por Jorge Vibes
Parado en esta Argentina de 2017, pregunto: ¿Quién se acuerda de la Unión del Centro Democrático del Ing. militar Álvaro Alzogaray? Nadie, ni los parientes. Sin embargo, hace unos 28 años, su matriz de pensamiento liberal afectó seriamente la vida de los habitantes de Argentina (entre 1989 y 1999). Alzogaray Álvaro es el que decía que desconfiar de las leyes del mercado (oferta y demanda) es como discutir la validez del sistema métrico decimal. Su hija Julia y varios afiliados a la UCEDE nutrieron el gabinete de Carlos Menem para mal de quienes vivimos en este bendito país, tan rico como incomprendido por propios y ajenos. El maridaje entre las huestes neoliberales de los Alzogaray y el PJ de Carlitos, que del peronismo renovador y la cárcel de la dictadura pasó, sin sonrojarse, a encarnar el «rojo punzó» del extremismo capitalista salvaje de los ’90, es comprensible pero condenable.
En un mundo signado por la revolución neoconservadora de Reagan y Tatcher, el peronismo aportó el número y la UCEDE los ideólogos. Este último agrupamiento careció siempre de seguidores suficientes para aspirar a colocar a alguno de sus integrantes en la presidencia. Pero coptó al máximo dirigente peronista, un vivillo de la noche que se negaba a leer documentos que superaran las tres páginas y sostenía que pronto lanzaríamos una nave espacial que nos trasportaría a Tokio en pocas horas. Pero bicho como pocos para negociar con Raúl Alfonsín, que sí era un estadista (errado a mi juicio), la Constitución de 1994.
Con el PRO (Propuesta Republicana) sucede algo parecido. Si escarbamos un poco, encontraremos que muchos de sus cuadros vienen del peronismo (Vidal, Rodriguez Larreta, Ritondo, Patricia Bullrich, Monzó ‘UCEDE-PJ-PRO’,  etc.) están en el gabinete o las cámaras del Congreso de la Nación (Lipovetzky  y otros en Diputados; Ernesto Martínez -próximo a De La Sota en Córdoba en su provincia y a Macri a nivel nacional- en el Senado. También en el Poder ejecutivo tienen a Barañao, antigua estrella del kirchnerismo que adujo seguir en el cargo para defender el proyecto de Ciencia y Técnica pero está en la cuerda floja;  La otra vertiente que alimenta al PRO es de raigambre radical. En el gabinete revistan, además, Hernán Lombardi, de ese origen, entre otros. La occidada UCR contribuye con el otrora radical K Julio Cobos y una miríada de correligionarios ubicados en intendencias, parlamentos provinciales y gobernaciones. Si restamos a los que no son PRO de paladar negro, queda muy poco.
¿A dónde quiero ir a parar con ésto? A que, si Cambiemos hace una mala elección, el PRO se deshilacha como la UCEDE. La unificación del PJ de la Provincia de Buenos Aires y las declaraciones de Espinoza sobre lo interesante que sería que los PJ de otras provincias hicieran lo propio, alientan en ese sentido. De ser las elecciones de medio término esquivas para el macrismo, no sería de extrañar que las ratas abandonen el barco. Eso si antes no pasan otras desgracias (para ellos) y bendiciones (para el pueblo argentino). Algo de esto escribí en mi facebook.
La gestión de Cambiemos en el gobierno nacional me evoca al Don Pirulero, donde cada cual atiende a su juego:
1) Aranguren a las petroleras;
2) Frigerio (interior);
3) Lemus (Salud);
4) Julio Martínez,  al menemismo reciclado;
5) Garavano a «Unidos por la Justicia», enemigos públicos de «Justicia Legítima»;
6) Bullrich (Educación) y su prima Patricia (Seguridad) vienen de la «Alianza» del Radicalismo Realmente Existente con el Frente Grande, lo mismo que Aguad (Comunicaciones);
7) Sergio Bergman (Medio Ambiente) brazo flámigero de DAIA y AMIA en el PRO;
8) Prat Gay (ex), que viene del partido de Lilita Carrió;
9) Mario Quintana (coordinador del gabinete económico), hombre de las multinacionales de medicamentos y cofundador y director de Farmacity y del Grupo Pegasus, que controla Farmacity, Freddo, Tortugas Open Mall y negocios inmobiliarios, de tecnología y alimentos;
10) Avelluto (Cultura), ligado a las editoras transnacionales que oligopolizan la industria del libro y el Grupo Vila-Manzano (Torneos y competencias);
11) Gustavo Santos (Turismo), que esponde a Schiaretti y De La Sota;
12) Marcos Peña (jefe de Gabinete) miembro fundador del PRO y mano derecha de Mauricio Macri;
13) Carolina Stanley (Desarrollo Social) ex Directora Ejecutiva de la Fundación Grupo Sophia, comandada por Horacio Rodríguez Larreta;
14) Susana Malcorra (Canciller), ex Jefa de Gabinete del Secretario General de Nación Unidas, Ban Ki-moon. Ingeniera eléctrica – se recibió en la Universidad Nacional de Rosario – se desempeñó primero en IBM y llegó al puesto más alto en Telecom Argentina, donde ejerció hasta 2002;
15) Francisco Cabrera (Producción) representante de Clarín y La Nación (ex Director Ejecutivo de La Nación y miembro del directorio de los diarios Los Andes, La Voz del Interior y ExpoChacra. Trabajó en Hewlett Packard, el Grupo Roberts/HSBC y fue fundador y CEO de Máxima AFJP;
16) Triaca (Trabajo) hijo del dirigente gremial y político menemista Jorge Alberto Triaca, que había sido Ministro de Trabajo entre 1989 y 1992;
17) Andrés Ibarra (Modernización) que se inició en el Grupo Macri y luego de trabajar para Franco Macri, acompañó al Presidente electo durante su paso por Boca Juniors, donde fue su mano derecha;
18) Hernán Lombardi (Medios Públicos) empresario de turismo, gerente del complejo Torres de Manantiales de Mar del Plata. Secretario de Turismo de la Nación e interventor de la Administración de Parques Nacionales durante el gobierno de Fernando De la Rúa;
19) Ricardo Buryaile (Agricultura) que durante el conflicto por la Resolución 125 era vicepresidente segundo de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y
20) Gabriela Michetti, que pertenece al Poder Ejecutivo Nacional y es Presidenta del Senado, así como titular de la Fundación SUMA.
Con semejante equipo, ¿Quién se le atreve? Pero los constantes cruces de palabras (y resoluciones contradictorias) entre dependencias de algunos ministros que responden a diferentes intereses, colmó la paciencia de Muricio Macri. Salta Prat Gay (ex ministro de Hacienda y Finanzas Públicas) y el Jefe desguaza a la cartera en dos. Hacienda para Dujovne y Finanzas para Caputo. Aconsejo mirar la conferencia de prensa brindada por el Jefe de Gabinete de Ministros para presentar a los nuevos. Es una pieza de colección.
Como salía al aire en la TV púbica en el horario de programación de «La vida de los pájaros», cuando uno sintonizaba ese canal leía ese zócalo. Busqué mi smart phone para inmortalizarlos en una foto, pero al punto cambié de idea.
Peña Brown, al mencionar el plan de gobierno para la economía, habló de agroindustria y (¿olvidó?) referirse a la Industria Manufacturera. Los periodistas de La Nación y Clarín hurgaron en la llaga cuando preguntaron a Dujovne por sus vínculos con Tramp o a Caputo por el blanqueo, los ingresos reales de dólares en esa operatoria y otras exquisiteces. Otros periodistas fueron también políticamente incorrectos. Los conferenciantes se pasaban la pelota como si quemara. Pero contestaron con la cara de piedra que caracteriza al Presidente y sus colaboradores. Otro signo interesante fue que afirmaron que el verdadero ministro de economía es Mauricio Macri. Una mirada ingenua leería en estos gestos una loable lealtad. Yo, que soy muy suspicaz, olfateo una táctica para refugiarse en el futuro en la figura de la obediencia debida.
No vale la pena detallar las contradicciones macro y microeconómicas del desastroso año pasado. El premio Nobel de Economía Mauricio Macri destapa un agujero para tapar otro, pero el primero empieza a manar olor feo. Y así sucesivamente. El único camino cierto es el del mayor endeudamiento, insinuado por Dujovne. Los sueños de alcanzar una competitividad para las «commodities» sólo pueden confirmarse via devaluación/es y megaendeudamiento en dólares. Minga de inversiones dirigidas a la economía real. Con suerte, los capitales buitres picotean en LEBAC y, ante la menor incoscistencia, los liquidan, pasan a pesos y de éstos a moneda fuerte. Si te he visto no me acuerdo.
Nos separan pocos meses de la primarias y las elecciones de mitad de mandato presidencial. Es mucho tiempo para un pueblo (votante Cambiemos o no) cansado de globitos de colores y pases de baile a lo Freddy Mércury en el balcón de la Rosada al momento de festejar el triunfo en segunda vuelta. Los argentinos y los que lo son por decisión(legal o ilegalmente) tenemos paciencia pero ya nos llevamos puesto a un presidente que decía «¡Qué bueno es dar buenas noticias!». Esperemos que no vuelva a suceder. Que rectifique el rumbo y afloje la cincha. Estamos corcobenado apenas. Nos falta pararnos de patas y, si es necesario, tirar al jinete a la mierda.
Hay una sóla oposición: Cristina. El resto de los compañeros pueden tener buenas intenciones, pero no le llegan al talón. Esperemos que prime la cordura en el Campo Nacional y Popular. Que forjemos una unidad que reconozca el verdadero peso de nuestros potenciales candidatos. Con las legislativas ganadas, Macri la tendrá adentro y ha demostrado que baja la testuz cuando no tiene más remedio. De perder más escaños, pasar a la Revolución del Veto Perpetuo es insostenible.
Seamos optimistas, el futuro es kirchnerista.