Por Fernando Basso

En momentos excepcionales como el que estamos atravesando, la falta de planificación y las miserias suelen verse magnificadas, lo cual ofrece una oportunidad para su tratamiento, al menos, en forma reflexiva.

Para quienes cumplimos roles de conducción dentro del sistema educativo porteño, estos días se han vuelto enloquecedores por una serie de motivos concurrentes, casi todos los cuales, son de índole política.

La absoluta orfandad que vivimos, deriva del demencial tratamiento que disponen para nuestra tarea las autoridades jurisdiccionales, las cuales no solamente responden a alguna falta de coordinación con las autoridades sanitarias nacionales sino que, para el caso que aquí nos ocupa, significa, bajo el paraguas de alguna imposible autonomía, una invitación a la improvisación.

Nuevamente, obligan al trabajador docente a que sea él quien asuma las consecuencias sociales de la irresponsabilidad política de las autoridades del ejecutivo al mando de Horacio Rodríguez Larreta, puesto que frente a las inequidades sociales y la falta de una política educativa que responda sin media tintas y posibilite todo lo que prescribe el “Capítulo Tercero” de la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el asalariado es el que tiene que desdoblarse, poner en riesgo su salud y aportar capital y patrimonio al servicio del sistema educativo que lo emplea y, al mismo tiempo, lo vitupera.

Las particularidades de la pandemia que ocasiona el COVID-19, sumado al impune y ya casi proverbial cinismo (y no debemos soslayar todo lo que encapsula la monumental pauta publicitaria) que los mantiene en el poder desde hace doce años, desató una suerte de vendaval sobre las conducciones de las instituciones escolares y sus cuerpos docente y no docente, haciéndolas, una vez más, responsables ante los ojos de la sociedad por el resultado de la implementación desesperada de un improvisado “plan de contingencia estratégico para la continuidad de las trayectorias escolares” que se debe implementar a contra reloj y “a distancia” por medio de las redes que se establecen entre las personas en base a las tecnologías de la información y comunicación y (TIC’s) bajo licencia de uso.

Además de que es un deber de todos los argentinos recordar por siempre que una de las primeras medidas que tomó éste mismo grupo (ideológico y de clase) de dirigentes puestos a conducir los destinos de todos los argentinos entre 2015 y 2019 fue decretar la desaparición lisa y llana del programa “Conectar Igualdad”, debería saberse también que dentro del sistema educativo formal que despliegan las actuales autoridades desde 2008, no existe un “sistema de educación a distancia”elaborado, consensuado, testeado ni reconocido por los actores del sistema educativo, que alterne o sustituya ni siquiera parcialmente al tradicional “sistema presencial” y, ni mucho menos, algo que por la “vía virtual” asegure la tan ansiada calidad educativa que pregona insistentemente el mercantilismo que impera en la lógica de los misioneros y/o evangelistas del emprendedorismo PRO.

No es verdad que existan en actividad docentes “fundamentalistas de la tiza y el pizarrón” ni ánimos corporativos contrarios a la incorporación de las TIC´S (de uso libre y gratuito) en la enseñanza.

Estricto contrario. Los que trabajamos en educación somos profesionales que estamos constantemente actualizados en nuestras disciplinas y muy bien informados sobre lo que ocurre en otros sistemas educativos extranjeros. La gran mayoría de los educadores argentinos está deseosa y espera que la revolución tecnológica llegue de una buena vez y se instale en cada aula de cada escuela y que, también, la educación a distancia se haga presente en el programa obligatorio, como un perfecto complemento del tiempo áulico, y durante todo el proceso educativo dispuesto constitucionalmente para todos nuestros estudiantes.

Queremos que ello ocurra. Que se compatibilice en estricta consonancia con los objetivos generales de la educación públicaobligatoria, puesto que además de ser una más de las tantas adecuaciones necesarias derivadas del mundo de trabajo, la globalización, y del desarrollo de las tecnologías de comunicación, son, además, una vía de cooperación y contacto para las poblaciones alejadas de los centros urbanos, los contextos hospitalarios, etc. todos los cuales también deben contemplarse ante cualquier pretendida universalidad.

Pero pareciera que para que ello ocurra en nuestra ciudad, habrá que esperar otro turno político donde impere una ideología distinta que reasigne,para cumplir con todos los objetivos de la educación, los recursos perdidosy no se encubra a pura propaganda superficial, la realidad social.

Sirva como ejemplo particular y puntual lo siguiente. Hoy, marzo de 2020, en la escuela que dirijo, y desde que nos fue otorgado el edificio que ocupamos en abril de 2016, además de no contar siquiera con la obligada habilitación municipal, jamás nos fue instalado ningún tipo de acceso a la conectividad WEB para el mejoramiento de las tareas pedagógicas.

No nos proveyeron de las terminales adecuadas con los programas de uso y estilo, para que los emprendedores (bachilleres) que formamos puedan aprender y entrenarse con las herramientas necesarias para moverse en la “tierra prometida” por el marketing PRO, entre tantas otras falencias que nos hacen sonrojar por el solo hecho de recordarlas.

Por fuera de nuestro caso particular, en términos generales, las autoridades parten de una concepción absolutamente equivocada. Sostienen, y lo creen,que “todos los chicos están en red” y que por ello “todos tienen conectividad”. Demuestran con ello su ignorancia cuando afirman que todos tienen un teléfono celular (lo cual no es cierto), como si ello fuese una demostración irrefutable de lo que sostienen falsamente. Y por lo mismo, creen estar exentos de la obligación de pensar que en sus viviendas puede no haber terminales conectadas a internet o, simplemente, que desde el propio celular no pueden tener acceso irrestricto a las redes porque sería imposible (desde su concepción de clase) que los estudiantes no tengan la posibilidad de comprar paquetes de “Datos” para fines educativos.

Hay que explicar que su política educacional no es más que un conjunto de suposiciones generalistas de tecnócratas o filo especialistas en educación que siguen sin acercarse a la realidad socioeconómica y aborrecen de lo que ocurre en las aulas que administran y pretenden modernizar o actualizar. Tales el caso de la “Ministro” Soledad Acuña (así sigue firmando sus resoluciones, exhibiendosu propio anacronismo) que confunde el concepto de “escuela” con el de “edificio escolar” y persiste en su intención de cerrar las absolutamente necesarias escuelas nocturnas, siguiendo la misma línea de los tristes funcionarios que la precedieron en el cargo, todos orgullosos funcionarios públicos que jamás pisaron un aula por fuera de la ocasión de alguna sesión fotográfica que ilustraría alguna nota de color.

Así, sin ningún apoyo material institucional y en emergencia sanitaria, con los pibes en casa, a buen resguardo y en compañía de sus familiares adultos, nuevamente la población docente está pensando en ellos y en la importancia impostergable de su propia tarea laboral.

Utilizando la conectividad que pagan con su sueldo depreciado y sus terminales personales, abrevar en el resultado del trabajo colaborativo natural de sus compañeros docentes y del contenido nuevamente “salvador” de la Televisión Pública argentina, seguirán intentando educar, más que frente a las contingencias del COVID-19, en contra de las autoridades del “Ministerio de Emprendedurismo” de la CABA.

Y si hay miserias ¡que se noten!, así sabremos palmariamente, quién es quién.