por Alejandro Mosquera

La región esta atravesada por una ofensiva de los EE. UU. y las derechas para recuperar y consolidar su dominio estratégico. Después de las guerras de inteligencia contra los gobiernos nacional-populares que jugaron un factor importante en las derrotas electorales, trabajan para concretar una acción desestabilizante sobre Venezuela.  Por supuesto que las experiencias populistas cometieron errores y mostraron limites, y que en ellos se montan las acciones de deslegitimación de los gobiernos y de legitimación de las oposiciones derechistas. Sin embargo, perder de vista lo central puede hacer extraviar el rumbo hasta a los bien intencionados.

Los intentos violentos sobre Venezuela apuntan a promocionar un golpe de estado o forzar los yerros de Maduro para poder concretar una provocación que “justifique” una intervención abierta por parte de alguno de los países limítrofes con el respaldo de Washington. Como en tiempos del comienzo de la revolución cubana, la OEA se mueve como un instrumento del departamento de Estado norteamericano, y lamentablemente su secretario general Luis Almagro un hombre que fue del Frente Amplio, Canciller de José Mujica, es uno de los voceros de las políticas agresivas de Trump y las derechas.

Además del interés claro de EE.UU. sobre el petróleo venezolano, en su cosmovisión del papel de la región está extirpar las experiencias de soberanía que demostraron varios gobiernos latinoamericanos. En este sentido no se sienten en “peligro” por las ideas socialistas de algunos dirigentes sino por su nacionalismo y autonomía, por la intención y caminos recorridos hacia formas de actuación y de institucionalidad hacia un bloque del sur.

Cuando algunos se sorprendían del apoyo de Trump a Macri en el FMI para que este diera los salvatajes muy por arriba de lo que correspondía según la cuota argentina, ahora pueden encontrar una explicación mas realista que las antiguas relaciones como empresarios. Macri mas allá de su ideología esta cumpliendo el papel que esos acuerdos exigen.

La intervención militar en Venezuela es una catástrofe para toda la región, que logró por décadas convertirse en una zona de paz y convivencia aún en el medio de agudos conflictos.  Lula y Néstor Kirchner habían asegurado esa posibilidad desde el Unasur.  No se lo perdonaron, no se olvidan.

¿Es la internacionalización del conflicto con China y Rusia como “garantes” preventivos una solución, o por el contrario es expresión de la escalada? ¿Puede jugar el actual gobierno de México un papel para no caer en un laberinto violento? Si creo que un cambio de gobierno en Argentina en el 2019 puede ser un gran impulso para que -junto a AMLO, Bolivia y Uruguay- para buscar otra salida garantizada por América del Sur.

Argentina: ¿hay posibilidades reales de derrotar a la derecha?

El simplificar problemas complejos pueden darle una potencia comunicacional muy fuertes, pero otras tantas veces pueden lograr ocultar esa complejidad y por lo tanto la realidad.

Algunos ejemplos:

En la desesperación por la catástrofe social, económica, cultural y política a la cual nos llevan las políticas de Cambiemos se reemplaza el estudio y análisis del gobierno por los adjetivos que se endurecen y agravan ante cada paso de sus políticas.

Al bloque de poder se lo ve como sólido y con una única conducción. Y así la complejidad se resuelve en la simpleza de sostener: tienen los medios de comunicación, tienen a la justicia, tienen a los yanquis, tienen las armas a través de las FFAA y de seguridad, tienen a la “burocracia sindical”, tienen… Y por las dudas van a hacer fraude.  Con bronca entendida, y con muchas razones, sin querer contribuyen por simplificar a la idea de que son invencibles.

“Encima nuestro pueblo no reacciona” se sostiene desde la simplificación, como si las olas democratizadoras o revolucionarias de nuestra historia no se hubieran forjado en procesos largos de organización y acumulación. Otros depositan expectativas en que la economía por sí, la pobreza y la elevación de los dolores de trabajadores, clases medias y excluidos trajera por sí la conciencia popular. Y desde las mejores intenciones abonan la idea de que sin la política, la organización, el liderazgo, se podrá cambiar el sistema.

En la simplificación también anida las ideas que parecieran contradictorias pero que se complementan:  “Hay que esperar la decisión de Cristina”, “CFK lidera, pero no conduce”, “ella tiene mas del 30% de los votos, pero su grandeza esta en que se corra porque no gana el Ballotage” que, si lo pueden hacer los del peronismo conservador, “ella tiene que garantizar la unidad de todos, pero mi limite es…”.  Hay un hilo que recorre todas estas afirmaciones: la delegación. La espera en que las elites o la conducción resuelvan.  La espera como actitud política deriva en la no política y en el peor de los casos en la anti-política. La participación militante y ciudadana se limita a la resistencia y a leer y repetir por WhatsApp o Facebook las posiciones de los dirigentes.

El triunfo en las elecciones y sobre todo la derrota del neoliberalismo necesita del protagonismo de nuestro pueblo, con su diversidad, pluralismo y contradicciones.  La politización de la participación abierta y masiva, el superar cierta endogamia de los debates, esa tentación de que participar es informarnos por las redes y repetir a los compañeros las “noticias”. Y entablar un debate con nuestro pueblo haya votado a quien haya votado. Evitando convertir a la grieta en el muro que no nos permite discutir con otros ciudadanos de a pie que como nosotros sufren el ajuste, los tarifazos, la perdida de derecho y el abandono del estado, son el camino para construir una nueva mayoría.

Por supuesto que la participación popular debe superar inmensos escollos, entre ellos es que cuando el debate se politiza y se abre a millones de personas el rumbo del país no se decide exclusiva ni principalmente en torno al conflicto entre las élites, ya no es un problema de ingenierías electorales, de consultores que recomiendan que decir, es un problema de una estrategia global, de millones gestando la transformación, es de un empoderamiento real y no solo de conocimiento de derechos. Así comprendida la participación construye una democracia distinta, las/os/es protagonistas convertidos en millones no vienen a mejorar la política tradicional, sino a desafiarla.

¿Entonces se puede derrotar a la derecha? El bloque de poder tiene profundas contradicciones, una parte de este que acompaño el triunfo de Macri hoy son golpeados por el predominio de la alianza con el capital financiero y el sometimiento al FMI. Hay discusión de como preservar el gobierno, si mantener la candidatura de Macri o experimentar con otras variantes.  Se debate dentro de Cambiemos si fortalecer al núcleo duro o tratar de ampliar. Tratan de inventar candidatos peronistas que no vayan al Frente nacional y patriótico, les proponen pagar y sostener sus campañas electorales, otros sueñan con un repunte de la economía que permita seguir “gorilanizando” (no la busquen inventé esta palabra) a las clases medias, hasta hay quienes buscan la posibilidad del fraude electrónico como denuncia Mempo y el Manifiesto Argentino. Y en la provincia de Buenos Aires la denuncia De Francisco Paco Durañona, candidato a Gobernador, sobre que el adelantamiento de las elecciones y su desdoblamiento sin consenso, sin tiempo y solo como resultado de una táctica electoral desesperada es una forma de fraude.  Nada de ello hay que subestimar, pero no parecen signos de fortaleza.

¿Entonces? Se puede, a condición de convertir la política en patrimonio de millones, de organizarse, de ser creativos, de mirar el futuro con una propuesta de país.

 

Diario La Nación: La trasnochada idea de cambiar la Constitución”

 El diario de los Mitre y otros se han lanzado a cuestionar la posibilidad de una convocatoria a rediscutir la Constitución. Todos, salvo los negados, pueden darse cuenta de que su “miedo” está ligado a que presumen que Macri pierde las elecciones y que un nuevo gobierno popular puede convocar a una discusión sobre una nueva Constitución. Si Macri y Cambiemos pudieran garantizar los contenidos de una reforma constitucional por supuesto que no se opondrían, sino que la alentarían.

Intentan generar un prejuicio en una parte de nuestra población para engañarlos y asegurar así dos objetivos, que el temor impulse a no votar por CFK, y por otro (y principal) asegurar que no se toquen los instrumentos que no permiten que nuestro pueblo gobierne, sino solo a través de sus representantes, es decir los “representantes” permitidos o condicionados por el poder de siempre.

Discutir una Nueva Constitución es debatir y consensuar cual es el proyecto de país, un nuevo pacto social para el desarrollo, la igualdad, una democracia participativa, para tener justicia independiente de los partidos y de las corporaciones. Es discutir la propiedad publica de los recursos naturales y los servicios públicos, es discutir el poder.

Son muchos los que proponen la transformación de nuestra Constitución, el Manifiesto Argentino encabezó la demanda, planteó que hay que construirla como debate popular y no como acuerdos de élites o expertos. A esto le temen.

Seguramente encontraran portavoces de nuestro campo que por miedo a que la utilicen electoralmente negaran la posibilidad, y otros lo harán porque piensan que el próximo gobierno debe ser de transición lo cual para ellos significa no hacer olas, no cambiar lo principal para dedicarse a no enojar al poder. Que por otra parte siempre va a estar listo para atacar a los procesos populares.

La nueva Constitución no tiene nada que ver con las reelecciones, sino con la discusión sobre el poder del pueblo, la igualdad, y la democracia.

Recomiendo leer la propuesta de El Manifiesto Argentino sobre los contenidos de una Nueva Constitución, y allí podrán explicarse porque los voceros del viejo poder se ponen nerviosos.