por Rosana Herrera

 La verdad es que a veces la inspiración sobre un tema en particular me anda rondando en la cabeza o en el corazón. O en los dos lados… como ahora. Esa inspiración que me hace creer que la  máquina me llama o que me hace un guiño cuando la veo solita sobre el escritorio y que me obliga a abalanzarme sobre ella para compartir estos encuentros semanales con ustedes.

Entonces me detengo, me escondo en esos recovecos de la mente en donde uno se sabe a resguardo y sin esperar a que aparezcan las palabras, ahicito nomás las voy escribiendo. Y apenitas la computadora me devuelve el ruidito del golpe seco que le propino a cada tecla, es como si escuchara el silencio y sintiera el aliento de alguien mientras me lee. Y eso me hace mucho bien. Finalmente cuando el texto se completa solito y aprieto el “enviar” para Ale, pienso que lo que cuento aquí tal vez también pueda hacerle bien a alguien (aunque sea a un par de paisanos) y es entonces cuando empiezo a sentirlos muy cerquita (algo así como “juntos a la par”).

Pero no es el caso ahora, la puta dora (como la llama Ignacio Copani) no me llamó mientras yo pasaba, fui yo la que anduvo buscándola a ella porque hoy tengo un motivo muy especial para aporrear el teclado. Hoy la indignación me domina aunque la inspiración no la acompañe. Pero no me importa nada porque para hablar de estos temas la indignación motiva más que la inspiración.

Aunque sea jodido hablar de la discapacidad en abstracto cuando una es la mamá de un hijo adulto e independiente que si bien creció sorteando obstáculos y gambeteando dificultades, ya logró ganar el partido por goleada (aunque siga en competencia) pero que pudo vencerlos porque tuvo OPORTUNIDADES. Esas que tantos otros no tienen ni tendrán jamás dentro de este régimen despiadado. Y menos si los demás no nos disponemos a ayudarlos a pelear por sus derechos.

Así que volviendo a mi escrito y a sus motivos deberé abordar elípticamente el tema, dándome maña para decir lo que quiero decir hablando lo menos posible de él. Pero empiezo con el ejemplo de él, ¿y… pensándolo bien, por qué no? Las casi siempre odiosas autorreferencias hoy son necesarias en el intento de generar la empatía de todos aquellos que, desesperados por la realidad nacional más escandalosa de la que se tenga memoria, miran de soslayo o desconocen la que están viviendo muchos de los que integran este segmento de la población. Personas que por características que le son propias y por la adversidad  que generalmente atraviesa sus rutinas, no  logran en sus reclamos esa voz que impacte, conmueva y sacuda. Pero nosotros como sociedad  estamos obligados a desarrollar el oído a la medida de sus gritos, sobre todo los que estamos en pleno ejercicio de nuestras “capacidades”.

Leonardo (le indigna que lo llame así) no es “discapacitado”. Es buena gente, inteligente, cascarrabias, reservado, jodón, responsable, dormilón, goloso. Es tucumano, argentino, el menor de cuatro hermanos, varón (por una cuestión de género), heterosexual (por una cuestión de elección) y periodista deportivo (por una cuestión de vocación). Porque así como a mí no me definen ni mi título profesional ni mi gastritis sino mi conducta, mi actividad, mi residencia, etc, a él (ni a nadie en su misma condición) no lo define su condición de discapacidad sino en todo caso sus valores. Como a otros los define la falta de ellos.

Vieron que uno nunca pregunta de qué trabajas o a que se dedica tu marido? Uno pregunta qué sos o qué es tu hijo. Y suena espantoso escuchar mi hijo no es nada cuando en realidad lo que no tiene es una carrera universitaria terminada. Porque somos así, proclives a etiquetar y etiquetarnos (como en el feis) y lo hacemos permanentemente, estemos o no hablando de discapacidad. Hasta que la realidad nos golpea, nos reubica y nos exige reinventarnos para asumir, enfrentar y acompañar situaciones que siempre creímos ajenas a nosotros.

Y volviendo a Leo (le encanta que lo llame así) en todo caso, son sus bastones los que permiten identificarlo como a mí me identifican por mis canas o por mi voz.  Así que empecemos por el principio y el principio es entender la diferencia entre identificar, definir y describir. Siempre me rebelé frente a las estigmatizaciones aún antes de empezar a transitar este sendero tan desconocido como era para nosotros el que transitaban las familias de las llamadas “personas con necesidades especiales”. Qué loco, no? como si no todos tuviéramos necesidades especiales… como si mis necesidades fueran las mismas que las del otro, como si cada uno de nosotros no fuésemos únicos e irrepetibles…

Pero bueno, no hagamos de estas líneas una cuestión subjetiva porque  existen denominaciones técnicas que sirven para categorizar a este parte de la sociedad que conforma los llamados Grupos Vulnerables: niños, embarazadas, enfermos, ancianos, discapacitados, es decir personas que por su condición permanente o transitoria, atraviesan situaciones de extrema vulnerabilidad física, psíquica, emocional y social que obliga a los Estados (nacionales, provinciales y municipales) que se saben benefactores, que son omnipresentes y que tienen consciencia de sus responsabilidades, a brindarles beneficios especiales. En un intento de compensación que hace la sociedad toda a esta situación de desventaja con que deben enfrentar su vida cotidiana. Que no sólo les genera gastos excesivos y por fuera del presupuesto familiar a aquellas personas que además están azotadas por la pobreza y/o indigencia, sino que les reduce las oportunidades de inserción social y laboral a todos.

Pero claro, esto se entiende así de fácil y de rápido cuando el Estado no deserta continuamente de sus obligaciones, cuando  los candidatos en campaña no estafan con falsas promesas electorales, cuando esos estafadores, al ser gobierno, no despojan a cada minuto de un nuevo derecho, pero sobre todo cuando quienes nos gobiernan, ideológicamente consustanciados con las necesidades de todos y de cada uno de sus gobernados, ejercen el rol que uno espera de cualquier gobierno legitimado por el voto popular. Sea del signo que sea porque recordemos que en el Decreto que faculta a la ministra de Desarrollo Social a decidir quién será beneficiado y quién no con las pensiones por discapacidad, ningún gobierno democrático se animó a respaldarse para reducirlas hasta la fecha. Porque mal que le pese a estos CEO que hoy gobiernan la Argentina, las sociedades, los pueblos, las comunidades se conforman de personas, de individuos, de ciudadanos no de Recursos Humanos. Es obsceno pretender trasladar los métodos de medición y los parámetros de rendimiento que usarían en sus empresas privadas, cuando lo que están haciendo es ejerciendo su rol de servidores públicos en el Estado que es de todos. Aunque bastante obsceno ya de por sí es que ocupen estos espacios y nos hayan conducido a este presente ominoso.

Pero leamos opiniones más autorizadas que las nuestras y que gracias a la tecnología hoy están al alcance de cualquiera «La discapacidad forma parte de la condición humana. Casi todos nosotros tenemos alguna discapacidad, temporal o permanente, en algún momento de la vida. Hemos de esforzarnos más en romper los obstáculos que segregan a las personas con discapacidades, que en muchos casos las arrinconan en los márgenes de la sociedad.» así lo sostuvo recientemente la Directora General de la Organización Mundial de la Salud, Dra Margaret Chan. Profesional que representa a la OMS en el Informe Mundial sobre Discapacidad que elaboran conjuntamente con el Banco Mundial.

«Afrontar las necesidades en materia de salud, educación y empleo y de otros aspectos del desarrollo de las personas con discapacidades es fundamental para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Hemos de ayudar a las personas con discapacidades a que obtengan un acceso equitativo a las oportunidades de participar y contribuir a la vida de sus comunidades. Es mucho lo que pueden ofrecer si se les brinda una posibilidad justa.» ha dicho Robert B. Zoellick, Presidente del Grupo del Banco Mundial.

Ayer Tucumán volvió a teñirse de dolor y de solidaridad, como lo hiciera el año pasado convocado por El Manifiesto Argentino y otras organizaciones sociales en la misma plaza, que esta vez mostraba al país el compromiso de los profesionales (uniformados de bordó y hermanados de vocación) que atienden esta problemática, la angustia de mamás y de papás empujando sillas de ruedas y la dignidad de pacientes con sus bastones y andadores que reclaman a la Agencia Nacional de Discapacidad (AND) que cumpla con sus obligaciones. La misma que fuera creada por este Gobierno el 6 de setiembre de 2017, paradójicamente bajo el lema “Fomentemos el desarrollo y la aplicación de políticas que consoliden los derechos de las personas con discapacidad potenciando la transformación social y la inclusión” y que desde su creación hasta la fecha sólo comenzara con el recorte presupuestario y asistencial más brutal que se recuerde. Una superestructura paquidérmica como todas la que se crearan en cada una de las áreas de gobierno desde que asumió el mejor equipo de los últimos 50 años, sólo para poder ejercer compulsivamente la empleomanía entre los amigos del poder y despedir a trabajadores de carrera y trayectoria profesional.

A esta denuncia la viene haciendo El Manifiesto Argentino en distintos documentos desde  fines del año pasado  cuando que se conoció que la Ministra Stanley quitaba las pensiones a millares de argentinos en condición de vulnerabilidad, quienes debieron recurrir a la Justicia para que mediante un fallo lograsen que (sólo a algunos) les fueran reintegrando el beneficio.

Hoy la situación es por lejos aún más dramática que entonces porque según las declaraciones que la Secretaria General de la Gobernación, Dra Carolina Vargas Aignasse hiciera al matutino local La Gaceta, el gobierno nacional además ahora les adeuda varios meses a los prestadores del sector “Hoy en Plaza Independencia está el dolor de los familiares y de las personas con discapacidad que están recibiendo un trato cruel e indigno, teniendo a la cabeza de la AND a la propia presidencia de la Nación” dice la funcionaria provincial. Y la impotencia vuelve a asfixiarnos.

Porque conocer que Malasia, Mozambique, Tanzania, Uganda, Vietnam, (países llamados del tercer Mundo) tienen implementadas dentro de sus políticas públicas, efectivas estrategias para favorecer la inclusión y la equidad en el acceso a los sectores que hoy Argentina desprotege y abandona, nos  confirma que el neoliberalismo en su más salvaje versión, se adueñó de nuestra Patria cuando el 51% de los argentinos votó por un cambio.

Este cambio.