a una política alimentaria de la población; $ 15,7 a promover la industria o $ 1,6 a esos famosos jardines de infantes que se iban a construir con el dinero de Fútbol para Todos. Encima, para pagar ese ajuste, vuelve a impactar en un 38% sobre los hogares bonaerenses en un nuevo revaluo inmobiliario que se suma al durísimo 2018 en lo que respecta a ese impuesto.

Un presupuesto que piensa en los ricos del centro financiero porteño en lugar de generar arraigo en los 135 distritos de la provincia, hace lo que pretende Vidal desfinanciando a los municipios e impidiendo que se desarrollen con autonomía, planificando políticas de hábitat, de soberanía alimentaria, de acceso democrático a la educación y a la salud pública. Macri y Vidal transfieren los gastos a los municipios  y se quedan con los recursos. Trasladan el costo de la Tarifa Social Eléctrica, al Transporte, y se quedan con el Fondo Sojero. De cada $ 100 que recibían en obras públicas en 2017 municipios como San Antonio de Areco, gobernados por opositores, solo $ 4 llegaron en 2018 y el año que entra se presenta con mayor retracción. Es un presupuesto que desconoce el interior, que descree de las personas que viven y trabajan, que mandan a sus hijos a una escuela publica cada vez más limitada en su potencialidad transformadora o que aspira a una realización personal y comunitaria integral.

En definitiva, Vidal acaba de explicitar definitivamente su adhesión irrestricta a las políticas de ajuste que Macri le garantizó al FMI. Los bonaerenses, esperaban otra cosa de ella. Nuestra responsabilidad sigue siendo la de frenar este proceso y revertirlo hacia una opción esperanzadora, realista, participativa y popular.