Por: Mempo Giardinelli.

Se ganó. Se ganó y Alberto y Cristina saben mejor que nadie lo que costó alcanzar este triunfo electoral, de enorme trascendencia para el futuro de la Patria.

Ahora lo que viene es trabajar porque es gigantesca la tarea. Y exige serenidad, inteligencia, honradez, constancia y firmeza, por lo menos y todo junto y para arrancar. Porque hay demasiado que hacer y todo es urgente, y los tradicionales primeros 100 días de changüí gubernamental en este caso serán pocos y no es seguro que sean respetados. Y todavía no se sabe cómo quedarán las representaciones parlamentarias.

Por eso esta nota invita a reflexionar sobre la sorpresa del resultado. Que no es una cuestión baladí. Ya que si bien [email protected] consideran que es mejor no sacudir el avispero comicial, y algunos sensatamente convocan a no hablar de fraude ni de elecciones enlodadas por el macrismo, lo que sí es indudable es que hay muchas nubes sospechosas sobrevolando el escrutinio. Como era previsible y algunos machacamos. De ahí que no compartimos la idea de que «si hubo fraude o no, ahora es cuestión sin importancia porque igual ganamos». Al contrario, tiene enorme importancia porque falta el escrutinio definitivo, en el que es probable que se ensanche la diferencia hoy instalada de sólo 8 puntos. Lo que haría variar fuertemente las representaciones parlamentarias, que hoy los medios oficialistas dan como definidas.

Ayer la reconocida jurista Graciana Peñafort fue clara al respecto: «Los números definitivos y la distribución de cargos se obtienen luego de finalizado el escrutinio definitivo, que demora unos 15 dias aproximadamente. En el escrutinio definitivo se cuentan una a una cada una de las actas originales.Y si hay inconsistencias se abren las urnas que aparecen con problemas. Sólo el resultado del escrutino definitivo es el que sirve para distribuir cargos y es el único legalmente válido».

Mientras tanto las redes –no todas inocentes– arden con análisis y especulaciones matemáticas, sociológicas y políticas que intentan explicar lo todavía inexplicable. Veamos:

  1. A la fórmula Alberto-Cristina la votaron unas 260.000 personas más que en las PASO. Sin embargo a Macri 2.300.000 más. Raro, después de varias semanas de continuado desastre económico gubernamental.
  1. Hasta el jueves pasado las 20 encuestadoras más importantes del país, unánimes, coincidían en que el triunfo de FF sobre MM sería de entre 15 y 20 puntos. Sólo 3 predecían menos de 50% para FF y sólo 2 calculaban una brecha menor de 16 puntos. La totalidad ni imaginaba el 48 a 40 del domingo. Raro.
  1. Desde el mediodía y toda la tarde del domingo, en ninguna boca de urna del país JxC superaba el 30-34% de los votos, pero a la noche dizque llegaron al 40%. Y el 50% largo quedaban todas al FT apenas arañó el 48%. Raro.
  2. En provincias como San Luis, donde los hermanos Rodríguez Saá se unieron en apoyo al FT, el macrismo venció por 4 puntos. Y en Mendoza, tras perder en las PASO, ahora JxC recuperó como 15 puntos en dos meses. Raro.
  3. Ningún pronóstico, ninguno, auguraba 20 puntos de diferencia en la CABA. Y nadie esperaba 55% de votos para Larreta y una diferencia de 20 puntos sobre Lammens. Rarito.
  1. Según los resultados generales del domingo, resulta que el 93% de los nuevos votantes y de los que cambiaron su voto en las PASO, ahora votaron este domingo por Macri. Rarísimo.
  1. Los votos del macrismo fueron tantos que superan en casi 6 puntos los que ellos mismos obtuvieron en 2015. Raro, casi curiosidad del Guinnes.
  1. Resulta también que JxC aumentó su caudal en un 8 o 9% respecto de las PASO, justo cuando la inflación se descontroló y el dólar superó los $60.¿Y todo ello gracias a que Macri recorrió el país mintiendo obras que no hizo y gritando sí se puede? Raro al mango.
  1. La explicación del encuestador Sr. Aragón, que previamente mostraba a AF con 52,4% y MM con 34,4%, fue llamar «chetos haraganes» a los 2.3 millones de nuevos votantes. De donde los haraganes ahora sí fueron a votar, y todos por Macri. Raro de raredad absoluta, aunque chistosa.
  1. Como es obvio, la diferencia santificada el domingo a la noche a los apurones es demasiado contrastante con la paliza que recibió un gobierno que sólo dos meses antes fue repudiado masivamente. Raro por donde se mire.

Y habría más rarezas, digamos, argentinas. Incluso «denuncias» y reclamos, muchos de ellos truchos. Consultado Ariel Garbarz, perito informático del Poder Judicial, dijo ayer martes para esta columna: «Empezó el escrutinio definitivo y único con valor legal. Sabemos que ganamos por más de 8 puntos. Pero necesitamos comparar las actas de escrutinio originales con telegramas electrónicos para denunciar fraude informático en la justicia federal. Y también necesitamos volver a sumar los resultados de todas las actas de escrutinio sin el software de Smartmatic delante de fiscales partidarios y representantes de la justicia electoral para comprobar si el domingo adulteraron esas sumas».

Como fuere, hasta que se anuncien los cómputos oficiales del escrutinio definitivo, lo verdaderamente grave es que la República Argentina es hoy un país partido al medio más allá de lo numeroso de cada medio. El abismo entre ambos es el principal problema a enfrentar. Por eso todo agrandamiento, soberbia o triunfalismo que abunden del lado nacional-popular deberá autocontrolarse, para que del lado del antiperonismo cerril, con su carga de racismo, insensibilidad y resentimiento, por lo menos se morigere el raro triunfalismo que se les observa. Porque sólo podrá convivirse con todo eso en paz y democracia, siempre que consigan extirpar el odio que sienten y que es parte del ADN del neoliberalismo.           

Esta columna piensa que sí hubo irregularidades el domingo. Muchas y algunas groseras. Pero es sólo una opinión. La verdad brillará cuando el recuento final, como dice el tango, bata la justa. @