por Miguel Núñez Cortés
 
¿dónde estás Santiago Maldonado? ….desde el infinito de un atardecer azul, allí justo, detrás del horizonte, una voz me responde a través de Nicolás Guillén. ¿Tú lo buscas? Ponte a caminar. Camina junto a él. No lo dejes solo. Camina, camina ya. Suelta tu pensamiento, para que alguna vez, como agujas del reloj, se hagan uno a la medianoche.
“Voy sin rumbo caminando, caminando; voy sin plata caminando, caminando; voy muy triste caminando, caminando. Está lejos quien me busca, caminando; quien me espera está más lejos, caminando; y ya empeñé mi guitarra, caminando.
Ay, las piernas se ponen duras, caminando; los ojos ven desde lejos, caminando; la mano agarra y no suelta, caminando. Al que yo alcance y lo agarre, caminando, ése la paga por todos, caminando; y aunque me pida perdón, me lo como y me lo bebo, me lo bebo y me lo como, caminando, caminando, caminando…”, desde el negro de la noche de Camagüey.
Y asombrado me preguntas ¿por qué caminar, buscando a Santiago? Porque caminar es una forma de reclamar al mundo. No transige con la velocidad del pensamiento, y mientras caminamos unimos el cuerpo y la razón, con miles, con millones. Los músculos de nuestras piernas, condensan las sombras de nuestros pasos. Y nuestros ojos iluminan el camino para un peregrinar que no tendrá descanso, hasta que te encontremos, mi padre, mi hijo, mi amigo, mi hermano.