Por Oliverio Jitrik

Resulta interesante en estos días presenciar como la oposición macristoide, ahora en boca de sus esbirros de la UCR más participativos, anuncian sus ganas, ahora sí, de alcanzar cierto protagonismo en el Congreso, afanosos en encontrar resquicios en el conjunto de las acciones instruídas en los primeros 80 días del nuevo gobierno. Como un yacaré intentado morder una pared, no logran encontrar puntos de apoyo y su potente tarascón, agresivo en intenciones, no parece cimbrar de algún modo el transcurso de los Fernández en esta etapa inaugural. Pero, a fuerza de insistir, este nuevo radicalismo apasionado en juntarse con los sectores menos nacionalistas del país, por no caer en calificativos, puede ser muy nocivo si no se desarticula a tiempo.

Tomemos por caso a la nueva voz cantante de la oposición, el renegrido UCR que comandó la ridícula huida del recinto legislativo, dizque por la presencia de un Scioli a-punto-de-ser-embajador, tratando de instalar en sus propios clientes cambiemitas nuevamente otra pseudo verdad, que el rápido heraldo Feinmann repitió en los medios radiales y, bien corajudo, se la quiso restregar justo a Heller, quien se lo comió de un bocado. A ver, instalar que «Scioli no podía estar en el recinto por ser embajador», además de provocar a que Feinmann se haga el indignado, o a que lo esté sinceramente, parece muy deficiente como crítica a las políticas de Fernández.

Si van a seguir tan sensibles, se puede vislumbrar que los legisladores Cambiemitas (del PRO, ya no se hagan) serán en lo venidero meramente efigies parte del decorado del Congreso, exhibiéndose demasiado pronto como incalificables para sostener cualquier debate. En lo sucesivo, levantarán la mano en bloque para rechazar lo que sea que venga de Todos o se volverán a retirar -indignados- del recinto. Mejor táctica aplicó el Hada Buena quien, cuando fue diputada, dejó su banca vacía en la mayoría de las sesiones.

Por todo aquello, es imperioso que la cámara sea el espacio principal para la denuncia de las tropelías del macrismo que no sean resueltas por decretos como los que tuvo y tendrá que emitir AF, sea para subsanar las burdas designaciones de Macri en su último mes de mandato o para las graciosas cesiones a la CABA, es decir, a lo que apuesta que será un reino amarillo por largos quinquenios.

Sería deseable que cada nueva medida propuesta y a discutir en la Cámara, ya sean reparatorias o novedosas en su contenido, sea precedida de un pequeño prólogo contextualizador de las barrabasadas cuando no canalladas del periodo macrista, y así publicadas. Puesto que el debate difícilmente se produzca (es difícil dialogar con legisladores ausentes al estilo de Vidal o los huidizos ucerros) el debate político se podrá trasladar a los espacios mediáticos de uso, en los que algunos opositores capaces de dar la cara, si los hubiera, intenten allí exponer algún tipo de argumento, o intentos de. No Brandoni, quien probablemente se levantaría indignado. Pero, ¿quién entonces? El diputado Lipovetski sería un sujeto interesante para escudriñar, puesto que es proaborto y «bien pensante», casi de izquierda(!).

A propósito de «Lipo», esto nos debe alertar sobre a quienes enfrenta este nuevo proceso democrático. La derecha en general, y la latinoamericana que nos ocupa en particular, ha mutado en menos de dos décadas y enfrentarla requiere de nuevas reubicaciones importantes. El derechista actual, ojo, ya puede ser de mediana edad, proaborto y a veces hasta use «lenguaje inclusivo», y es probable que en una reunión no lo distinguiríamos de un «uno» normalizado, lo que desde luego hablaría mal de ésas homogeinizaciones sectoriales de alguna zona de la taxonomía urbana por razones superficiales, que puede compartir un atuendo parecido o festejar a Greta Thunberg.

Por ejemplo, es notable observar como en México las fuerzas más reaccionarias y corruptas, han decidido enfrentar al presidente López Obrador exprimiendo al máximo la savia de sus gaffes, como por ejemplo aquella de atribuir los cada vez más frecuentes feminicidios al «neoliberalismo»: muchas mujeres de ése arco llegaron inclusive a colocarse pañuelos verdes y fogonear manifestaciones ya propuestas por el colectivo de mujeres.

En esta nueva derecha «aggiornada» contemporánea ya no se encuentran crucifijos pero, a diferencia de vetustos nacionalistas «fachos», excluyen en Argentina todo discurso que, por lo menos hable de preservar los recursos del país. Lo más curioso es que usan la palabra «fascista» (a facho todavía no llegan) a rolete, destinada a las crispaciones espontáneas (recordar a Brandoni en vuelo de Aerolíneas) o a cualquier manifestación que corte la vía pública, salvo si son emprendidas por «el campo» y suelen mencionar a «la Dictadura argentina», pero con el número de desaparecidos adecuado. Desde luego, la palabra «sindicalista» está prohibida en sus mesas.

Los fachos comunes, cuyo vocero sería un Baby Etchecopar (que debe escandalizar hasta a Patricia Bullrich), son mucho menos dañinos. Nos toca ahora desenmascarar a los farsantes disfrazados.