Por Alejandro Mosquera

Los discursos de apertura de sesiones que dieron Alberto Fernández y Axel Kicillof más allá de interpretaciones para todos los gustos que recorren los diarios y canales en estos días sirvieron para mostrar como ven las batallas por delante, cuales son las claves de su programa político y cuales las justificaciones de ese accionar.

Aunque con distinto tono y extensión ambos líderes señalaron la catástrofe de donde parten. Sobre todo, haciendo hincapié en la situación económica que dejan 4 años de gobierno macrista-radical. La denuncia del neoliberalismo se hace sobre todo desde los efectos que esa política dejo en el entramado productivo y social, y en la deuda externa.

El neoliberalismo no es esencialmente un proyecto económico que tiene una deriva cultural e ideológica, sino es un proyecto de sociedad, de naturalización de la desigualdad, con valores meritocráticos salvajes, donde los ricos no solo tienen el derecho a ser mas ricos, sino a tener mas poder que el resto de la sociedad. Donde la desigualdad se manifiesta en los derechos, en el poder, en la cultura, en la democracia.

Como todos sabíamos en el centro del dispositivo del programa de gobierno está la negociación por la reestructuración de la deuda externa.  Y Alberto planteó la mejor tradición popular: primero esta la deuda interna. O tomando palabras de Alfonsín la deuda no se pagará con el hambre de nuestro pueblo.

Trazado el desafió la fuerza de Argentina frente a los principales fondos de inversión, que buscan mega enriquecerse con los derrumbes de los países, es tanto la unidad interna, el respaldo político y social, la participación del pueblo en la batalla; y por otro la fuerza en la negociación está también en que es preferible un respetable acuerdo al default, como un default a un mal acuerdo.

Y el respetable acuerdo tiene que incluir quienes llevaran el peso del pago de la deuda en los términos y tiempos que se acuerde. ¿Serán los que se beneficiaron con la fuga de capitales, con la mega ganancias vía aumentos expropiatorios de las tarifas, los bancos y fondos que lograron dividendos gigantescos vía inflación, devaluación y especulación, etc? Porque si no fuera así los pagadores de la fiesta financiera serían de nuevo los mas débiles, las clases medias, los productores pequeños y medianos, las empresas nacionales, los jubilados, los pobres. 

Por esta razón es imprescindible una auditoria de la deuda externa, comola reclama el Manifiesto Argentino entre otros. Los argentinos tenemos el derecho de saber, de conocer cómo y quienes se llevaron los dólares que nos prestaron. También saber cual es la responsabilidad tanto política como penal de los funcionarios que prohijaron y ejecutaron el mega-endeudamiento y la fuga. Y sobre todo saber cuales de ellos se beneficiaron personalmente o las empresas que estaban ligados con esas maniobras.

Como señaló Axel en su discurso en la apertura de sesiones en La Plata, el verdadero efecto derrame no es aquel que han pregonado tantos de que si los ricos son mas ricos eso derramara crecimiento sobre los pueblos, sino el que surge de abajo, cuando las mayorías pueden producir, consumir, comer, estudiar, viajar, construir su casa etc. Y eso exige, según lo entiende esta columna, que se invierta en el mercado interno, en la obra publica, en poner derechos y posibilidades en el bolsillo de las mayorías, tanto de los mas excluidos como en la inmensa clase media.  Para poder cumplir con el exterior y acreedores primero hay que cumplir con los de adentro. Solo así el país comenzará a crecer después de 19 meses de recesión.

Por una Justicia Independiente

El presidente planteó nuevamente el enorme deseo de nuestro pueblo de contar con una justicia independiente. Y anunció la presentación de un proyecto en ese sentido, sobre todo tratando de erradicar la cloaca de Comodoro Py.

Hay que anotar en ese camino la intervención y transformación de los servicios de inteligencia, sin ello contar con una justicia independiente seria solo una utopía.

Sin embargo, vale la pena detenerse en desarrollar el significado y valor de la independencia del poder judicial. Para una parte importante de nuestra población y del poder permanente y de cierto progresismo, la independencia es de los partidos políticos, de las formulas de reparto entre peronistas y radicales de los jueces en la historia nacional. Lo cual esta muy bien, pero el dato mas valioso, mas importante para la republica y la soberanía es la independencia de las corporaciones, de los poderes facticos. Jueces y fiscales que no sean parte o protectores de los grandes intereses y que se benefician con los consabidos intercambios y favores que esos poderes les otorgan a los que “juegan” para ellos. Es independencia de una visión hegemónica y conservadora del Derecho que formatea a la mayoría de los actores del sistema.  O no es acaso real que la mayoría de la justicia es clasista, machista, y defensora de la desigualdad instaurada como “natural” en el derecho.

Parte de desandar la cultura hegemónica es saber que ni la economía es cosa de economistas, ni la justicia una cuestión para abogados, expertos o miembros del sistema judicial. La justicia y la economía es un problema de todos, y su solución también debe ser patrimonio de todos. 

Por la salud y el derecho a su propio cuerpo

No recuerdo a un presidente tan jugado por la legalización del aborto. Alberto representa un cambio muy importante, y hay que valorarlo en toda su dimensión. La decisión del ejecutivo de presentar un proyecto ante el Congreso es ayudar decisivamente a que sea ley.  A que el maravilloso debate, la participación masiva, la toma de conciencia llegue a buen puerto.

Seguramente será un debate amplio, duro, y esperemos que respetuoso. Hay que rodear la iniciativa presidencial ya que implica un cambio de calidad, donde el mayor responsable de la administración del estado no mira para otro lado. O acaso no tenemos que recordar las criticas a Alfonsín por el juicio a las Juntas, o a Néstor cuando el estado decidió ser parte del proceso de memoria, verdad y justicia, cuando reclamaban equidistancia del estado tratando de que la teoría de los dos demonios fuera la matriz del gobierno y la justicia. Volverán a pedir lo mismo. Pero no hay equidistancia cuando se trata de la salud y de los derechos.

Y para que nadie se equivoque siempre cabe tener presente que este momento fue parido por aquellas mujeres y feministas de hace muchos años, de las que dieron su esfuerzo luchando y haciendo docencia, de la revolución de pibas y pibes, de las hijas, de la revolución de las viejas y de tantos varones que luchamos por deconstruirnos de tanto machismo y desigualdad.

¿Moderación o estrategia?

Desde los grandes medios de comunicación piden moderación y la elogian a quienes la portan, desde las corporaciones piden moderación, desde los censores de ayer piden moderación. El poder permanente pide moderación como signo de inteligencia política.

En el propio movimiento popular aparece como garantía de la defensa del gobierno que logramos con la resistencia y las urnas la necesidad de la moderación. Queridos compañeros que respetamos muchísimo ven un peligro en el jacobinismo. ¿es cierto?

No. El problema de Argentina es la derecha, la derecha económica, la derecha cultural, la derecha política. El problema del país, la región y el mundo es la desigualdad creciente entre el 1% poderoso, rico, que tienen nombres y apellidos, y la mayoría de la población.

La idea de que el problema central del Frente de Todos es que hay moderados inteligentes y exitosos y jacobinos protestones con programas maximalistas, es una de las versiones de los intentos de dividirnos. Una versión remixada de la división entre Alberto y Cristina. El frente es plural y el gobierno es de coalición. No es censurando compañeros como se construye una dirección única. Es con más debate, con más participación, con menos delegación, como se construye el actor político que puede sacar del desastre el país y sentar las premisas de una transformación.

¿Entonces? No es un problema de moderación o maximalismo. Si no de contar con una estrategia que tome en cuenta las condiciones concretas nacionales, regionales y mundiales en las que actuamos.  Y una política que logre concretar una política de alianzas sociales para avanzar. Una política que logré construir las correlaciones de fuerzas necesarias para cada momento y cada batalla.  Dar con inteligencia cada paso no es un posibilismo practico que luego se transforma en ideológico. La inteligencia política no solo es tener el mejor programa, sino saber y planificar  los pasos que hay que dar para poder concretarlo. La estrategia es conducir el proceso y no una moderación naif para que nos feliciten los que siempre quieren que nada cambie.