Por Alejandro Mosquera

Siempre la derecha cultural en el país y también en el mundo trata de imponer la idea de que no hay alternativa al sistema-mundo que vivimos. Y a la vez siempre sostiene alguna causa para que no debatamos los temas de transformaciones profundas que vive el país.

A esto se suma desde el campo nacional y popular que ante el miedo de que los debates profundos puedan dividir al frente político y social que se unió para derrotar a Macri y cia y que esas divisiones, utilizadas por la derecha mediática, pueda derivar en un regreso al gobierno de los neoliberales, prefieren entender que debemos postergar hacia tiempos mejores el crear una alternativa.

De alguna manera es una distopia autocumplida. No hay alternativa porque se censura la posibilidad de construirla en un debate nacional sobre los principales temas.

Siempre habrá una razón de estado para no hacer lo que se debe hacer.

El mundo vive una situación particularmente difícil producto de la pandemia y como telón de fondo los daños y catástrofes producidos por el capitalismo realmente existente, es decir el neoliberalismo, capitalismo hiper-globalizado con hegemonía del capital financiero sin control ni regulación.

Es tiempo urgente de emprender otro camino. Para salvar a la especie contra la destrucción del clima, para salvar el trabajo y la producción, para superar la insoportable desigualdad. Para contar con salud, educación, seguridad, trabajo, creación, arte, cultura.  Es tiempo de construir otra alternativa de mundo y de país.

Sin embargo, la derecha cultural, dirá que la emergencia impone postergar. Promueve hasta grotescamente acciones y declaraciones contra los que se animan a pensar diferente de lo que manda el sistema. Y cuando igual aparecen los grandes debates rápidamente sostienen que se reabre una grieta que producirá daños incalculables. 

Dirán de nuestro campo que es imposible saltar la correlación de fuerzas. Lo cual es cierto, pero hacerle un culto extremo a la misma solo provoca que no se construyan esas correlaciones de fuerza para avanzar como país, sociedad y estado. Son los grandes debates, el trabajo en comunidad sobre las necesidades del país y su gente lo que puede construir los momentos de saltos. No es solo el acierto de los lideres los que permiten la transformación sino sobre todo el protagonismo del pueblo, la organización de la sociedad civil, el atreverse a salirse del molde que el sistema nos propone.

La situación grave que vive el país necesita discutir la soberanía energética ¿ o acaso se puede desarrollar autónomamente sin ella?, se puede promover el desarrollo de la producción de las pymes y del trabajo sin contar con los instrumentos de los servicios públicos? ¿se puede defender la mesa de los argentinos, romper los negocios ilícitos del poder agroexportador sin una empresa nacional que funcione como testigo y como impulsora del valor agregado? ¿Se puede construir una mejor democracia sin terminar con el estado paralelo ilegal que construyeron los macristas con espías, jueces adictos y tantos otros?

Es tiempo de atreverse a los grandes debates, a salir de esta situación tan grave por la pandemia y por el legado neoliberal con un país mas igualitario, mas democrático, mas transparente.  Y eso necesita del protagonismo de millones de compatriotas.

Es tiempo