Por Alejandro Mosquera

Un hilo de actividad violenta verbal y material se profundizaron a estos días.  Entre otros hechos: un vecino mapuche asesinado, otro gravemente herido, ambos integrantes de la Lof Quemquemtrew;   un comando tipo triple A autodenominado  “Comando de Restauración Nacional – Zona Sur – Mohamed Alí Seineldin”   reivindica el ataque contra la casa y luego amenaza de muerte públicamente a Olga Curipan Secretaría de la Comunidad Mapuche “Lof Kuripan-Kayuman” – Bahía Blanca , fundadora y actual Presidente de la Casa Cultural Mapuche “Ruka Kimun Mapuche” y de paso contra todxs incluida la propia democracia.  En paralelo se ataca también con bombas molotov el frente de Clarín.  Son hechos que se están investigando y parecen no tener relación salvo que apuntan a crear un estado de miedo o peligro en la sociedad.

 

La violencia verbal es promovida desde usinas de la ultraderecha o fascista que estimula a una cultura de la intolerancia, de la discriminación, de la construcción de enemigos internos.

Fuertes intereses económicos, inmobiliarios aparecen detrás de los intentos de construir al pueblo y comunidades mapuches como terroristas, mintiendo sin escrúpulos, pero con capacidad de penetrar en oídos incluso populares propensos a esos valores.

 

Como siempre aparecen los políticos o dirigentes estatales que con oportunismo vuelven a utilizar la construcción mediática, cultural y estatal del enemigo interno sea este mapuche o la violencia provocada por el narcotráfico para proponer que Argentina retroceda a los peores momentos incitando a la “necesidad” de la intervención de las FFAA en la seguridad interior . Patricia Bullrich presidenta del principal partido de la oposición en la Alianza Cambiemos en una carta al presidente o expresa con contundencia:  “Si las Fuerzas Federales no alcanzan para cumplir su cometido de asegurar la vida de los ciudadanos, aplique el artículo 27, para que las Fuerzas Armadas apoyen las operaciones de seguridad interior…”

La intervención de las FFAA en la seguridad interior no solo fue un desastre en las dictaduras que asolaron el país y Latinoamérica, sino también en la llamada “Guerra contra la drogas” que EEUU promovió en México y Colombia cuyo resultado fue una catástrofe para los pueblos, la violencia y las muertes se multiplicaron, se fortalecieron los carteles de la droga, cuerpos militares que “combatían” el narcotráfico se convirtieron en carteles de la droga poderosísimos .  La combinación de narcotráfico con terrorismo como discurso oficial de la guerra contra las drogas y el llamado Plan Colombia se convirtieron en una base de operaciones y colaboración entre la ultraderecha militarista colombiana y los Estados Unidos para combatir los reclamos sociales, la insurgencia o las rebeliones, además de ser una base también de provocación contra los gobiernos populares de nuestra región.

Como ya hemos expuesto en esta columna , estas políticas promovidas por Bullrich y la ultraderecha se alinean bajo la doctrina de las “Nuevas Amenazas” que promueve el Comando Sur de los EEUU. Y además se inscribe en al disputa a ver quien es mejor para expresar los intereses del departamento de estado y la embajada entre Bullrich, Milei, Macri, Vidal y cía. También como dice Aníbal Fernández retrucando a la presidenta del PRO  «Quiere endulzarle los oídos a los fachos amigos», en esa disputa por votos y apoyos en la lucha interna que libra en Juntos por el Cambio.

Sin embargo, no conviene minimizar el hilo de los hechos. Es preocupante que al discurso discriminador, violento, racista, lo acompañen estas hechos violentos y propuestas del tipo que analizábamos. Como también sería un error estratégico que en afán de recuperar votos perdidos dirigentes del movimiento nacional y popular se hagan eco y repitan o asuman ese discurso.

Una cosa es ser critico de las posiciones ingenuas los temas de la seguridad comunitaria  y otra es asumir el modelo represivo de los neoliberales o los cantos de la ultraderecha militarista.

El movimiento nacional y popular tiene la capacidad, los cuadros, para promover y resolver eficazmente una política de seguridad democrática , basada en el respeto de los derechos de las victimas y de todas y todos, y a la vez eficaz para la prevención, investigación, y persecución de las redes del delito complejo y el delito callejero y domiciliario.

Eso si, es urgente una profunda reforma judicial que acompañe la transformación del viejo paradigma de mano dura y de pactos oscuros con las policías autonomizadas.

Escuche a Novaresio en un pase repitiendo un versículo del viejo Testamento que me parece que cuadra en cuanto la propuesta de esta columna sobre  la necesidad de  transformación del sistema de seguridad y de la justicia: Si no es ahora ¿Cuándo? Si no somos nosotros ¿quienes?