Por Camila Forgas. 

Ni es la primera vez que trabajamos 24 horas corridas ni será la última, hemos trabajado más muchas veces.

También hemos tenido guardias más complicadas y las seguiremos teniendo.

Pero esta vez la carga, el cansancio, el desborde emocional, las horas fuera de casa… pasan por otro lado.

El bendito privilegio del que gozamos por poder trabajar y vivir de lo que nos gusta, hoy se convirtió en compromiso.

Hoy, la maravillosa posibilidad que nos dio la vida de elegir qué camino tomar, nos saca factura. La vocación nos saca factura. Y hoy sí que sabemos lo que significa verdaderamente la palabra.

Porque la maravilla diaria de esta hermosa profesión sigue existiendo. La vida sigue cobrando vida, el llanto reparador del que acaba de nacer sigue transformándose en nuestra sonrisa, la mano que se posa agradecida sigue dándonos aliento y las miradas, las hermosas miradas que nos buscan y nos encuentran, siguen haciéndonos sentir que estamos donde tenemos que estar.

Sólo que hoy, por única vez, quisiéramos no estar. Si pudiéramos elegir, nos quedaríamos en nuestras casas.

Porque tenemos miedo. Porque salir cuando nadie sale, nos siembra una angustia desconocida. Porque la incertidumbre nos invade.

No queremos convertirnos en portadores del «enemigo invisible» sin saberlo. Pero sucederá.

Entonces, no pedimos reverencia. Pero tampoco queremos contagiarte.

Lo que sí queremos es que te quedes en tu casa.

Porque nosotros en la trinchera y ustedes aislados, juntos en la distancia, venceremos.

Y mañana, cuando todo esto pase y nos haya servido para aprender y ser mejores, podremos abrazarnos y agradecernos mutuamente por haber estado más unidos que nunca.

Camila Forgas es médica obstetra